El Amor, Fuente de Provisión

 

 

25 de mayo del 2014

Centro de Cristianismo Práctico

El amor, Fuente de Provisión

Por Reverendo Roberto Sánchez

 

 

“… os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros.” (Juan 15:16-17)

 

Cuando Jesús dijo estas palabras había exhortado a sus discípulos a que se amaran unos a otros como Él los había amado.  

 

También Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13)

 

El Universo entero se sostiene por el amor de Dios. Dios ha creado al hombre por amor, “varón y hembra los creó” para que juntos fueran una sola carne y fuesen coparticipes en la continuación del proceso creativo.

 

La familia humana no puede destruirse porque es una creación de Dios, pero eventualmente se irá transformando para cumplir con los propósitos divinos de nuestro Padre-Madre Dios.

 

Una de las grandes interrogantes de este mundo es: ¿Cómo si Dios creo al mundo y lo vio “bueno en gran manera” existe tanta pobreza y carencia de provisión?

 

Sencillamente porque no hemos seguido el mandamiento que Jesús nos legó: “Que os améis unos a otros.” Hemos sido egoístas, y nos hemos olvidado de amarnos los unos a los otros, al punto de no importarnos el bienestar de los demás.

 

Y si llevamos esto al seno de la familia, el aumento en la violencia familiar que estamos viviendo es testigo de la falta de amor que hay en los hogares.

 

Tal vez pienses, “pero este no es mi caso, en mi familia todos nos amamos y estamos unidos”; y eso está muy bien. Pero Dios es vida y la naturaleza de la vida es el desarrollo y trae consigo el crecimiento y el aumento.

 

Y como Dios es amor, el amor tiene que crecer. Entonces, ¿estás creciendo el amor al prójimo, más allá del núcleo familiar? No le pongas límites al fluir del amor divino a través de ti.

 

En el centro de la Creación está latiendo el amor de Dios. Asimismo en el centro del hogar debe latir también el amor divino. En el hogar, la mujer es símbolo del amor divino, y es responsable de traer la vida divina a manifestación. El hombre, cuya naturaleza divina es igual al de la mujer es atraído por el amor. Y en este proceso responde encargándose de proveer a su familia.

 

Por esta razón decimos que el amor es fuente de provisión. Así fue en el principio; pero los tiempos han cambiado y los roles dentro de la familia también.

 

Hoy día por razones estrictamente económicas la mayoría de las mujeres tiene que trabajar fuera del hogar y junto al hombre traer la provisión al hogar. Cada día crece el número de mujeres que van a la Universidad a prepararse profesionalmente. De esta manera se cualifican profesionalmente para ganarse un salario justo.

 

Y ciertamente el rol que desempeña la mujer en la sociedad ha cambiado grandemente desde los tiempos de la Creación.

 

Pero algo que no ha cambiado y que nunca cambiará es el rol de ser madre y la responsabilidad que esto conlleva. Todavía existe en la mayoría de las mujeres ese deseo de ser madres y de tener su propia familia.

 

Recientemente estuve conversando con una madre joven de dos hijos. Esta mujer es una profesional y al igual que su marido trabaja para llevar la provisión a su hogar.

 

Me dijo: “Yo me siento tan agradecida de que mi marido quiera a mis hijos tanto como yo los quiero”.

 

Yo le expliqué que aunque la vida se genera por la unión de ambos, la participación mayor en el proceso de generar la vida y traerla a manifestación lo tiene la mujer. La participación del hombre es dar apoyo emocional durante ese proceso de gestación.

 

Pero para la mujer la vida se siente que nace en ella, se desarrolla y brota al exterior de ella. Es un proceso creativo que se mueve desde el centro a la circunferencia y luego al exterior. Esto solo lo viven las mujeres.

 

Y las mujeres, muchas de ellas, piensan que sus hijos son una extensión de lo que son ellas, y el amor que una madre siente por sus hijos surge de la experiencia y de la vivencia de ese proceso dador de vida que se lleva a cabo en ella. Por eso es un amor único.

 

Hoy celebramos el día de la Madres en este país. Y honor debemos hacer a quien honor merece, a todas nuestras madres.

 

A las madres les digo disciplinen a sus hijos con amor pero con firmeza; sean flexibles cuando sea para el bien de todos los miembros de la familia, y respeten a sus hijos para que sean respetadas por ellos.

 

Eviten a toda costa usar la violencia física para establecer disciplina. La violencia trae más violencia y es indicador de nuestra incapacidad para comunicarnos efectivamente.

 

Unidas a sus maridos, tomen decisiones por consenso, y si no pueden llegar a un acuerdo vayan juntos en oración por la guía y la instrucción de Dios.

 

Una familia que ora unida, es una familia que permanece unida. Mujeres y madres, no se olviden de sus maridos y nunca los pongan en segundo lugar. Esto es poner la cabeza de nuestro cuerpo en un lugar inferior al que le corresponde.

 

Hijos, honren a su madre para que te vaya bien con ella, “para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.” (Deuteronomio 5:6)

 

A los maridos, que nunca se separen de su mujer, que mantengan buena comunicación y que cada cual tenga la oportunidad de decirle al otro lo que espera de éste. Maridos, amen cada día más a sus esposas.

 

Estén dispuestos a reconciliar sus diferencias el mismo día. Todo es posible si existe el deseo de hacerlo. Y recuerden que muchas veces “perdiendo” se gana.

 

Cuando una de las partes “se levanta en tribuna” y comienza a pelear o discutir, el otro se calla y escucha. Después que la marea baje discutan sus diferencias y lleguen a un acuerdo. Esta es la clave del éxito en el matrimonio.  

 

Y en cuanto a la higiene en el hogar, lo mejor que puedo decirles es que mantengan la higiene mental. Esto es pensamientos limpios con respecto a cada uno de los que componen el núcleo familiar. Las madres tienen un rol protagónico en esto de la higiene.

 

 A ellas junto a sus maridos les toca establecer las reglas de higiene en el hogar. Y cada miembro de la familia le toca aportar a la higiene del hogar en general, cada cual en forma particular.

 

A ti madre que me escuchas, educa a sus hijos en los valores cristianos y en el arte del buen vivir, esto es, separa en tu ocupada agenda de trabajo espacios de tiempo que sean lo suficientemente amplios para leer algún versículo de la Biblia, orar juntos y compartir sanamente con los miembros de tu familia.

 

Esto es verdaderamente disfrutar del arte del buen vivir en compañía; compartiendo en amor, amistad y verdad.

 

Reúne periódicamente a tus hijos para establecer metas comunes para la familia. Ocúpate de que cada cual asuma un rol en el establecimiento del orden en el hogar, recuerda que el Orden es la primera ley del Universo.

 

No quieras hacerlo todo, terminarás agobiada, angustiada, cansada, y llena de rencores por la poca participación de los demás miembros de tu familia.

 

Haz de tu familia un equipo con unidad de propósito para lograr las metas comunes del hogar, has de ellos un equipo ganador. 

 

Permite querida madre, que el esplendor aprisionado en cada uno de los miembros de tu familia pueda salir y brillar como un sol central. Entonces tu hogar estará lleno de luz.

 

Sobre todo tenemos el llamado de Jesús, de amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

 

Dios crea en lo ideal y al hombre le toca moldear y manifestar eso que Dios ha creado. Ciertamente el amor de Dios ha provisto para toda necesidad del ser humano. Observa como la madre naturaleza nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir y mantener una buena salud.

 

Podemos nutrirnos de todo lo que Dios nos ofrece usando la sabiduría y el amor. Esa es la manera correcta y la forma en que hemos de desenvolver la provisión que Dios nos da día a día.

 

El hombre que representa la sabiduría unido a la mujer que representa el amor, juntos habrán de desenvolver la provisión que Dios nos da, esto es comer del “pan nuestro de cada día”.

 

Si sigues estas directrices te aseguro que tú y todos tus seres queridos se convertirán en un gran recipiente donde Dios pueda verter Su gran amor que fluirá en corrientes torrenciales proveyendo abundantemente para todas tus necesidades.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!