Beneficios del amor incondicional

 

15 de febrero del 2015

Centro de Cristianismo Práctico

Beneficios del amor incondicional

 

“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.”(1Juan 4:7-8)  

 

Todos los años celebramos el 14 de febrero regalando chocolates, peluches con un corazón rojo que dice “te amo”, bizcochos en forma de corazón, arreglos de rosas y todo lo que se pueda envolver en un papel rojo con un corazón.  Ciertamente es una expresión de amor, cariño y afecto por esos seres que están muy cerca de nosotros y que de alguna forma u otra son parte de nuestras vidas.

Piensen en el amor de una madre por sus hijos; del seno de la madre se engendra la nueva vida, que cuando se da a luz sale al mundo una nueva criatura. Mientras estuvo en la matriz, la madre alimentó a esa criatura y el elemento del amor estuvo sosteniendo todo ese proceso.

 

Por regla general el amor de una madre por sus hijos es incondicional. Por eso dicen que después del amor de Dios ese es el amor más puro. Ciertamente en muchas ocasiones es sufrido, pero es perdonador, es generoso, siempre está dispuesto a dar.  Hay mucha divinidad en nuestra humanidad, y ciertamente la inmensa mayoría de nosotros no puede decir con certeza donde termina nuestra humanidad y dónde comienza nuestra divinidad. Pues este cuerpo humano encierra lo divino que hay en nosotros, ese esplendor aprisionado, la luz que alumbra al mundo.

 

Y así como hay mucha divinidad en nuestra humanidad también hay mucho egoísmo en los seres humanos. Y erróneamente pensamos que todo lo que amemos debemos de poseerlo para que de una manera u otra nos sirva a nuestros intereses personales.

Esto nos lleva a competir por el “amor” de alguien, a desear la mujer de otro, a querer controlar la vida de la persona que “amamos”, y lamentablemente encontramos que las causas en la violencia intrafamiliar son el deseo de poseer y de controlar la vida de nuestros “seres queridos”.

 

La frase célebre de Gibran, “si amas a alguien déjalo libre, si regresa siempre será tuyo, sino nunca lo fue” es una gran verdad, pues así es el amor de Dios que siempre es sin condiciones. Pues Dios nos ha dado espíritu de libertad; de ser como queramos ser, pensar como queramos pensar y de actuar como queramos actuar; pero siempre nos ama con amor eterno.

 

Y así debes amar a tus seres queridos, incondicionalmente, pero dentro del marco de la libertad. Permitiendo que se desarrollen y sean lo que deseen ser; dejándolos que piensen por sí mismos, sin imponer tus criterios, permitiendo que actúen por sí mismos de la mejor manera que ellos puedan actuar.

 

Procura ofrecer un sabio consejo cuando te lo soliciten pero siempre deja un espacio para que ellos se sientan en libertad.

De modo que uno de los beneficios del amor incondicional es la libertad.  El segundo de los beneficios del amor incondicional es la lealtad. Cuando amas incondicionalmente eres leal a ti mismo y a la persona que amas. Ese amor que estás expresando es verdadero, lo sientes verdaderamente, no hay engaño, ni mentira, ni traición.

 

 Piensa por un momento en el amor de Dios. ¿Es el amor de Dios leal? Creemos que es así. No creemos que Dios es un ser caprichoso en donde hoy te ama porque te has portado bien y mañana te odia porque te portaste mal.  Si la naturaleza de Dios fuese así tendríamos entonces un dios que necesitaría aprender una lección de amor incondicional de las madres del mundo, de las que tenemos aquí en nuestra comunidad espiritual o de cualquier otra madre que haya amado verdaderamente a sus hijos.

Sin embargo, sabemos que Dios no es un Dios de capricho y que su amor por nosotros es eterno, inmutable, incambiable, siempre el mismo.

 

Otro de los beneficios del amor incondicional es la honestidad. El amor de Dios es incondicional y es honesto. Una cosa vienen con la otra. A medida que aprendemos a amar incondicionalmente amamos honestamente. Y nuestras relaciones son honestas con los demás.  El apóstol Pablo nos exhorta a que “andemos como de día honestamente...” (Romanos 13:13) La honestidad no da cabida a la mentira ni el engaño; y este es un principio a seguir en nuestras relaciones interpersonales y en nuestra relación con Dios.

Otro de los beneficios que obtenemos del amor divino es pureza en mente y en nuestras acciones.

 

Uno de los Diez Mandamientos dice: “No cometerás adulterio”, y Jesús dice: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón.” (Mateo 5:27)  Pienso que tal vez cuando Jesús pronunció estas palabras estaba pensando más en la conducta de los hombres, porque de alguna manera son más propensos a caer en este tipo de tentaciones.

Pero no es menos cierto que tenemos casos de mujeres adúlteras, de modo que el adulterio es una condición que aplica tanto al hombre como a la mujer.

 

Pienso que en nuestro desenvolvimiento espiritual es importante que trabajemos con la idea de pureza que es una de las características del amor incondicional. Para esto tenemos que aprender a ver las cosas correctamente; como lo que realmente son y no como lo que aparenta ser.  Los hombres tenemos que comenzar a ver las mujeres como lo que realmente son, una expresión del amor divino y no un objeto sexual para la satisfacción de nuestros apetitos carnales. Igualmente las mujeres a los hombres.

 Esta es una dura lección pues Jesús conociendo estas cosas dijo: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:41)

 

Y pienso que a medida que vemos las cosas correctamente podemos amar incondicionalmente sin acepción de personas fortaleciendo cada vez más el espíritu; viendo las cosas como realmente son, esto es, desde una perspectiva espiritual y no carnal.

Esto hace que nuestros pensamientos sean más puros y a medida que purificamos nuestros pensamientos purificamos todo nuestro cuerpo. “Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz.” (Mateo 6:22)

 

 Otro de los beneficios del amor incondicional es que es impersonal. Y cuando hablo de impersonal hablo en el sentido de que no toma las cosas de manera personal, no se ofende ni se indigna, ni se enoja, ni se irrita.  El amor divino siendo impersonal “ama simplemente por amar. No está interesado en qué o a quién ama, ni en que lo amen a cambio. Es como un sol central irradiando su energía en todas direcciones por igual.

 

Podrás amar sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen. Dirás lo que tengas que decir y podrás mantenerte tranquilo y en paz contigo mismo. “Mi paz os dejo, mi paz os doy” fueron las palabras del Maestro a todos y cada uno de nosotros.   Si pronuncias estas palabras del Maestro con el sentimiento correcto, sentirás una paz fluyendo de adentro hacia afuera impregnándolo todo con el toque leve del amor divino.  

 

Te invito a que uses esta afirmación diariamente: Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Úsala tantas veces sea necesario y sentirás como un fuente de paz y de amor divino emana desde las profundidades de tu ser.  Podrá sonar como una paradoja lo que te voy a decir: —comienza a practicar el amor impersonal desde tu propia persona. ¿Cómo? Conectándote con el objeto de tu amor de Cristo a Cristo.

Otro de los beneficios del amor incondicional es que es fuente proveedora de salud y bienestar espiritual.

 

El remedio universal para sanar todo malestar en la mente, cuerpo y asuntos es el amor divino.  “El amor divino te traerá lo tuyo, aclarará todo malentendido, y hará tu vida y asuntos saludables, felices, armoniosos, y libres.” (LPR p. 12)   Y por último y no menos importante el amor divino aumentará tu capacidad de servir al prójimo. Y visto desde esta perspectiva espiritual servir a los demás es prácticamente lo mismo que amar a los demás. Entonces, te pregunto: ¿Estás dispuesto a desarrollar en ti el amor incondicional?

 

Les voy a dar un ejemplo de vida. Antes de comenzar este ministerio, mi esposa y yo hablábamos mucho acerca de servirle a Dios. En nuestros ratos de ocio o cuando compartíamos las vivencias del día antes de acostarnos el tema surgía casi automáticamente.  

El haber comenzado este ministerio es prueba de que estábamos decididos a servir a Dios, y desde entonces le hemos servido, sirviéndoles con amor incondicional a cada uno de ustedes aceptándolos como son sin hacer acepción de personas.

 

Buscamos ver el bien con ojos buenos de una manera sana y pura; siendo honestos en nuestro trato con todos y cada uno de ustedes. Como consecuencia de esto hemos vivido una vida más significativa, de salud y bienestar espiritual.

 

Te invito a que hagas lo mismo, pues esta es una manera práctica de expresar y beneficiarte del amor incondicional.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!