De la depresión a la expresión

 

2 de agosto del 2015

Centro de Cristianismo Práctico

De la depresión a la expresión

 

“Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. (Filipenses 4: 6)        

 

La palabra angustia significa aflicción, que es sinónimo de tristeza, dolor y sufrimiento.

Cuando estamos pasando por una tristeza profunda producto de algún reto que estamos pasando, o experiencia desafortunada entramos en el síndrome de la depresión.

 

La palabra depresión viene de la palabra deprimir que significa “humillar, rebajar, negar las buenas cualidades de alguien o de algo” pero también significa disminuir el volumen de un cuerpo por medio de la presión.” (DRAE)

Por ejemplo, es normal que cuando hay una pérdida de un ser querido nos sintamos deprimidos por algún tiempo. También cuando experimentamos una gran desilusión, o se nos diagnostica una enfermedad terminal. O somos víctimas de abuso físico o emocional.

 

Cuando estamos deprimidos sentimos muchas veces una presión psicológica producto de condiciones de inarmonía, desorden y de negatividad en nuestro entorno, y nos sentirnos muy indefensos ante el mundo que nos rodea.

 

Podemos sentirnos incapaces, humillados, con baja autoestima, no valorando lo que realmente somos. Y hasta podrías llegar a preguntarte en medio de la depresión;  ¿quién soy yo? Y la respuesta es simple porque independientemente de lo que puedas pensar la Verdad es una. Y la Verdad es que eres un triunfo de perfección espiritual desenvolviendo tu propia experiencia humana.

 

Y el éxito de tu experiencia humana depende en gran medida de cómo interaccionas con el reino externo y de los mecanismos que usas para interactuar con tu entorno.

 

El mecanismo de defensa más comúnmente usado cuando estamos deprimidos es encerrarnos en nosotros mismos (enconcharnos).

 

Cuando esto ocurre se altera nuestra capacidad de percepción que es el mecanismo por medio de la cual percibimos el mundo a nuestro alrededor.

 

Esto trae como resultado una presión psicológica y física en nosotros como producto de sentirnos rodeado de un entorno amenazante. Y al mantenernos centrados en la experiencia desafortunada comenzamos a sentir que el tiempo transcurre más lentamente. Los días se hacen más largos y las noches en vela, interminables.

El pensamiento se fija en el evento traumático y evoluciona manteniendo como base la experiencia traumática. Y estos pensamientos van adquiriendo poder en nosotros hasta que comenzamos a sentir su efecto nocivo en nuestro cuerpo.

 

Por ejemplo comienzan los desórdenes hormonales produciendo cambios repentinos en nuestra conducta, y todo esto trae como consecuencia un estado de desequilibrio que cierra el fluir de la sustancia divina que son las ideas divinas.

 

En fin cuando estamos deprimidos no solo se afecta la sensación sino que también se afectan todas las otras funciones de la conciencia: el pensamiento, el sentimiento, y la intuición.

 

 Entonces, ¿qué podemos hacer? El apóstol Pablo nos da la respuesta: “Por nada estés [deprimido] sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. (Filipenses 4: 6)         

Entonces el primer gran paso para salir de la depresión es reconocer la Presencia de Dios en tu vida y especialmente en esa situación desafortunada que estás pasando.

 

Luego, entonces, puedes comenzar a reconocer el poder que Dios tiene sobre todas las cosas.

 

Puedes afirmar con autoridad:

 

  • “El poder de Dios transforma y disuelve esta situación o condición.”

  • “Yo tengo fortaleza en el Señor”. Yo soy fuerte, fuerte, fuerte en el Señor”.

  • “Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador...” (2 Samuel 22:2)

  • Con voz potente declara: El Espíritu de Dios, expresándose a través de mí; es poder de lo alto para vencer cualquier condición de depresión.

  • Me regocijo en el Señor y siento gozo, alegría y entusiasmo por la vida.

  • “No hay condición externa que tenga poder sobre mí. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”   

  • “El Padre que mora en mí, es el que hace las obras.”

  •  

En el momento que empiezas a reconocer la Presencia de Dios en tu vida y en la situación, mentalmente abres la válvula para que comience el fluir nuevamente de la sustancia divina que es sanación y provisión abundante para toda necesidad.

 

Por medio de tus afirmaciones positivas de la verdad le das impulso y velocidad al fluir de ideas divinas para impregnar todo tu ser del poder que tiene el pensamiento positivo.

 

 Y a medida que las ideas continúan fluyendo rápidamente el caudal aumenta y cuando el caudal aumenta el volumen aumenta y a medida que el volumen aumenta la presión aumenta y cuando la presión aumenta comienza la expresión; esto es, comenzamos a presionar o a empujar de adentro hacia afuera con todo el poder del pensamiento positivo y el poder espiritual que tenemos potencialmente dentro de cada uno de nosotros.

 

El poder se libera, nos llenamos de entusiasmo, estamos dispuestos, actuamos con fe, ponemos a Dios delante de nosotros y continuamos nuestra trayectoria utilizando y siguiendo nuestra intuición.

 

Y esta es la dinámica espiritual que debemos aplicar para salir de la depresión. 

De modo que cuando la presión viene de afuera causándonos depresión podemos contrarrestarla con afirmaciones de la Verdad para producir expresión.

 

Y así como te mueves de la depresión a la expresión, te puedes mover de la tristeza al gozo, de la enfermedad a la salud, de la pobreza a la riqueza, de la apatía a la simpatía, del odio al amor.

 

Cuando estamos deprimidos estamos en el error (pecado) porque no hemos reconocido que Dios mora en cada uno de nosotros. De modo que cuando vamos de la depresión a la expresión vamos del error a la verdad. Y fue Jesús quien dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32)

 

¿Por qué libres? Por cuando estamos en el error estamos en cautiverio, víctima de la mentira.

Pero cuando entramos en el reconocimiento de que dentro de nosotros mora la plenitud de la Divinidad corporalmente, entramos en la Verdad y cuando la reconocemos somos capaces de expresarla.

 

 “Mas tú Jehová, eres escudo alrededor de mí; [eres] mi gloria, y el que levanta mi cabeza.”  (Salmos 3:3)

No importa la condición en la que te encuentres todo lo que necesitas es confiar en Dios y Dios te levantará.

Ten fe en Dios, “Por nada estés [deprimido] sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias.”

 

Preséntale a Dios tu situación y pídele que te revele la Verdad y el bien oculto. Si tienes que pedírselo en voz alta, pídeselo sin titubear, con fe de que recibirás la respuesta que andas buscando.  Recuerda que todas tus peticiones son contestadas aunque no te guste la contestación. Independientemente de que te guste o no, sabrás que siempre es lo mejor para ti y para todos los involucrados.

 

Entonces, para ir de la depresión a la expresión, tienes que darle paso al fluir de la sustancia divina a través de ti. Fluyendo siempre de adentro hacia afuera, del centro a la circunferencia.

 

De modo que si estás deprimido, haz conocer tu petición delante de Dios, reconoce la presencia de Dios en todo, luego comienza a hacer tus afirmaciones, se abre la llave de paso, comienza el fluir de la substancia sanadora y todo proveedora. El fluir trae aumento en el caudal y el volumen aumenta. Se satura la conciencia, aumenta la presión y comienza la expresión.  

 

El poder de Dios va delante de ti haciendo la labor sanadora y prosperadora. Entonces con una actitud de gratitud puedes dar gracias a Dios en la seguridad de que has hecho la parte que te corresponde y Dios hará el resto.   

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces, Amén.