La Entrada Triunfal

March 29, 2015

“El siguiente día, grandes multitudes que habían ido a la fiesta, al oir que Jesús llegaba a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo, y clamaban: — ¡Hosana!¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel.”(Juan 12: 12-13)  

Es bueno comenzar el mensaje recordándoles que la palabra Hosana es una expresión hebrea que originalmente significaba ¡salva! y que llegó a usarse como un grito de aclamación o alabanza (Mateo 21:9 nota g).

 

También en arameo significa sálvame o concédeme la salvación. Aquí se utiliza como aclamación y alabanza a Dios. (Juan 12:13 nota m)  Pero metafísicamente la palabra hosanna “representa la obediencia gozosa y el homenaje que rinden todos los pensamientos en nuestra conciencia cuando se vence un estado erróneo.  Una de las características más notables de Jesús fue Su obediencia a Dios y Su capacidad para cumplir con la voluntad de Dios sin hacer ningún tipo de resistencia.

 

Después que Jesús resucitó a Lázaro muchos judíos que habían sido testigos oculares de lo que ocurrió creyeron en Jesús. Y esto hizo que los principales sacerdotes y los fariseos  acordaran matarlo.  Las señales o demostraciones que Jesús hacía lograban que un número cada vez mayor de personas creyeran en Él y esto podía causar una revolución y echar abajo el orden social y político de la nación; y para que muchos muriesen era mejor que solo uno muriese.  Pero de esta manera se estaba desenvolviendo el plan de Dios y Jesús sabía que iba a morir.

 

Grandes hombres en la historia han muerto por sus ideales. Para mencionar  algunos de ellos tenemos a Sócrates, Juana de Arco, Abraham Lincoln, Martin Luther King.  Todos y cada uno de ellos defendieron sus ideales hasta la muerte. Pero solo uno fue y es perfecto, y cumplió a cabalidad la voluntad de Dios y ese fue Jesús de Nazaret.  Jesús nunca hizo ostentación de su poder, fue leal a Dios en todo momento y fue perfecto ante los ojos de Dios. Fue y es ejemplo de lo que tú y yo debemos llegar a ser, o mejor dicho, ejemplo de lo que debemos llegar a convertirnos.

 

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:48) Ese fue el llamado que Dios nos hizo por boca del Nazareno. Y es un llamado permanente al cual debemos dar atención si realmente queremos llegar al próximo nivel en nuestro desenvolvimiento espiritual.  Así como Dios levantó a Jesús, Dios te levantará a ti si puedes y te atreves a creer y actúas con fe y convicción de que Dios no te desamparará.

 

Podrías sentirte desamparado en algún momento de tu vida a medida que desenvuelves el plan de Dios en tu vida, así como Jesús se sintió desamparado cuando dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46)  ¿Pero estaba Jesús desamparado? Ante los ojos de aquellos que lo observaban decir estas palabras parecía como si Dios se hubiese olvidado de Jesús.

Jesús estaba postrado en la cruz, su cuerpo ensangrentado de pie a cabeza, era evidente ante los ojos humanos que ese era el final. Pero, ¿se olvidó Dios de Jesús? ¿Fue realmente aquello el final?

 

Los finales marcan el comienzo de algo nuevo. Cuando Jesús anunció su muerte dijo las siguientes palabras: “ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.”  Para los judíos el Jehová de los Ejércitos con el paso de los siglos se había convertido en un montón de reglas y rituales humanos sin sentido espiritual alguno. Aquella ley mosaica lejos de ser una luz para el progreso espiritual de los hombres se había convertido en un obstáculo en donde el intelecto reinaba supremo sobre la comprensión espiritual manteniendo así al hombre en el cautiverio de la letra.

 

Refiriéndose a esto el apóstol Pablo le habla a los Corintios para que fuesen “ministros de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2 Corintios 3:6)  Tenemos que ser fieles a Dios como Jesús fue fiel a Dios. Cierto es que en lo humano había un orden religioso tal vez representado por el Sanedrín. Jesús tuvo que escoger a quién servir y escogió servir a Dios sobre todas las cosas.

 

En algún momento de tu vida estarás frente a esa encrucijada, o sirves a Dios o sirves a las riquezas. Jesús conociendo esta gran verdad nos dijo: “»Ninguno puede servir a dos señores, porque… estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24)  El sacrificio personal que Jesús hizo no tiene paralelo en la historia humana. Todos sabemos esto, sin embargo, lo hemos puesto en un sitial tan alto que es evidente que hemos establecido una gran separación entre Jesucristo y cada uno de nosotros.

 

Esa no fue la intención de Jesús. Lo dijo y lo demostró con sus acciones. Les dijo: “… porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir.” (Marcos 10:45)  “Y cuando cenaban… se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla se la ciñó; y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla.” (Juan 13:2,4,5)   Esto fue una demostración de amor y servicio a los hombres de este mundo. Y siendo, “Jesucristo el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos   3:8) Su intención no es tanto que lo adoren sino ser instrumento viviente de servicio y amor a cada uno de nosotros.

 

Si no hubiese sido así Él hubiese pedido a Sus discípulos que le adoraran, mas nunca pidió eso, sino que les sirvió en todas las maneras.  Eso no quiere decir que no le adoremos. Pues con sus acciones Jesucristo es mayor y merece todo nuestro respeto y reverencia como el Ser divino que es, como nuestro Ayudador y Señalador del camino y como Hijo de Dios. Pero cuando lo adoremos tenemos que hacerlo de corazón desde el centro de nuestro amor.

 

Pero no olvides que Jesús es el Buen Pastor y “su vida da por las ovejas” (Juan 10:11) y esas ovejas somos cada uno de nosotros.

Cuídate de hacer demostraciones en lo externo como los Fariseos que “hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres” (Mateo 23:5) procura sin embargo, que todo lo que hagas sea para la gloria de Dios.

 

Que tus acciones sean en secreto “y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.” (Mateo 6:6)

El Espíritu dirigió a Jesús en todas Sus acciones y demostraciones. Nunca hubo un interés personal de reconocimiento.

Sin embargo, en Su entrada triunfal a Jerusalén vemos que la multitud lo recibió con mucho entusiasmo. En relación a esto Charles Fillmore comenta lo siguiente:

“La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y la manera como la multitud lo recibió representa un entusiasmo pasajero y externo, el resultado de las demostraciones externas. Esta multitud que fue a recibirlo diciendo “—¡Hosana! Bendito el que viene en nombre del Señor”, lo hizo porque habían sido testigos de la resurrección de Lázaro. Su homenaje a Jesús estaba basado en las “señales” que habían visto, y no en la convicción interna de la Verdad que da fe de los seguidores sinceros. (MJ p. 118)

 

Y ninguno de esos que lo recibieron fueron seguidores sinceros porque en menos de una semana se le fueron en contra y decidieron crucificarlo.  Tal vez en algún momento de tu vida tengas seguidores, pero no te vanaglories de esto, busca servirles de todas las maneras posibles, sigue el ejemplo de Jesús y afirma “no he venido para ser servido, sino que he venido para servir.”

Créanme queridos amigos que me escuchan, esa es una gran enseñanza del Maestro Jesucristo; busca siempre servir a los demás.

Si sigues estas enseñanzas al final triunfarás porque el Cristo siempre triunfa.

 

Entonces podrás afirmar con autoridad y poder: “El Espíritu del que levantó a Jesús vive en mí y soy hecho una nueva criatura, porque en Cristo, soy un vencedor.

 

Dios les bendice si sabiendo estas cosas las hacen.

   

¡Amén!

 

 

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