Las Riquezas del Espíritu

 

 

11 de mayo del 2014

Centro de Cristianismo Práctico

Las riquezas del Espíritu

Por Rev. Roberto Sánchez

 

 

“Tuyo, Jehová es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el dar grandeza y poder a otros.” (1 Crónicas 29:12)

 

Cuando hablamos de las riquezas del Espíritu estamos refiriéndonos a la abundancia de cualidades o atributos espirituales, abundancia de cosas preciosas y excelentes.

 

Reflexionando acerca de esto pude concluir que a través del recto pensar tenemos acceso a las riquezas del Espíritu. Me vinieron a la mente siete riquezas espirituales. Estas son: integridad, unidad con Dios, salud perfecta, la felicidad, el amor, la generosidad, el servicio al prójimo, abundante provisión diariamente.

 

Cualquiera que pueda tener estas riquezas sin lugar a dudas disfruta de una alta calidad de vida. ¿No es así?

 

Una de las cosas más difíciles de comprender es que toda riqueza material proviene de Dios, y que Dios nos da conforme a nuestra fe. Esto, simple y llanamente es difícil de creer, y no nos sorprendamos que personas que se llaman ser religiosas aun no comprendan esta gran verdad.

 

Se dice que todos tenemos fe pero que la expresamos en distintos niveles conforme a nuestro estado de conciencia. Pero como bien he dicho la fe se manifiesta a través del recto pensar.

 

Entonces cuando nuestro pensar es íntegro estamos en posesión de un bien espiritual. ¿Qué queremos decir con esto? Integridad es la capacidad de fusionar lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hablamos, lo que hacemos y lo que vemos en una sola unidad agradable a Dios.

 

Si pensamos una cosa y sentimos otra no hay cohesión en nuestro ser y si no hay cohesión no hay fortaleza. Sin cohesión hay desintegración y la desintegración es muerte.

 

Jesús fue un ser humano íntegro aunque tuvo Sus momentos de flaqueza cuando dijo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46)

 

Pero corrigió esto cuando dijo: “–Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Lucas 23;46) Estas palabras confirmaron nuevamente su integridad y Su unidad con Dios. Por medio de estas palabras pudo fortalecerse para pasar íntegro por Su proceso de transición.

 

Estas palabras dichas con firmeza hacen maravillas. Hace varios años tuve la oportunidad de escuchar lo que le había acontecido a un conocido. Su relato fue el siguiente: Un fin de semana me encontraba taxiando (conchando) con mi carrito. En una esquina monté a una persona, y creo que dos esquinas más adelante monté a dos o tres personas más. Resultaron ser una banda de ladrones que se habían puesto de acuerdo para robarme mi carro.

 

“Me amarraron y me pusieron un pañuelo en los ojos y uno de los malhechores condujo mi vehículo. Mientras conducían discutían entre ellos si me mataban o no. Unos querían matarme y otros no. Finalmente, después de dar muchas vueltas, como no pudieron ponerse de acuerdo con lo que iban a hacer conmigo me bajaron del vehículo y me lanzaron al suelo dejándome abandonado y llevándose el vehículo”.

 

Entonces yo le pregunté: –Y ¿qué pasaba por tu mente mientras discutían si te mataban o no? Contestó: “todo lo que pensé fue: ‘Dios mío mi vida está en tus manos’.” Ciertamente esto es evidencia de que Dios tenía un plan de vida para él.                     

 

Lo que me trae a otra de las riquezas espirituales que es la de unidad con Dios. Cuando nos sentimos en unidad con Dios nos sentimos en íntima asociación con el Padre. Esto es, pensamos y sabemos que Dios está en nosotros en mente, cuerpo y asuntos.

 

Y esto es una gran riqueza espiritual porque nos trae gran paz y seguridad en lo que pensamos, sentimos y expresamos. Y las personas que nos rodean observarán esto en nosotros y también se sentirán seguras a nuestro lado por la acción de la ley de radiación y atracción.

 

Las personas que son seguras de sí mismas tienden a ganar la confianza y la lealtad de aquellos que le rodean. Observa como esta cualidad es una consecuencia de ser íntegro. Las personas que se sienten en unidad con Dios no vacilan ni dudan, siguen caminando “por encima de las aguas.”

 

La vida que Dios nos da es un bien preciado para cada uno de nosotros y su funcionamiento perfecto es lo que produce la salud. Se dice que el regalo que Dios nos da es la vida misma. Y el regalo que le damos a Dios es lo que hacemos con nuestra vida.

 

Pero la perfecta salud como expresión de la vida de Dios fluyendo a través  de cada uno de nosotros, se fundamentan en la armonía y la paz. Si eres de carácter fuerte y explosivo mucho cuidado porque serás propenso a tener problemas de salud. Y todo esto viene como resultado de pensamientos y sentimientos turbulentos.

 

Entonces el remedio es “apacienta mis ovejas” que significa dar alimento espiritual o enriquecer “la vida natural que fluyen en la conciencia del hombre desde el Espíritu [pasando por su alma, cuerpo e impregnando su entorno]. Esta vida es pura inocente y sincera. (LPR p. 166)

 

 Busca enriquecerte con pensamientos y afirmaciones de paz. En el Silencio puedes afirmar: La paz de Dios vive en mí. Esta corta afirmación traerá buenos resultados a tu vida si te mantienes repitiéndola conscientemente.

 

 Uno de los problemas más frecuentes que encuentro en la gente, especialmente en las personas que son ricas materialmente es su incapacidad de alcanzar felicidad.

 

Recuerdo que hace aproximadamente dos décadas conocí a un empresario muy rico con el cual establecí una relación de negocios. Por medio de él conocimos a su hija con la cual también establecimos una buena amistad entre nosotros.

 

Ella conoció a un joven empresario y ambos comenzaron una relación amorosa que un tiempo después decidieron formalizar. Fuimos invitados a su boda y recuerdo que esa misma noche ella se acercó y con cierta ansiedad y duda nos dijo: “lo único que deseo es ser feliz en mi matrimonio”.

 

Lamentablemente su matrimonio fue todo lo contrario, al cabo de unos pocos años luego de haber procreado dos hijos se divorciaron de una manera poco amigable y hasta el día de hoy han mantenido un gran antagonismo entre ellos.

 

No importa cuánto dinero puedas tener, una vida así es una vida miserable, carente de todo tipo de riqueza, especialmente de riqueza espiritual. El remedio para una vida feliz es reconciliarte contigo mismo, poder disfrutar tu propia compañía en tus momentos de soledad.

 

El amor debe fluir de nosotros sin restricciones ni condiciones. El fluir del amor divino trae un caudal de bienes y bendiciones espirituales a todo aquel que lo expresa libremente con gozo y alegría.

 

Pablo conociendo esto dijo: “…si tuviera profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres,… y no tengo amor, de nada me sirve. (1 Corintios 13:2,3) ¡Que gran verdad!

 

La Madre Teresa de Calcuta dijo: –El amor, para que sea auténtico, debe costarnos. Y ésta también dijo: –Dad hasta que duela y cuando duela da todavía más.

 

 Ciertamente estas riquezas espirituales como cualquier riqueza material se ganan con el sudor de la frente. Y esto me trae a la generosidad.

 

La verdad es que uno expresa su generosidad y  riqueza espiritual cuando está dispuesto a dar todo lo que tiene. Así mismo hizo la viuda cuando; “Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre y echó dos blancas o sea, un cuadrante.” ( Marcos 12:41,42)

 

“Entonces llamando Jesús a sus discípulos les dijo: –De cierto de cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca, porque todos han echado de los que les sobra, pero esta, en su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.” (Marcos 12:43,44)

 

 ¿No fue eso lo que hizo Jesús por cada uno de nosotros? Y esto me trae al tema del servicio al prójimo.

 

Debemos aprender a servir a nuestro prójimo “hasta que nos duela.” Piénsalo bien, es la única manera que tenemos de ampliar nuestro servicio al prójimo. Comenzamos sirviendo a nuestros seres queridos, nuestros familiares, pero no nos podemos quedar ahí, tenemos que ampliar nuestro servicio.

 

Muchas personas ven en sus empleos maneras de servir a otros. Y ciertamente es así. Aparte de la compensación que puedas recibir busca servir cada día más y mejor. Da de lo que tienes porque tienes mucho que dar. Y esto es una gran verdad. Todos y cada uno de los que estamos aquí tenemos mucho que dar.

 

Muchas veces el problema está en nuestra propia autoimagen porque nos enfocamos en lo que “nos falta” y no en lo que tenemos en abundancia. Tenemos que volver al principio, esto es, pensar rectamente, porque pensar rectamente es pensar correctamente.

 

Todos sabemos qué es Dios y cómo establecer contacto consciente con Él, y esto lo hacemos a través del recto pensar.

 

Finalmente hablemos del “pan nuestro de cada día”. Dios sabe lo que necesitamos; pero Dios siempre espera que des el primer paso. El agricultor tiene que seleccionar la semilla, el agricultor tiene que ir al lugar donde habrá de sembrar la semilla. El agricultor tiene que proveer las condiciones para que esa semilla germine. Entonces viene lo mayor y lo mejor: “la semilla brota y crece sin que él sepa cómo, porque de por sí lleva fruto la tierra: primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.”

 

Siete grandes riquezas espirituales: integridad, unidad con Dios, salud, felicidad, amor, servicio al prójimo y abundante provisión.

 

Si sientes que te falta alguna de ellas comienza a dar de eso que te hace falta, ¿cuánto? Da todo lo que tengas, hasta que te cueste y hasta que te duela.

 

Dios te bendice.

 

¡Amén!