El secreto del entusiasmo

 

1 de junio del 2014

Centro de Cristianismo Práctico

El Secreto del Entusiasmo

Por Rev. Roberto Sánchez

 

“Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: «No temas, sino habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad»”. (Hechos 18:9)

 

Cuando el apóstol Pablo escuchó estas palabras estaba en Corinto, realizando su segundo viaje misionero por el mundo antiguo.  

Jesús se le reveló a Pablo esa noche alentándolo a que continuara su predicación porque tenía mucho pueblo en esa ciudad. Las escrituras dicen que Pablo permaneció en Corinto “un año y seis meses”. (Hechos 18:11)

 

La figura de Pablo es interesante pues siempre lo vemos activo identificado con alguna causa. A principio lo vimos identificado con el Sanedrín persiguiendo a los cristianos, y luego de su conversión leemos que “enseguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios.” (Hechos 9:20)

 

Antes de su conversión Saulo era animado por el orden religioso, la Ley que Moisé s le dio al pueblo judío. El deseaba que se cumpliera la Ley al pie de la letra. Esto es, un cumplimiento intelectual y legalista de la Ley.

 

Pero él mismo, luego de su conversión, en su segunda carta a los Corintios les dijo que Dios lo había capacitado “para ser ministro de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu, porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2 Corintios 3:6)

 

Y ciertamente para que nuestro entusiasmo permanezca y sea perdurable debemos estar animados por el Espíritu, pues es el Espíritu de Dios en ti y en mí quien nos anima verdaderamente.

 

La conversión de Pablo es un ejemplo de esta gran verdad; la inspiración que recibió de la letra fue pasajera, pero la inspiración que recibió del Espíritu de Dios fue eterna.

 

Entonces uno de los secretos del entusiasmo es permitir que solo te inspire el Espíritu de Dios que mora en ti. Pablo murió por Cristo y ninguno de los apóstoles que vinieron antes que él trabajó más que él en la predicación del evangelio.

Existe una historia interesante que acerca del origen de la palabra entusiasmo.

 

“La palabra entusiasmo procede del griego enthousiasmós, que viene a significar etimológicamente algo así como ‘rapto divino’ o ‘posesión divina’.

 

En efecto, el sustantivo griego está formado sobre la preposición en y el sustantivo theós ‘dios’. [Esto es, en Dios, y pienso que una nueva definición basada en estas raíces podría ser,  en Dios estamos.]

 

La idea que hay detrás es que cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo es un dios el que entra en nosotros y se sirve de nuestra persona para manifestarse, como les ocurría —creían los griegos— a los poetas, los profetas y los enamorados.

 

Todos ellos estaban poseídos por la divinidad y por ello merecían respeto y admiración, pues llegaban a alturas que no podían ni siquiera vislumbrar las gentes de a pie, por no decir pedestres.” (http://blog.lengua-e.com/2011/etimologia-de-entusiasmo/)

Jesús comenzó Su ministerio muy entusiasta y Su dedicación por completo a Su ministerio es prueba fehaciente de que el mantuvo su inspiración en Dios.

 

Jesús hablando de la Ley nos dijo: No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir.” (Mateo 5:17) Jesús nos dio una nueva y mayor interpretación de la Ley o de la letra; interpretación que fue inspirada por Dios.

 

Pablo dice que: “… aparte de la Ley se ha manifestado la justicia de Dios” (Romanos 3:21) y la justicia es por medio de la fe. La justicia de Dios siempre es el bien para ti, y el cumplimiento de Su divina voluntad.

 

Jesús al igual que Pablo se mantuvieron entusiastas predicando el evangelio y fueron justificados no tanto por la letra sino por la fe. De modo que el secreto del entusiasmo es mantener la fe en Dios. Entonces para que perdure nuestro ánimo interior tenemos que mantener la fe en Dios a pesar de todo lo que dicten las apariencias.

 

Tanto Jesús, como Pablo y los apóstoles enfrentaron grandes peligros, incluyendo la muerte pero pudieron mantenerse entusiastas y siguieron adelante porque no solo mantuvieron la fe en Dios sino que también se mantuvieron obedientes al llamado de Dios.

 

Todos hemos sentido alguna vez el llamado de Dios, algunos lo hemos ignorado, otros lo han intentado pero rápidamente lo han abandonado por presiones externas; pero otros sintiendo la inspiración de Dios han sido obedientes y con fe y entusiasmo han respondido al llamado de Dios.

 

El secreto del entusiasmo es entregarse totalmente al querer y el hacer que produce Dios en cada uno de nosotros. Los grandes personajes de la historia de la humanidad que han respondido al llamado de Dios se han distinguido por su incansable labor y entusiasmo en favor y en servicio de la humanidad. Tenemos a Jesucristo, Ghandi, el Papa Juan Pablo II, Nelson Mandela, el Presidente Lincoln, Walt Disney, Martin Luther King, y otros más.

 

Todos estos fueron gigantes de la historia que entregaron sus vidas a grandes ideales, ideales que solo Dios pudo haber puesto en el corazón de cada uno de ellos.

 

Otro de los secretos del entusiasmo es mantenerse en una actitud positiva ante la vida. Todos sabemos que una actitud positiva no solo nos acerca más a Dios sino que nos ayuda a tener éxito en todo lo que emprendemos.

 

En el mundo mercantil los vendedores más exitosos son los más  entusiastas y los más entusiastas son los que mantienen una actitud positiva, siempre dispuestos a servir a los demás.  

 

Estos vendedores conocen bien sus productos y están enamorados de lo que hacen. Muchos piensan en los beneficios que sus productos traen a las personas que los consumen y piensan a menudo que están de alguna manera aportando al bienestar de la sociedad.

 

Si sientes que la vida no tiene sentido para ti, si sientes desánimo, pesadumbre, apatía, o decepción busca algo que te entusiasme. Puede ser un pasatiempo, lo que sea y dedícale tiempo a esta actividad. Si es posible consigue personas con las que puedas compartir esta actividad y verás que todo comienza a cambiar en tu vida.

 

Hablemos de la esperanza “porque con esperanza debe arar el que ara y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.” (1 Corintios 9:10) 

 

Tal vez no puedas ver el fruto de algo que estás haciendo con entusiasmo. Pero nunca dejes de hacer por razones externas. Porque lo importante es mantener la esperanza viva, sabiendo que todo lo que hacemos con gozo y entusiasmo eventualmente dará mucho fruto; por eso no desmalles ni te desanimes, sigue adelante abierto y receptivo a la instrucción y la guía de Dios. De modo que otro de los secretos del entusiasmo es mantener viva la esperanza.

 

En la clase de prosperidad que estamos impartiendo los jueves, hemos leído que Fillmore nos dice que cuando ponemos el amor, la sabiduría y la fe a trabajar juntos grandes milagros ocurren en nuestras vidas. ¡Imagínense que ocurrirá si a estos le añadimos el entusiasmo!

 

El entusiasmo nos anima a la acción pero unido al amor, la sabiduría y la fe producirá resultados extraordinarios. Estos cuatro ingredientes son indispensables para que cualquier idea logre alcanzar el éxito.

 

Sin temor a equivocarme puedo afirmar que el verdadero entusiasmo es la energía de Dios fluyendo a través de cada uno de nosotros.

 

A medida que nos entusiasmamos por las cosas espirituales somos inspirados en mayor grado por el Espíritu de Dios. Una gran idea es que vayas cultivando el gusto por las cosas espirituales. Procura consumir la leche espiritual de la cual habla Pedro para que por medio de ella te purifiques y vayas preparando tu camino para tu propia salvación.

 

Entonces el secreto del entusiasmo es:

  • Receptividad a la inspiración espiritual

  • Mantener tu fe en Dios

  • Entregarte totalmente al querer y al hacer de Dios en ti

  • Mantener una actitud positiva ante la vida

  • Mantener viva la esperanza

  • Dar a luz al Cristo que mora en ti.

 

Cuando te levantes por la mañana afirma con convicción: En este nuevo día con gozo y entusiasmo llevo a cabo las tareas que tengo delante de mí.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces. ¡Amén!

 

 

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