El Poder Transformador del Espíritu Santo

October 5, 2014

“Sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues nuestro evangelio no llegó en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre.” (1 Tesalonicenses 1:4) 

 

Cuando prendo la televisión y de repente me encuentro con un evangelista llevando un mensaje ante una congregación multitudinaria admiro su capacidad para predicar y también su poder de convocatoria.  Cientos de miles de personas alrededor del mundo observan con asombro cómo ese mismo evangelista lleva a cabo demostraciones de curaciones milagrosas en un escenario frente a miles de personas.

 

Personas inválidas caminando en sillas de rueda se levantan y caminan por todo el escenario después de recibir la infusión del Espíritu Santo; los mudos comienzan a hablar, los sordos a oír, los ciegos a ver, y todos son levantados y sanados.

Y cuando el evangelista les toca la frente, vemos cómo las personas caen al suelo producto del poder avasallador del Espíritu Santo. Entonces esas personas dan testimonio ante la multitud del poder sanador del Espíritu Santo.

 

Algunos espectadores observan todas estas demostraciones con cierto grado de escepticismo, mientras que otros mirando la televisión son sanados al momento en sus mismos hogares.  Un número cada vez mayor de personas hablan del poder del Espíritu Santo mientras que otros lo rechazan argumentando que todo eso es un montaje y un engaño a la gente.  Los incrédulos observan estas demostraciones y no creen, son peores que Tomás porque viendo no creen y oyendo no escuchan y de esta manera hacen resistencia al Espíritu de Dios no permitiendo que este “amor perdonador entre en ellos.”

 

Pero, ¿qué es el Espíritu Santo? ¿Tiene poder por sí mismo o todo esto es un engaño, un espectáculo preparado para entretener a las masas?  “El Espíritu Santo es la actividad de Dios en un sentido universal. La fuerza que mueve al universo tomada como un todo.” (LPR p. 85)  El evangelio de Jesús no llegó de palabras solamente sino también por el poder del Espíritu Santo. A lo largo de las Escrituras encontramos evidencia de la obra que este Espíritu Santo ha realizado en la gran familia humana.

 

Esa invisible y divina actividad sanadora que vemos en el escenario del evangelista es el mismo Espíritu Santo que encontramos en el Génesis moviéndose “sobre la faz de las aguas.” (Génesis 1:2)  El Espíritu Santo es el “aliento” infinito de Dios, la esencia de vida del Ser. (LPR p. 85. La palabra aliento significa: Aire que se expulsa al respirar; vida, impulso vital; vigor del ánimo; soplo del viento; emanación, exhalación; inspiración, y estímulo que impulsa la creación. (DRAE)  El Espíritu Santo fue el aliento de vida, el soplo de Jehová en la nariz del hombre que formó “del polvo de la tierra” haciéndolo un ser viviente. (Génesis 2:7)  Ese mismo Espíritu Santo fue el que descendió del cielo “en forma corporal como de paloma” (Lucas 3:22) cuando Jesús fue bautizado por Juan en el Jordán; porque uno es el Espíritu Santo así como uno es Dios.

 

El Espíritu Santo fue el aliento que salió de la boca de Jesús cuando después que resucitó se les apareció a sus discípulos y les dijo: “¡–Paz a vosotros! Como me envió el Padre así también yo os envío. Y al decir esto sopló y les dijo: –Recibid el Espíritu Santo”. (Juan 20:22)  Y ese mismo Espíritu Santo vive en ti y en mí.  Yo pienso de manera personal que ese Espíritu de Dios es el que ejecuta todo proceso de transformación en nuestro desenvolvimiento espiritual. Todos debemos ser transformados en una nueva criatura en Cristo.  El apóstol Pablo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

 

En la medida en que día a día cambiamos nuestra manera de ser y de vivir, el enfoque de nuestra vida se mueve de lo material a lo espiritual; y somos transformados por la acción del Espíritu Santo obrando en nosotros.  Y esto es absolutamente necesario para lograr ser uno con el Uno; pues en nuestro presente estado no-regenerado la conciencia carnal vive dentro de nosotros separada de la conciencia de Cristo morador.  La mente mortal en cada uno de nosotros, que por causa de los sentidos y los placeres mundanos se ha separado buscando su propia satisfacción, tiene que ser transformada para unificarse y entrar en la mente de Cristo que es la mente real, la  que ha estado en cada uno de nosotros desde el principio.

 

La vitalidad que emanaba del árbol de la vida en medio de nuestro ser se ha degenerado y deteriorado por el uso inadecuado que le hemos dado, malgastando la substancia de vida en placeres desordenados.  A medida que permitimos que la actividad del Espíritu Santo haga Su trabajo en nosotros, la fuente de vida original se va restaurando a su potencia original. Ese es el avivamiento que sentimos cuando “somos llenos del Espíritu Santo”.

 

Entonces conservamos más nuestras energías y nuestra vitalidad dirigiendo nuestras actividades en la dirección que nos señala el Cristo Morador. Todo esto es un proceso individual, interno y confidencial.  El poder del Espíritu Santo es infinito y cuando le permitimos que haga Su obra en nosotros quiebra y desintegra nuestro ego.  Para aquel que se entrega incondicionalmente al servicio de Dios hay un nuevo camino. Y para transitarlo se requiere una transformación de nuestro carácter.  Y el Espíritu Santo lleva a cabo ese proceso de transformación en cada uno de nosotros.  Para algunos este proceso puede darse instantáneamente. Para otros este es un proceso que puede tomar muchos años o muchas vidas.

 

Yo pienso que tenemos una gran oportunidad en esta vida que estamos viviendo.  Pero cada cual tiene que desear hacerse cargo de su propia vida y decidir a qué va a dedicar su mayor esfuerzo. Esto requiere que tengamos un pensamiento claro de nuestro propósito y nuestra misión en esta vida que tenemos.  Lamentablemente no todos estamos claros con nosotros mismos, hoy queremos una cosa, mañana otra y terminamos dedicando nuestro mayor esfuerzo a actividades enteramente mundanas que en nada contribuyen en nuestro desarrollo espiritual.

 

No estamos en este mundo para amasar una gran fortuna; venimos a servir a los demás a través de los talentos y las habilidades que Dios nos ha dado. Ese es nuestro servicio viviente y debe ser el enfoque de nuestra vida.  Nunca mires tu trabajo como un medio para lucrarte, por el contrario, míralo como una manera de servir a tu prójimo. Sigue siendo el mismo trabajo pero el enfoque es totalmente diferente.   En la medida que reconozcamos esto y estemos dispuestos a trabajar en esa dirección, el Espíritu Santo se encargará de transformar nuestro carácter y convertirnos en personas más amorosas y serviciales.

 

Pero recuerda que esto conlleva un esfuerzo consciente de tu parte, pero verás y sobre todo sentirás el poder transformador del Espíritu Santo obrando en tu propio cuerpo que en palabras del apóstol Pablo es “el templo del Dios viviente”. (2 Corintios 6:16)

Te puedo hablar de mi propia experiencia con el Espíritu Santo. Cuando comencé a tomar clases en UnityVillage pensaba que el Espíritu Santo era algo que obraba para unos pocos que disfrutaban de una dispensación especial de Dios.

 

Pero en una clase que tomé titulada “The Mystical Experience” (La Experiencia Mística) hicimos una meditación colectiva y por medio de ella comprendí que el Espíritu Santo vivía dentro de mí. Esta revelación fue dada de una manera muy clara y contundente. Fue una experiencia que jamás olvidaré.    

 

El paso de los años ha dado evidencia de Su poder transformador por la obra que ha realizado y sigue realizando este Espíritu de Dios en mi interior. Pero una vez más te digo que este trabajo del Espíritu Santo en cada uno de nosotros es individual, interno y confidencial.

 

A medida que pasan los años me doy cuenta que el Espíritu Santo desea hacer más en nosotros. Pero este Gran Espíritu no se toma atribuciones ni iniciativas a menos que le demos permiso.  El Espíritu Santo respeta nuestro libre albedrío mientras espera con paciencia el día en que le reconozcamos como el Poder Más Grande del Universo.  Pídele al Espíritu Santo que realice Su obra en ti, pídele que te revele el propósito de tu vida, y con resolución dedícate a cumplir tu misión.

 

Entonces verás como los cielos de la nueva conciencia de Cristo se abren de par en par en tu interior y escucharás la voz de Dios saliendo de tus propias entrañas diciéndote eres “mi hijo amado en quien tengo complacencia.” (Mateo 3:17)

Ese será un momento crucial en tu vida donde sentirás el poder transformador y conmovedor del Espíritu Santo reformándote y convirtiéndote en una nueva criatura en Cristo; ‘las cosas viejas han pasado y todas son hechas nuevas en ti.’

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

Amén. 

 

 

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