En quietud y confianza

August 17, 2014

“Porque así dijo Jehová, el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y confianza será vuestra fortaleza.” (Isaías 30:15)

 

En el mensaje del pasado domingo decíamos que cada uno de nosotros va haciendo un camino al andar rumbo al cumplimiento y realización de nuestros anhelos y aspiraciones.

 

Y cada día nos ofrece una oportunidad para nosotros reflexionar acerca de dónde estamos y hacia dónde vamos.

La vida es una escuela y paso a paso vamos aprendiendo las lecciones que nos dan nuestros maestros para así desenvolver y dar paso a expresión las potencialidades inherentes en cada uno de nosotros.

 

Nuestra esencia es espiritual, pero estamos revestidos de materialidad y es en este plano de tres dimensiones donde tú y yo tenemos que liberar nuestro esplendor aprisionado.

 

Y esto no es tarea fácil especialmente cuando estamos envueltos en las diversas actividades y los compromisos que contraemos en el diario vivir. Hay un sin número de tareas que debemos llevar a cabo y casi no hay tiempo para descansar.

Pero si queremos trascender y crecer en consciencia de la Presencia de Dios en nuestras vidas tenemos que hacer el esfuerzo y sacar tiempo diariamente para reflexionar en las cosas del Espíritu.

 

A medida que vamos haciendo el hábito comenzamos a vivir la vida sencilla, una vida centrada en Dios. Día a día en el silencio, pedimos que Dios dirija nuestros pasos y en la quietud del silencio confiamos en que Dios hará Su parte.

Así lo hizo Jehová Dios con Moisés y el pueblo hebreo; guiando sus pasos por el desierto durante cuarenta años. Igualmente guio a Josué en la conquista de la tierra prometida; y así lo hizo con Jesús guiándolo a través de todo Su ministerio y poniendo en boca de Jesús las enseñanzas universales que la humanidad tenía que aprender.

 

Ciertamente la vida es una escuela y la mayor y mejor enseñanza que podemos obtener es la educación espiritual. Todos tenemos que prepararnos espiritualmente, sin excepciones. Hasta el mismo Jesús tuvo un período de preparación espiritual antes de lanzarse de lleno en Su activo ministerio.

No podemos darnos el lujo de gastar una vida sin atender la necesidad de educarnos espiritualmente. Esta es la mayor necesidad y debe ser satisfecha con suma prioridad.

Ahora bien, esa educación espiritual comienza con maestros externos; por ejemplo, Jesús fue el Gran Maestro de multitudes. Pero esa educación espiritual tiene que continuar desenvolviéndose en tu interior.

Jesús nos habló acerca de la luz, Él dijo: “Yo soy la luz del mundo…” (Juan 8:12) También dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14).  Pero hasta que no haya en ti una revelación directa desde tu interior de ese esplendor aprisionado no habrás encontrado la luz del Cristo que mora en ti.

 

Puedes oír toda la vida hablar acerca de la luz que hay en ti; pero te toca vivir y tener una experiencia directa con esa luz que mora en ti. Y eso se consigue en quietud y confianza dedicando un tiempo sagrado todos los días para que el Gran Maestro, el Cristo de tu ser, te enseñe todas estas cosas.

 

 Puedes haber oído hablar del poder del Cristo que mora en ti. Puedes haber afirmado mil veces: ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece’. Pero hasta que no tengas una revelación directa y te apropies de ese poder para sanar tu cuerpo, expresar vida abundante y lograr cumplimiento de tu misión divina en esta vida no habrás tenido la “comunión íntima con Jehová”. Y esto se consigue yendo al Silencio en quietud y confianza.

 

Has escuchado que “las riquezas y la gloria proceden de Jehová” pero hasta que no hayas  manifestado las riquezas de Dios en tu vida así como Jesús produjo alimento para las multitudes, todavía no te has encontrado y comulgado con la plenitud de la divinidad que mora en ti.

 

Y esto se consigue viviendo una vida centrada en Dios, procurando estar en el silencio en quietud y confianza. 

Has oído acerca de las sanaciones que Jesús realizó en Su ministerio, y has escuchado decir que Dios es vida, una corriente de vida sanadora. Pero mientras esté buscando la ayuda de médicos y sustancias terapéuticas no podrás tener una experiencia directa de Dios como corriente de vida sanadora. Y esto se consiguen en el silencio de la oración en quietud y confianza.

Es solo en la comunión íntima con Jehová Dios que podemos adelantar nuestro progreso espiritual. Por medio del Cristo morador, nuestro Gran Maestro, podemos vivir las lecciones que de otra manera hemos aprendido o escuchado de maestros humanos.

Al aquietarnos y estar receptivos a la instrucción y guía de Dios logramos desenvolver el plan de vida que Dios ha diseñado para cada uno de nosotros.

 

Has escuchado las siguientes palabras del apóstol Pablo: “No todos moriremos; pero todos seremos transformados.” (1 Corintios 15:51) Pero hasta que no sientas la actividad del Espíritu Santo haciendo un trabajo interno, profundo y cambiante en ti, hasta que no sientas el sufrimiento que da sentir que te estás desprendiendo cosas muy preciadas para ti en el pasado, hasta que no sientas que estas cosas que has tenido toda tu vida se han ido para siempre y con dolor y tristeza fluyan las lágrimas por tus mejillas, todavía no has conocido el poder y la actividad de Dios para transformarte y purificarte.

 

Y esto se consigue buscando la comunión íntima con el Dios de tu ser, en el silencio en quietud y confianza.

Queridos amigos, estamos todos aquí reunidos porque deseamos más de Dios, porque nuestro corazón nos pide más gozo, y bienestar espiritual en nuestra vida. Estamos todos aquí buscando tener una experiencia más profunda y una comunión más íntima con la plenitud de nuestra propia divinidad.

 

Todos queremos más de Dios. Pero todo tiene su precio, y para conseguir eso que andamos buscando tenemos que pagar el precio. Tal vez no sea un precio tan alto como el que pagó Jesús por el rescate de la familia humana, pero tenemos que estar dispuestos a seguir la voluntad de Dios en nuestras vidas y a recorrer la milla extra.

 

¿Por qué se nos hace tan difícil seguir la voluntad de Dios? Porque hay cosas muy placenteras para cada uno de nosotros que tenemos que sacrificar. O tal vez estamos realizando ciertas actividades que nos dan un estatus social prominente, actividades sumamente lucrativas pero de naturaleza humana.

 

Entonces nos parecería que seguir la voluntad de Dios es como si diésemos un paso atrás en nuestro progreso material y personal. Se nos olvida con facilidad que “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4) Y aunque muchos conocen esta cita bíblica de memoria pocos son los que creen en esta gran Verdad.

Muchos vieron a Jesús postrado, clavado y humillado en la cruz. Y hasta le dijeron: “Tú, el que derribas el Templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres el hijo de Dios, desciende de la cruz.” (Mateo 27:40)

 

Jesús pudo haberlo hecho, pero no lo hizo porque siguió la voluntad de Dios todo el camino desde lo humano en Él hasta Su propia divinidad. Y lo que pareció ser un total fracaso se convirtió en una gran victoria, hasta el punto en donde no ha habido acontecimiento más trascendental en la historia de la humanidad ni antes ni después. Jesús venció la muerte y alcanzó vida eterna.

Pero Jesús se retiraba a orar, y a meditar en el silencio; y en quietud y plena confianza esperaba la guía y la instrucción del Padre. Él hablaba las palabras que escuchaba de Su Padre. “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, él hace la obras.” (Juan 14:10) Tal obediencia es requisito para poder evolucionar espiritualmente.

 “Por lo demás hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder de Su fuerza.”

 

El verdadero conocimiento del poder de Dios lo tiene aquel que por fe se ha sanado de una enfermedad terminal, el paralítico que se ha levantado de su silla de ruedas y ha comenzado a caminar, el sordo de nacimiento que ahora puede oír, o el mudo que ahora puede hablar.

 

Tal vez este no sea tu caso, pero en cualquier condición y situación que estés enfrentando, tú que me estás escuchando, a ti te digo fortalécete en el Señor y en el poder de Su fuerza.

 

El poder y la fortaleza para vencer toda adversidad no viene de nada que podamos ver con nuestros ojos físicos, sino que viene de las profundidades de nuestro ser, de esa parte que no se ve y que solo encontramos cuando entramos en el silencio; porque todo poder nace en el Silencio. “Estad quietos y conoced que yo soy Dios.” (Salmo 46:10)

 

Pues escrito está: “Porque así dijo Jehová, el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y confianza será vuestra fortaleza.” (Isaías 30:15)

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces. ¡Amén!

 

 

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