Ningún microbio entra en mí

 

17 de mayo del 2015

Centro de Cristianismo Práctico

Ningún microbio entra en mí

 

Por Rev. Roberto Sánchez

 

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” (Santiago 5:15)  

             

“Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.” (1 Corintios 5:8)  

      

Este mes lo hemos estado dedicando al tema de la salud y ciertamente el título del mensaje de hoy es alusivo a mantener nuestro cuerpo libre de microbios.  Estoy seguro que en algún momento de nuestras vidas nuestros padres no han llamado la atención diciendo cosas como por ejemplo: “no toques tal o cual cosa porque tienen microbios” y “los microbios causan enfermedades.”  Pero ¿qué es un microbio? Los microbios son diminutas formas de vida conocidas comúnmente como microorganismos. Y cada enfermedad —cáncer, tuberculosis, etc. tiene su microbio específico.

 

Y aunque esto no es una clase de Biología ejemplos de microbios son las bacterias y las levaduras.  Las levaduras, por ejemplo, son hongos unicelulares que tienen la capacidad de descomponer ciertos cuerpos orgánicos mediante el proceso de fermentación.  La fermentación por ejemplo, en los hidratos de carbono, produce una degradación.  En la Escrituras se habla mucho de “panes sin levadura” y se refiere a comer pan sin ningún tipo de impureza que pueda degradarlo.

 

Y como cada enfermedad tiene su microbio, los científicos que han visto estos microorganismos a través de microscopios potentes se han dado a la tarea de destruirlos, sin preguntarse las causas que propiciaron la aparición de estos gérmenes.

Pero como estudiantes de la Verdad que somos, sabemos que el reino de las causas es el mundo interno de la mente; y siendo la mente creativa y generativa; por ley de secuencia y consecuencia, el pensamiento es activo y formativo.   

   

En la Mente se genera la idea de vida, y con el pensamiento la activamos dándole diversas formas a la idea original de vida. Piensen por un momento en el proceso creativo.  Dios tomó la idea original de vida y creó los animales, los peces, las plantas, etc. Siendo el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, el hombre tiene la capacidad de revestir sus pensamientos “con una forma de vida de acuerdo con el carácter” que él mismo le da.

 

Con respecto a esto Charles Fillmore comenta lo siguiente: “… los pensamientos de salud, por consiguiente, producirán microbios (microorganismos) cuya función es formar organismos saludables, y los pensamientos de enfermedad producirán microbios de desorden y destrucción. Este es el eslabón que conecta la metafísica con la ciencia médica.” (CAV p. 14)

De modo que nuestra mente tiene la capacidad de formar tanto microbios de salud como de enfermedad. Los más comunes son los de enfermedad porque la ciencia médica se ha enfocado mayormente en descubrir los microorganismos presentes en las enfermedades dándoles nombres a cada uno de ellos.

 

Y las enfermedades surgen como producto del pensar erróneo y como consecuencia de ver la vida desde una perspectiva equivocada, esto es, según las apariencias y no conforme a la verdad.  Y el pensamiento de la raza ha contribuido grandemente a esta perspectiva errónea al concebir al ser humano como “meros pecadores y gusanitos de la tierra”. Si hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, tal como lo atestiguan las Escrituras entonces somos en Espíritu y en Verdad un triunfo de perfección espiritual.  Y como estudiantes de la Verdad que somos, sabemos que cuando le damos nombre a algo, le asignamos un carácter y de esta manera le imprimimos sustancia y vida a ese objeto.

 

El proceso creativo que Dios comenzó sigue desenvolviéndose a través de nuestros propios pensamientos y creamos el cuerpo que pensamos y la vida que pensamos.  En los Diez Mandamientos que Jehová nos legó también encontramos una exhortación que a su vez es la llave de la salud para que ningún microbio destructivo entre en nosotros.  Este es el séptimo mandamiento, “no cometerás adulterio”. La palabra adulterar significa “dañar o corromper física o moralmente algo” (DRAE). Por ejemplo inducir el cuerpo a la lujuria,  la prostitución o la pornografía, por mencionar solo algunos actos, eventualmente producirán microbios de desorden y destrucción, desintegrando el cuerpo.

 

Jesús va un paso más allá y nos dijo: “Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” (Mateo 5:27-28)   Y adulterar con ella en su corazón significa que ya su pensamiento le dio forma al microbio destructivo que corrompe física y moralmente el cuerpo, que es el templo del Dios viviente. La motivación de dicho pensamiento es el disfrute desenfrenado y desordenado del apetito carnal. 

 

Que la carne es débil, eso lo sabemos todos los que estamos aquí presentes. Y es por tal razón que debemos de fortalecerla con pensamientos de pureza y rectitud, para mantener su integridad y pureza.  Estos pensamientos producirán microbios de igual naturaleza que harán una labor de reconstrucción y fortalecimiento del templo que es nuestro cuerpo.  El alma es precursora del cuerpo. Formamos nuestro cuerpo y le damos vida conforme a los pensamientos que sostenemos en nuestra mente. Procura mantener pensamientos saludables si deseas tener un cuerpo saludable.

 

Y para esto debes hacer un trabajo de limpieza en tu subconsciente desechando pensamientos de impureza y desorden de naturaleza destructiva.  Mucho cuidado con las palabras que utilizas para describir tu cuerpo templo. Especialmente cuando usas las palabras “yo soy” delante de tu descripción.  Y lamentablemente somos tan descuidados en la manera en que hablamos no solo de nosotros mismos sino también de los demás cometiendo así errores de juicio tanto conscientemente  como inconscientemente ignorando o talvez olvidando que nuestras palabras realizan un trabajo  en aquello a lo cual las dirigimos.

 

Y lo peor del caso es que esto ocurre a diario en personas que conocen la Verdad de lo que estamos diciendo. En este sentido podemos decir que somos pecadores habituales porque cometemos la misma falla una y otra vez.  Por ejemplo, cada vez que expresamos emociones destructivas como “te odio” o “tengo miedo” por mencionar solo dos de ellas estamos creando microbios que van a hacer un trabajo en el organismo tanto en la otra persona como en nosotros mismos.  

 

Tal vez no sintamos lo efectos de inmediato pero da por seguro que se hará sentir tarde o temprano.  El apóstol Pablo nos exhorta a “que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.”   Y en un sentido muy práctico podemos sustituir la palabra “fiesta” con la palabra “vida” y decir “celebremos la vida no con la vieja levadura ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con los panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.  Lo mejor que puedes hacer por ti mismo y por los demás es hablar palabras de verdad y sinceridad. Riega el microbio de la verdad dondequiera que vayas.

 

No tengas temor porque en Espíritu y en Verdad cuando caminamos por senderos de rectitud no hay nada que temer porque no habrá nada que esconder.  Cambiemos el título de este mensaje y afirmemos: ningún microbio destructivo entra en mí, solo microbios de salud, sinceridad y verdad entran en mí.  La vieja levadura es la conciencia de limitación y enfermedad. Los panes sin levadura es la nueva conciencia sin adulteración, una conciencia de abundancia, salud y renovación.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces. Amén.