Purifica tu templo

April 6, 2014

“¿Acaso no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios está en vosotros?... porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” (1 Corintios 3:16, 17)

 

El diccionario define la palabra templo como un “edificio o lugar real o imaginario en que se rinde o se supone rendirse culto al saber, a la justicia, etc. (DRAE)

 

Dentro del contexto en el que estamos usando la palabra templo nos referimos al nuestro cuerpo. Y las palabras de Pablo a los Corintios es que nosotros somos el templo del Dios viviente.

 

Estas palabras son muy significativas porque confirman primero que somos seres espirituales ya que el Espíritu de Dios está en nosotros. Y si está en nosotros dentro de nosotros debemos buscarlo.

 

La cuaresma debe ser un tiempo para reflexionar sobre lo que somos verdaderamente y debemos meditar en nuestra naturaleza espiritual.

 

En espíritu y en verdad somos más espirituales de lo que creemos ser. Y digo esto porque nuestra esencia es espiritual. Y el cuerpo que proyectamos a visibilidad tiene un fundamento espiritual. Pablo ha dicho que la Divinidad vive corporalmente en cada uno de nosotros.

 

Este es el regalo que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros como hijos amados de Él, esto es, Dios mismo es el regalo, y Dios y Su plenitud se ha entronizado dentro de cada uno de nosotros, más aún, se ha individualizado dentro de cada uno de nosotros.

 

La localización del templo de Dios ha sido establecida por el mismo Dios, pero ahora nos toca a ti y a mí acondicionar el lugar para que se rinda el culto que debe rendirse.

 

Externamente hablando tenemos que limpiar el lugar, colocar el mobiliario, climatizar el área, etc.  Y esto es una representación EXTERNA DE UN PROCESO ESPIRTUAL INTERNO.

 

Pero no vayamos tan rápido, porque como dice el salmista, todo tiene su tiempo y su hora debajo del sol. Todo proceso tiene una secuencia ordenada de eventos que se van uniendo entre sí para obtener un resultado deseado. Y en este caso hablamos de Purificar tu templo.

 

Antes de pensar en purificar tu Templo debes pensar que todo en la vida tiene una causa. Y que no estás ahí sentado escuchando estas palabras por casualidad, sino por causalidad.

 

Al menos debes estar pensando que estás aquí, escuchando este mensaje porque Dios tiene algo importante que decirte. También estas aquí presente porque te interesa tu desarrollo espiritual.

 

Siendo este el caso debes meditar acerca de tu existencia en este planeta. A medida que medites sobre esto, llegarás a la conclusión que no eres un fenómeno del azar. Estás aquí con un propósito y Dios te ha puesto ahí mismo donde estás para que trabajes en el cumplimiento de ese propósito.

 

Pero de la misma manera que un pensamiento lleva a otro pensamiento y este a su vez lleva a otro, un propósito, puede llevar a otros propósitos.

 

Por ejemplo, cuando leemos la historia de Moisés pensamos que el propósito de Moisés fue sacar al pueblo hebreo de Egipto para llevarlo a la Tierra Prometida. Ese fue uno de los propósitos, tal vez el propósito inicial.

 

Pero detrás de ese vinieron otros propósitos; fue Moisés quien le entregó la Ley Divina al pueblo de Israel; fue Moisés el designado para luchar en contra de la idolatría del pueblo, fue Moisés el designado para mostrarle al pueblo el poder de Dios, fue Moisés el designado para mostrarle al pueblo lo que la fe es capaz de lograr.

 

 Volviendo a nuestro caso personal tienes que realizar que Dios no te puso en este planeta para que te estés buscando la comida todos los días. Ese no puede ser el propósito principal de tu existencia en este planeta ni nunca lo será.

 

Hay propósitos más altos y más nobles, porque «Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos», dice el Señor. (Isaías 55:9)

 

Entonces uno de esos propósitos consiste en purificar tu templo, esto es el templo de Dios que está dentro de ti.

 

La plenitud de la divinidad vive dentro de cada uno de nosotros potencialmente. A esto le llamamos el Cristo morador. Pero esta Divinidad debe ser liberada para que haga las obras.

 

Piensen por ejemplo en la energía hidroeléctrica. Grandes caudales de agua se mantienen en una represa. El agua contiene energía de manera potencial, esto es en potencia. Cuando la represa suelta el agua esta comienza a moverse y esta energía potencial se transforma en energía de movimiento, produciendo un movimiento mecánico en las turbinas para luego crear un campo eléctrico generando así energía eléctrica.

 

Y ¿qué hace la energía eléctrica? Entre muchas cosas, trae luz a los hogares y ciertamente luz a la nación.

 

Esta es una representación externa de un proceso espiritual interno. El Cristo mora potencialmente dentro de cada uno de nosotros. Tú y yo tenemos que ponerlo en movimiento para que alumbre y purifique el templo del Dios viviente que mora en cada uno de nosotros esto es, nuestro cuerpo. Así nos convertimos en luz para el mundo. Este es nuestro trabajo y una de las grandes razones por las cuales estamos en este planeta.

 

Y este proceso de purificación comienza con el proceso sanador. Estamos hablando de sanar heridas emocionales, rencores, deseos de venganza, el odio, y la condenación entre otros. En este sentido la sanación no puede completarse sin el perdón.

 

Y la verdad es que el perdón consiste en devolver un bien por un aparente “mal” recibido; el perdón es liberación de las cadenas del pensamiento de error.

 

Perdonar es ver correctamente, ver las cosas no como aparentan ser, sino como en verdad son. No vemos la personalidad en aquél que nos ha hecho mal, pues esto sería tener miopía espiritual, sino que vemos al Cristo morador en el centro de su ser.

 

Entonces podemos comenzar un proceso reconciliador que incluya a la persona total. Comenzamos entonces a experimentar armonía y paz en todo nuestro ser que es el fundamento de una buena salud.

 

Cristo vive dentro de cada uno de nosotros, éste es el núcleo espiritual del ser humano. Así como tenemos que preparar el templo para llevar a cabo el culto, tenemos que dar forma a ese núcleo espiritual para que se exprese en y a través de nosotros.

 

Y, ¿cómo hacemos esto? Esto lo hacemos apropiándonos de palabras de Verdad. Las palabras de verdad son como el cincel que el escultor utiliza para dar forma a su obra.

 

Mediante el uso de palabras de verdad esculpimos dentro de nosotros el cuerpo de Cristo que habrá de expresarse como una extensión de lo que en espíritu y en Verdad somos, “… hijos de Dios. Y si hijos, también herederos de Dios, y coherederos con [Jesucristo].” (Romanos 8:17)

 

Pero para lograr esto tenemos que padecer y muchas veces sentir corporalmente el dolor, esto es el efecto del cincel removiendo todo el error en que corporalmente hemos estado viviendo tantos años.

 

Esto es purificar el templo, nuestro templo, tu templo. ¿Hay dolor en este proceso? Claro que sí. Igual que hay dolor después de una cirugía.

 

Pero en todo este proceso tenemos que aprender qué es realmente el dolor para poder enfrentarlo correctamente. El dolor es el indicador de que las fuerzas vitales del cuerpo trabajan para manifestar salud. (LPR p. 75)

 

Por esto es importante padecer pacientemente sabiendo que es el bien lo que se está manifestando en todo nuestro ser. La formación del cuerpo de Cristo en cada uno de nosotros es el resultado de purificar nuestro templo.

 

No viene sin padecimiento ni dolor, es necesario pasar por el proceso de crucificar el error que está dentro de nuestra propia carne.

 

Estas palabras no son un mero simbolismo ni tampoco poesía; son una realidad literal y viviente.

 

Podrías pensar: ¿y para qué pasar tanto trabajo si después de todo nos vamos a morir? Si todavía tienes desconfianza o dudas de estas verdades pruébalo porque como dice mi querida esposa; “la peor gestión es la que no se hace.”

 

Y si en el proceso de purificar tu templo no te vas transformando “de gloria en gloria” puedes volver a tu antigua manera de pensar. Ahora bien, esto de purificar tu templo no lo hagas porque te lo he dicho, ni tampoco lo hagas porque alguna autoridad eclesiástica te lo haya indicado, hazlo por ti mismo, porque te conviene.

 

Si te has sentido infeliz toda tu vida, purifica tu templo, y sentirás el gozo del Señor, si has estado enfermo toda tu vida, purifica tu templo y tendrás un cuerpo sano y perfecto, si has estado viviendo en limitación y carencia, purifica tu templo y verá a Dios como la Toda Suficiencia en todas tus cosas.

 

Entonces si deseas mejorar tu calidad de vida purifica tu templo y verás la gloria del Señor expresándose en y a través de ti.

 

Dios te bendice! Amén!

 

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