¿Amar o querer?

 

1 de febrero del 2015

Centro de Cristianismo Práctico

¿Amar o querer?

 

“… pues en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.” (Mateo 22:30) 

Los saduceos, que no creían en la resurrección, se le acercaron a Jesús y le hicieron una pregunta cargada y cito: “—Maestro, Moisés dijo: “Si alguien muere sin hijos, su hermano se casará con su mujer y levantará descendencia a su hermano”. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos: el primero se casó y, como murió sin dejar descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?” (Mateo 22:24-28)

 

Y Jesús responde que: “en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.” (Mateo 22:30)

 

En nuestra condición humana el sexo nos define físicamente; pues las escrituras dicen: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27)

 

En los órganos reproductivos del ser humano se encuentra el poder de la vida generativa; y cuando hablamos de vida generativa estamos hablando de vida con la capacidad de engendrar, procrear y propagar la especie.  Pero también en este centro generativo se asienta la sensación. Y cuando hay una relación o actividad sexual en progreso sentimos su efecto en todo el cuerpo.

En nuestra condición humana, especialmente cuando estamos en plena juventud, tenemos mucho apetito por el disfrute de los placeres carnales y pienso que es en este punto en donde mora “el querer”.

 

Para mí el “querer” opera en el plano de los sentidos. Por ejemplo decimos: “Yo quiero mucho a mi amiga”, o “yo quiero mucho a mi ex-esposo”; nos estamos refiriendo a la impresión que esta relación causa en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Sentimos que la relación es agradable, sentimos cariño.Pero también podemos sentir nostalgia, ausencia y melancolía; por esto es importante entender que todo esto opera en el plano de los sentidos, en el sentimiento. Por eso decimos que el dominio y campo de acción en “el querer” radica en la parte humana y que cuando se agudiza llega hasta el alma. ¿No es así?  En la inmensa mayoría de las ocasiones cuando nuestras relaciones sexuales son motivadas por el mero placer lo que se busca es satisfacción personal, la sensación agradable que se produce en todo nuestro cuerpo. Y normalmente esta sensación es de corta duración.

 

Ahora bien, cuando vemos al ser humano en toda su dimensión es fácil comprender que el sexo aparte de cumplir con una necesidad de procrear y propagar la especie se convierte en una limitación física en el sentido más amplio de la palabra.

Físicamente hablando, eres varón o eres hembra. Pero en espíritu y en verdad somos varón y hembra a la misma vez en el mismo sentido en que Dios es Padre y Madre a la misma vez.

 

Cuando hablamos de Dios como Padre y Madre no nos estamos refiriendo a Dios como una deidad masculina o femenina. Dios como Padre significa que tiene atributos paternales; Dios como Madre significa que tiene atributos maternales.

Y así como tú y yo fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, también tenemos atributos maternales y paternales. Por ejemplo, hay hombres que enviudan siendo jóvenes aun quedando con hijos. Hijos que tienen que criar y educar. A ellos les toca ser padre y madre. Igualmente ocurre con las madres solteras.

 

Y, ¿por qué es importante entender este concepto? Porque entendiendo esto en su justa perspectiva nos ayuda a comprender que no estamos confinados ni definidos por nuestro género físico. En espíritu y en verdad somos mucho más que eso.

Lamentablemente en la sociedad en que vivimos hay muchos prejuicios y preferencia sociales y sexuales. También nuestra percepción puede estar afectada por nuestros propios prejuicios.

 

Por ejemplo muchos hombres están prejuiciados por la manera en que las mujeres guían sus vehículos. Este es un prejuicio basado totalmente en el género de la persona.  Pero es necesario que soltemos todos estos prejuicios y preferencias genéricas si queremos continuar progresando en una consciencia de unidad con Dios.  También este concepto nos ayuda a entender que no somos un conjunto de partes solamente, que somos mucho más que eso. Y esto nos ayuda a enfrentar situaciones en nuestras vidas de una manera más efectiva sin las limitaciones que podrían imponer el género físico.

 

Por ejemplo podemos estar enfrentando una situación en donde se requiera de nosotros que seamos maternales, luego podemos enfrentar otra situación en donde se requiera que seamos paternales.  Y saber esto es de gran ayuda porque te ayuda a entender que tienes todo lo que necesitas ahí mismo donde estás. Si deseas ser paternal, las ideas y atributos que defines o percibes como paternal ya están presentes en tu consciencia. Si deseas ser maternal las ideas y atributos que defines o percibes como paternal ya están presentes en tu consciencia.

 

 Cuando los fariseos escucharon la contestación que Jesús les había dado a los saduceos le preguntaron: —Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley? Jesús les contestó: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma  y con toda tu mente”. (Mateo 22:36-37)  

 

En esta cita bíblica, corazón, alma y mente forman una trinidad, y metafísicamente esto es un llamado a que lo amemos en mente, pensamiento y expresión; que lo amemos como Padre y como Madre que es de cada uno de nosotros.  Tenemos que eliminar la limitación que establece el pensar en Dios solo como Padre con atributos masculinos. Tenemos que amarlo y adorarlo en espíritu y en Verdad.  Y de esta misma manera Jesús nos ordena a que amemos a nuestro prójimo sin ningún tipo de limitaciones de género.

Dios nos creó perfectos y por eso no necesitamos amor de otras personas. Lo que necesitamos es liberar el amor que es en nosotros. Necesitamos tomar la decisión de soltar y dejar que el amor fluya a través de nosotros incondicionalmente.

 

Si en nuestro esfuerzo de amar a otros establecemos condiciones, entonces eso no es amor. El amor es una actividad espiritual un fluir de la substancia que Dios es.  En ti se encuentra todo el amor que existe. Porque la plenitud de Dios vive corporalmente dentro de ti, Esto es, todo lo que Dios es, todo, en toda su totalidad vive dentro de ti. Y si Dios es amor, entonces todo el amor que existe en el Universo también existe en ti, ahí mismo justo donde estás.

 

Tal vez no puedas concebir o asimilar todo lo que estas palabras significan para ti, pero puedes hacer algo más sencillo. Y es dar el primer paso, esto es comienza a amar incondicionalmente, especialmente a esa o esas personas con las cuales tienes contienda y necesitas establecer las paces.  El amor que hay en ti tiene que fluir en una sola dirección, y es de adentro hacia afuera. No te preocupes si eres o no correspondido por el amor que estás expresando. Tu trabajo es amar a tu prójimo incondicionalmente.

En el momento en que te desvíes de este estado de conciencia y comiences a poner condiciones estás entrando nuevamente en el dominio y campo de acción del “querer” esto es, “yo te doy si tú me das.”

 

Vivir la vida desde esta perspectiva nos conduce a muchas frustraciones y desengaños. Todos ustedes saben lo que esto significa porque has pasado por estas experiencias cuando intentaron “querer” en vez de “amar”.  Jesús nos dio un ejemplo de una vida entregada al amor. Nos amó como nunca antes un ser humano ha amado. Nos dejó un legado de amor y nos dejó libres.  Jesucristo nos sigue amando así como nos amó cuando caminó en este mundo y en su amor no habrá jamás ni sombra ni variación.

Tal vez hayas llegado a un punto en tu vida en donde hayas experimentado el “querer” en toda su dimensión; y tal vez también puedes haber experimentado lo que es el amor incondicional en alguna que otra experiencia de tu vida.

 

El querer busca siempre satisfacción personal, esto es se mueve de la circunferencia de nuestra existencia hacia el ego central en cada uno de nosotros.  El amor en cambio, se mueve de nuestro centro espiritual, el Cristo Morador, hacia la circunferencia de nuestra existencia. Tal vez para el novicio en esta actividad de expresión del amor divino, todo esto parezca ser un gran esfuerzo. Pero llegará el momento en que sentirás plena satisfacción amando de adentro hacia afuera. Podemos decir que “amarás amar”.

 

¿Amar o querer? Busca la respuesta dentro de ti.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!