Libertad a los cautivos

 

6 de julio del 2014

Centro de Cristianismo Práctico

Libertad a los cautivos

Por Rev. Roberto Sánchez

 

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad.” (2Corintios 3:17)

 

Una de las historias más conocida e interesante del Antiguo Testamento es la historia de José y de Moisés. Detrás de estas historias está el tema de la libertad.

 

Así como a toda noche oscura le sigue un bello amanecer, después del cautiverio viene la libertad.

 

La historia de José es una bella historia de cautiverio y libertad. José fue vendido a los egipcios (Gen. 45:5) y estuvo también preso en la cárcel. “Pero Jehová estaba con José” (Gen. 40:21) y lo prosperó en todo lo que hacía. Su extraordinaria habilidad administrativa y su capacidad de interpretar sueños lo llevaron a convertirse en Primer Ministro de Egipto. (Génesis 45:8).

 

 Administró los bienes y la producción de alimentos de forma tal que de todos los lugares venían a Egipto en busca de alimento.

 

Hubo mucha hambre en la tierra y la familia de José tuvo que ir a Egipto en busca de alimentos. Y liberó a su familia del hambre que hubo en todos los países (Génesis 41:54) Porque allí donde está el espíritu de Dios hay libertad.

 

Logró que su familia se estableciera en la tierra de Gosén, una de las regiones más fértiles de Egipto, (Génesis 45:10 nota d) y allí se multiplicaron en gran manera y vivieron protegidos no solo por José sino también por el Faraón.

 

Después de la muerte de José, pasaron muchos años y “los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, llegaron a ser numerosos y fuertes en extremo y se llenó de ellos la tierra.” (Éxodo 1:7)

 

Vino entonces un Faraón que no conocía a José y éste le dijo a su pueblo: “«Mirad, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros.»” (Éxodo 1:9) Y para evitar que se rebelaran contra de ellos “los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre… en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.” (Éxodo 1:13)

 

Entonces, “los hijos de Israel, que gemían a causa de la servidumbre, clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos desde lo profundo de su servidumbre.” (Éxodo 2:23) Después de ver la aflicción de Su pueblo Jehová llamó a Moisés para que liberara al pueblo de la servidumbre y del cautiverio egipcio.

 

Dijo Jehová: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques  de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.” (Éxodo 3:10) Moisés tuvo muchas adversidades pero finalmente logró sacar al pueblo del cautiverio egipcio; porque dondequiera que permanezca el Espíritu de Dios habrá libertad.

 

Y estas historias del pasado tienen un gran significado hoy día en nuestras vidas. La moraleja es que Dios nos ha hecho libres, pero nosotros mismos nos hemos esclavizado producto de maneras erróneas de pensar, del miedo y del egoísmo y solo Dios puede liberarnos de tales condiciones.

 

Entonces: ¿a qué condiciones estás atado?

 

El jueves pasado en el curso de Prosperidad que estamos ofreciendo yo decía que existen muchos “gurús de prosperidad” que cobran grandes cantidades de dinero por sus charlas y conferencias. Pero que al final del día son conchas vacías porque su discurso se queda sin considerar que el fundamento de toda prosperidad es el reconocimiento y la fe en Dios como la Fuente Inagotable de todo lo que necesitamos. 

 

Buscan liberarte del yugo de las deudas vendiendo un producto que “promete” libertad, o se basan en un plan o una fórmula que “promete” proveerte todo el oro que necesitas.

 

Cada vez que pienso en este tipo de charlas o seminario me recuerdo de Aladino frotando su lámpara mágica para pedirle al Genio la concesión de sus deseos. Una fabulosa historia de entretenimiento infantil.

 

 Pero la vida no es así. El Genio que buscamos no necesariamente aparece ante nosotros sino que está dentro de nosotros y puede conceder nuestros deseos en la medida de nuestra fe.

 

Y el mayor deseo de Dios para cada uno de Sus hijos es que sean libres y conozcan que en espíritu y en verdad Él nos creó libres desde el principio.

 

Ahora bien, como he dicho anteriormente, nosotros mismos nos hemos esclavizados producto del pensar erróneo. Por ejemplo, hay mucha gente esclavizada por la pobreza.

 

Pensarás que le toca a los gobiernos crear empleos para que una mayor cantidad de personas encuentren un modo de ganarse la vida. Y tienes razón, pero dejar que solo el gobierno se encargue de esto nunca solucionará la condición de pobreza. Jesús lo dijo: “… a los pobres siempre los tendréis con vosotros.” (Juan 12:8)

 

El mejor antídoto contra la pobreza es la creatividad. Identifica las necesidades de las personas que tienes a tu alrededor y piensa en maneras creativas de satisfacer esas necesidades.

 

Algunas personas se hacen esclavos del dinero pensando que en el futuro no habrá dinero o escaseará. Piensan que no serán capaces de rendir un servicio al prójimo y para estas personas la ley se cumple “porque cuales son sus pensamientos íntimos tal es él.” (Proverbios 23:7)

 

Hay personas que se hacen esclavos de la enfermedad. Viven enfermos toda la vida, quejándose de su condición buscando quién se haga cargo de ellos.

 

Este tipo de personas nunca gozarán de plena libertad porque no han aprendido a hacerse responsables de su propia vida ni tampoco han aprendido que la libertad de todo tipo de condición viene de Dios. Desconocen que “donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad.”

 

Hay personas que son esclavos de la mentira y viven mintiendo todo el tiempo, haciéndose pasar por lo que no son y engañando a los demás. Dan falso testimonio de otras personas y de ellas mismas también, engañándose a sí mismas creyéndose lo que no son.

 

Poco a poco se van quedando solos porque las personas a su alrededor van perdiendo la confianza en ella y esas mismas personas terminan perdiendo la confianza en sí mismas. Terminan creando alrededor de ellos una telaraña de problemas y falsedades.

 

 Hay quienes son esclavos del miedo. Viven una vida de miedo, miedo a relaciones afectivas por temor a sufrir un desengaño, miedo a emprender proyectos de envergadura por temor al fracaso, miedo a perder sus empleos por temor a no poder afrontar el pago  de sus obligaciones, miedo a la vejez por temor a quedar inútiles y miedo a la muerte por temor a ir al infierno.

 

El remedio a esta condición es desarrollar la confianza y la fe en Dios. Dios nos dice: “¡Esforzaos y cobrad ánimo! No temáis ni tengáis miedo…, porque Jehová Dios es el que va contigo; no te dejará ni te desamparará.” (Deuteronomio 31:6)     

 

Todo aquel que pueda apropiarse de estas palabras y llevarlas hasta el tuétano de sus huesos jamás tendrá miedo. Porque estas palabras más que palabras son una gran promesa para lo que creen en el poder de Dios obrando en sus vidas.

 

Hay quienes se esclavizan por los placeres carnales. En todos los niveles sociales encontramos personas que son adictas a relaciones sexuales ilícitas. Esto lo vemos todos los días, hasta en el clero.

 

Muchas de estas personas se sienten presas de este tipo de adicción y otros han sentido el peso de la ley en su contra. Eventualmente el alma desea y anhelan liberarse de esta condición. Aunque estas personas están buscando satisfacción ignoran que lo que están buscando realmente es a Dios. Solo Dios puede liberar porque donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad.”

 

Hay quienes son esclavos del alcohol y las drogas. Cada día vemos cómo aumenta el consumo de estas sustancias y el tráfico y consumo de las drogas ya ha llegado a las escuelas. Cada día hay más jóvenes esclavos de las drogas y del alcohol.

 

Lo que hace falta es una educación cristiana en el hogar como en las escuelas en donde cada día se practique la presencia de Dios. Solo así lograremos libertad porque donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad.” Entonces, procura educarte espiritualmente.

 

Existen personas que son esclavas de la corrupción. Vemos agentes de la policía envueltos en actividades ilícitas y corruptas. Empleados de gobierno buscando lucrarse ilícitamente.

 

Todo esto es error y nos confirma cada vez más las palabras del Maestro Jesucristo cuando dijo: “–De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:36) pues donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad.”

 

Hay quienes todavía no han aprendido a controlar su lengua profiriendo toda clase de insultos, calumnias y maledicencias contra los demás. A tales personas Jesús les dijo: “… por tus palabras serás condenado”. (Mateo 12:37)

 

Las grandes batallas se llevan a cabo dentro de nuestro ser y las grandes conquistas se logran también dentro de cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros  debe tomar la decisión de liberarse del cautiverio del error.

 

El que libera está dentro de ti y tuyo es el privilegio de buscarlo. Búscalo y lo hallarás, toca Su puerta para que entres en su reino porque donde está el Espíritu del Señor allí hay libertad.”  

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!