La Clave de la Salud

 

3 de mayo del 2015

Centro de Cristianismo Práctico

La Clave de la Salud

 

Por Rev. Roberto Sánchez

 

“Cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu impuro, diciéndole: —Espíritu mudo y sordo, yo te mando que salgas de él y no entres más en él. Entonces el espíritu,… salió; y… sus discípulos le preguntaron aparte —¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?  Y les dijo: —Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.” (Marcos 9:25-29)

      

El tema de la salud es uno que nos toca a todos nosotros. La salud por definición es: el estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones. (DRAE)

 

En cuanto a ti y a mí se refiere sabemos que la salud tiene primordialmente su dominio y campo de acción en la mente y en el cuerpo.

 

Aunque también podemos hablar de salud en nuestro medioambiente, circunstancias y experiencias vividas.

El Maestro Jesús llevó a cabo muchos milagros o demostraciones de sanación. Tanto en los tiempos de Jesús como en los tiempos actuales existen muchas personas que padecen problemas de salud y es necesario atender estos problemas para poder disfrutar de una mente y un cuerpo saludable.

 

Noten que las demostraciones de sanación que Jesús llevó a cabo tuvieron un rol importantísimo en Su ministerio. Su ministerio no hubiese estado completo sin demostraciones de sanaciones.

 

Y observen también que en los Evangelios no encontramos evidencia de que Jesús haya sufrido de algún tipo de enfermedad. Para todos los efectos prácticos tanto la mente como el cuerpo de Jesús fueron sanos, puros y perfectos.

De modo que hoy hablaremos de las causas de las enfermedades y los pasos que debemos dar para poder expresar un cuerpo y una mente saludables.

 

Después de todo, cada uno de nosotros desea vivir una vida saludable y próspera. ¿No es así? Hay muchos por ahí que dicen que lo primero y más importante es la salud y que todo lo demás viene por añadidura.  Y aunque en Espíritu y en Verdad Dios es lo primero y debe ser lo primero para ti y para mí, sabemos que la salud juega un papel importante en el desempeño de nuestras vidas y en las experiencias que vivimos.  Primeramente los problemas de salud tienen su origen en estados mentales erróneos. Pensamientos de error producen sentimientos y emociones erróneas; y condiciones erróneas en el cuerpo; “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Proverbios 23:7)

 

Hay una pregunta muy importante que quiero hacerte en este momento: ¿cómo te concibes a ti mismo? Esto es; ¿cómo te ves a ti mismo, cómo te describirías? Cuando piensas acerca de ti, ¿te has descrito alguna vez con pensamientos o palabras tales como “yo soy diabético, o yo soy asmático, hipertenso”? O ¿has usado algún otro adjetivo para describirte como un producto de alguna condición enfermiza?

 

¿Qué es la enfermedad? Verdaderamente encontramos que en todo tipo de enfermedad se manifiesta consciente o inconscientemente una condición de inarmonía en mente y cuerpo causada por el pensamiento erróneo; y encontramos que la ignorancia es la causa de toda enfermedad. (LPR p. 80)

 

Pero, ¿ignorancia de qué? Ignorancia de nuestra verdadera naturaleza espiritual. Porque en el espíritu no existe la enfermedad, la vida se manifiesta en su pureza prístina, en su pureza original. El espíritu expresa vida plena o sea en su totalidad.  Esta verdad es demostrable porque sabemos que el espíritu nunca se enferma. Lo que se enferma es el alma, el cuerpo, y todo lo que entra en contacto con estos dos.  Vemos que esto es una realidad en personas que tienen una concepción errónea de sí mismas. Lo vemos también reflejado en personas que sufren de una baja autoestima. Estas últimas tienden a ser personas negativas y sufren a menudo de depresiones, angustia y tristeza.  

 

Todos sabemos que, condiciones de inarmonía y desequilibrio en la mente, tienen efectos directos en nuestro cuerpo, en nuestras vidas y en nuestro entorno.  Sin embargo, podrías estar pensando: “pero yo sufro de asma desde que tengo conocimiento de mí mismo” o “tengo taquicardia desde hace veinte años” o “desde joven sufro de la tiroides”. Y podrías añadir: “he ido a todos los médicos y ninguno ha dado con la causa de mi malestar.” Y tienes razón, así es.  Has hecho todo lo que humanamente puedes hacer sin resultado alguno. Pero también estás consciente de que en algunas ocasiones o tal vez en muchas ocasiones no has sido disciplinado en el uso de los medicamentos que los doctores te han recetado.

 

Y si en esto te ha faltado disciplina y determinación ¿qué podemos decir entonces del trabajo interno que tienes que hacer para ir a la causa del problema y corregirlo de una vez por todas?  Vayamos al grano de una vez. ¿Qué has hecho con tu enojo, qué has hecho con tus miedos, qué has hecho con tus adicciones, qué has hecho con tus vicios, o qué has hecho con tus apetitos desordenados de los deleites carnales?  ¿Qué has hecho con tu intransigencia, qué has hecho con tu intolerancia, o con tu indiferencia, o inflexibilidad, o con tu orgullo, avaricia, o egoísmo? ¿Qué has hecho para resolver tus pleitos con las otras personas? ¿Qué has hecho para resolver tu dependencia de otras personas? ¿Qué has hecho para salir de la condición de cautiverio en que te encuentras actualmente?

 

Viendo las cosas desde esta nueva perspectiva tal vez podrías contestar “en realidad no he hecho nada.” Y estás en lo correcto, porque para esto se requiere disciplina, determinación y fe.

Estos son los demonios que tenemos dentro de cada uno de nosotros que tenemos que sacar. Y el primer paso que tienes que dar es creer que puedes sacar estos demonios que viven dentro de ti así como vivían en el muchacho endemoniado que Jesús sanó.

 

Dicen las Escrituras que cuando Jesús “reprendió al espíritu impuro, diciéndole: —Espíritu mudo y sordo, yo te mando que salgas de él y no entres más en él;… el espíritu, clamando y sacudiéndolo con violencia, salió” del muchacho.

Y los “discípulos le preguntaron aparte: —¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?  Y les dijo: —Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.” (Marcos 9:28-29)

 

Y cuando me refería a los demonios que tenemos dentro de nosotros causándonos condiciones enfermizas en nuestras almas, cuerpos, y circunstancias, no me refería a entidades sobrenaturales malignas habitando dentro de nuestros cuerpos; como suelen pensar la mayoría de las personas cuando leen las Escrituras e intentan interpretarlas literalmente.

¡No! Cuando hablo de demonios me refiero a “estados mentales erróneos que moran dentro de nosotros.” (LPR. p. 62) Esto es, estados mentales que moran tanto en nuestra mente consciente como en la mente subconsciente. A esos que moran en la subconsciencia tenemos que sacarlos con “oración y ayuno.” Estos no son fáciles de sacar.

 

Pero si tienes la disciplina, la determinación y la fe que se requiere; y “—si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23)

 

 A ti, querido amigo, que me estás escuchando en este momento, te digo que la clave de la salud es procurar mantenerte en armonía y en paz. Busca y procura mantener tus emociones balanceadas. Hay verdadero poder detrás de esto.

Pero para lograr este balance tienes que hacer un trabajo de limpieza en tu interior y sacar todo lo que no contribuya a tu armonía y paz mental.

 

Suelta todo lo que no te concierne y decídete a buscar tu propia paz interior. Permite que el amor sanador de Dios fluya a través de ti bendiciendo a toda persona que entra en contacto contigo.

 

Y entonces habrás encontrado la clave de la salud. Afirma diariamente: Yo soy la viva expresión de la radiante vida de Dios que mora en mí.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces. ¡Amén!