Oración & Acción

September 21, 2014

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados le serán perdonados.”(Santiago 5:15)

 

Recientemente tuve una conversación con una joven de mediana edad; y en medio de la conversación le pregunté si se congregaba, con la intención de invitarla a que nos visitara.  Ella me respondió que ella sí se congregaba y que personalmente tenía una relación muy especial con Dios.  Y cuando reflexioné acerca de estas palabras me di cuenta que no muchas personas tienen una “relación muy especial con Dios”.

 

Analicemos esto. En lo humano a primera vista “nos gusta” una persona por su físico o por su manera de ser o de comportarse o de expresarse. O vemos que esa persona tiene intereses en común con los nuestros.  Entonces nos sentimos atraídos y buscamos establecer una relación; esto es buscamos tratar a la persona, establecer algún tipo de enlace, conexión o comunicación.  Y esto no es otra cosa que la ley de acción mental obrando en nuestras vidas.

 

En febrero del 2006 tuve el honor de ser invitado a participar en el primer Seminario de Demostración de Destrezas que se ofrecía en español a los candidatos del Programa de Liderazgo auspiciado por la Asociación de Iglesias hoy llamado Unity Ministerios Mundiales.  Allí me tocó al igual que los otros participantes dar una clase frente a un panel de ministros que estaban evaluándome. El tema que presenté fue la Ley de Acción Mental.

 

Y esta ley se fundamenta en el pasaje bíblico que encontramos en Proverbios 23:7 que dice: “… porque cuales son sus pensamientos íntimos, tal es él.”  La mente atrae ideas, las ideas producen pensamientos que a su vez producen sentimientos y acciones; y éstas producen resultados que afectan nuestras actitudes, creencias y paradigmas.  Todo esto se da en un espiral ascendente acercándonos cada vez más a Dios si y solo si vivimos una vida centrada en Dios.  El ser humano comienza a tener una relación con Dios por medio de la mente, porque Dios es Mente.

 

Cuando entramos en oración debemos mantenernos centrados en Dios y pedirle a Dios lo que necesitamos, no porque Él no sepa lo que necesitamos, sino porque pidiéndole a Dios nos acercamos conscientemente a Su Presencia iniciando una relación con Él.  Piensa por ejemplo cuando un niño se acerca a su padre para pedirle algo. Es el niño el que toma la iniciativa, el buen padre siempre está dispuesto. Igual nos pasa con nuestra relación con Dios; al pedirle somos nosotros los que tomamos la iniciativa, que siempre es el primer paso para establecer una relación del tipo que sea.

 

Y eso es precisamente lo que Dios desea para cada uno de nosotros, que tomemos la iniciativa porque Dios espera eternamente establecer una relación muy especial con cada uno de nosotros.  Ahora bien, volviendo al ejemplo del niño, tal vez el niño le pide al padre que le dé permiso para ir a jugar con sus amiguitos. Y el padre amorosamente le concede su petición y se dispone inmediatamente a darle unas instrucciones, pero nota que el niño ha salido corriendo sin escuchar las instrucciones que el padre se dispone a darle.

 

¿Creen ustedes que esto es una buena relación? Claro que no. Así somos muchos de nosotros con nuestra relación con Dios. Esto es le pedimos y no escuchamos sus instrucciones. Después pretendemos que por arte de magia surjan los resultados que esperamos.  La oración es efectiva cuando se da un dialogo completo entre ambas partes. Esto requiere que después de pedirle escuchemos todo lo que Dios tiene que decirnos; no parcialmente como en el caso del niño sino totalmente.

Estas instrucciones que Dios tiene para cada uno de nosotros son la guía divina y práctica que debemos seguir a medida que obramos reino de la acción externa. 

 

Ahora bien, Dios habla en el silencio y esto requiere completa atención de nuestra parte.

Muchas personas le piden a Dios que le de una señal para tomar decisiones importantes en sus vidas. Dios también concede estas peticiones, porque siempre está dispuesto a establecer una relación con cada uno de nosotros de la manera que sea.

Cuando Jesús llegó al Getsemaní; les dijo a Sus discípulos: “–Sentaos aquí entre tanto que voy allí y oro. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero sino como tú».” (Mateo 26:36,39)

 

Está claro que la parte humana de Jesús no quería pasar por ese sufrimiento, pero Jesús aceptó que se llevara a cabo la voluntad de Dios.  Si tú y yo hubiésemos sido Jesús en aquel momento la voluntad de Dios nos hubiese parecido desastroso para nosotros. Tal vez y ciertamente hubiésemos ido a oración esperando algo “mejor”.  Sin embargo, Jesús sin hacer resistencia dio paso a que la voluntad de Dios se llevara a cabo plenamente.  Muchas veces cuando vamos a oración vamos con una idea predeterminada o preconcebida de lo que queremos. Y aunque sabemos lo que queremos deseamos que Dios nos confirme que estamos dando el paso correcto.

 

Y muchas veces nos quedamos asombrados y sorprendidos por la respuesta que nos da Dios. Vamos a la oración buscando un sí, un sigue adelante, y la respuesta es no, no hagas nada, quédate quieto.  Son estos momentos en nuestras vidas, momentos críticos, en donde dispuestos a proceder conforme a nuestras convicciones humanas el Espíritu nos dice” “Aquiétate y conoce que yo soy Dios.”  Justo en el momento en que el niño se acerca a su padre para pedirle permiso para jugar con sus amiguitos, con una clara visión del juego que iban a jugar, el padre le dice no vayas quédate en casa quieto, tranquilo.

 

Y así es Dios con cada uno de nosotros, justamente cuando estamos entusiasmados y dispuestos para dar el próximo paso. Por eso es importante contar con Dios en todo lo que hacemos; así evitamos cometer errores que después tengamos que lamentar.

¿Cómo te sentirías si esto te ocurriera a ti? Lleno de entusiasmo y deseo de llevar a cabo una acción que ya has concebido y de la cual estás plenamente convencido de que es lo correcto, vas en oración a pedirle el consejo sabio de Dios y Su respuesta es no lo hagas; quédate quieto. 

 

Jesús pidió en oración: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero sino como tú». “Otra vez fue y oró por segunda vez, diciendo: «Padre mío si no puede pasar de mi esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»” (Mateo 26: 39, 42)

 

¿Estás preparado para asumir esta actitud que Jesús asumió? ¿Estás preparado para no resistir la voluntad de Dios en tu vida, aunque esto represente continuar caminando a través de un campo lleno de incertidumbre?

¿Estás dispuesto a mantener la fe en Dios, fluyendo con los acontecimientos de la vida cotidiana esperando pacientemente que Dios te indique cuando dar el próximo paso?  Para esto tienes que perseverar en la oración, y orar sin cesar, reconociendo que Dios tal vez no te dará lo que pides sino que te dará lo mejor para ti conforme a tu fe.  Perseveremos en la oración porque necesitamos seguir fortaleciendo nuestra fe en Dios.

 

Para que cuando vengan los vientos del cambio no nos asustemos, ni nos entristezcamos y podamos mantener la calma para estar receptivos a la guía y la instrucción de Dios.  Vamos a la oración para poner en acción todos nuestros sentidos y dones espirituales.  Oración y acción; vamos a la oración para conocer qué hacer para contemplar las alternativas que tenemos delante de nosotros pero para estar dispuestos a no actuar si esta es la voluntad de Dios.  Y siendo esto así te invito a que fluyas como la vida fluye, sé uno con el fluir de la vida, y “permite que Dios sea Dios en ti.”

 

Cultiva una conciencia profunda  de la “luz verdadera” de la Presencia de Dios que está presente  en ti y como tú.”

La oración “es un momento de unidad, un sentimiento de estar centrado en Dios y de ser el centro de Dios.”(Butterworth)

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces. ¡Amén!  

 

 

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