Salud y Salvación

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” (Santiago 5:15)  

             

La mayoría de las personas han sido dirigidas por ciertos líderes religiosos a creer que el mundo llegará a su final y que habrá una destrucción masiva de la humanidad. Tanto el capítulo 24 del Evangelio de Mateo como el libro de Apocalipsis son citados con frecuencia como soporte a esta visión fatalista de la destrucción y fin del mundo.

 

Por ejemplo en el Evangelio de Mateo capítulo 24 encontramos citas como: “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24: 14)

 

O “… habrá entonces gran tribulación cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” (Mateo 24:22). O, “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor y las potencias de los cielos serán conmovidas.” (Mateo 24:29) “…y allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 24:51)

Hablan de plagas y citarán: “…por  estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres” (Ap. 9:18). O hablan de la batalla de Armagedón, sugiriendo del conflicto final. (Apocalipsis 16:16)

 

Citan segmentos tales como “Entonces hubo relámpagos, voces, truenos, y un gran temblor en la tierra, un terremoto tan grande cual no lo hubo jamás desde que los hombre existen sobre la tierra.” (Ap. 16:18)  Y estos líderes utilizan estas citas de una manera muy cuidadosa para elaborar una doctrina fatalista del fin del mundo. Lo que no te dicen es que cuando Jesús hizo estas expresiones se estaba refiriendo la destrucción el Templo y especialmente la destrucción de Jerusalén por parte del ejército romano la cual tuvo lugar en el año 70 D.C.

 

En cuanto al libro de Apocalipsis, muchas personas se fascinan por el poder descriptivo del lenguaje, que es rico en símbolos y visiones pero que encierra un mensaje de fe.  Para la persona común, que acostumbra interpretar las Escrituras de una manera literal la lectura de este libro le produce una experiencia tal y como si estuviese viendo una película en donde se le van presentando todos los eventos de la destrucción y el final del mundo.

 

Y de hecho, se han hecho muchas películas basadas en este enfoque acerca del fin del mundo.  Entonces algunos líderes religiosos aprovechan estas historias acerca del fin del mundo para inducir miedo en sus congregantes con el propósito de ganar seguidores. El tema casi siempre es Salvación y el fin del mundo.  Así van hilvanando un conjunto de creencias y una doctrina acerca del final del mundo exhortando a las personas a que se arrepientan para que se salven. Dicen cosas como: “si te portas bien vas a ir al cielo y vivirás eternamente con Dios, pero de lo contrario irás al infierno por toda la eternidad.” Esto se parece mucho a lo que nos decían cuando éramos niños; “Si te portas mal Dios te va a castigar.”  Pero en realidad muchas personas no entienden qué significa realmente el “fin del mundo”.

 

Cuando hablamos “del fin del mundo” estamos refiriéndonos literalmente a la conclusión de este eón. Esto no se refiere al mundo físico, sino a la era o edad presente; o individualmente, al fin de cierto estado de conciencia. (LPR p. 97)

Debemos aprender que no existe un final definitivo, que la vida se desenvuelve en etapas y que cada final marca el comienzo de algo nuevo.

 

Obtenemos la salvación si logramos cumplir con los requisitos necesarios para dar el salto cuántico al próximo nivel en nuestro proceso de desenvolvimiento espiritual.  Nota que la palabra ‘salvación’ viene de la palabra “salvar” y una de las definiciones de salvar es “vencer un obstáculo pasando por encima o a través de él.” (DRAE)

 

Si no cumplimos con el requisito no podremos dar el salto al próximo nivel de consciencia.  Es como estar en la escuela, “nos salvamos” por así decirlo cuando pasamos de grado, y nos condenamos cuando tenemos que repetirlo.  Y uno de los obstáculos que tenemos que vencer lo encontramos en el estado de salud de nuestro propio cuerpo. Un cuerpo enfermo es un cuerpo deteriorado que no está funcionando plenamente.

 

Las creencias de la raza en cuanto a las enfermedades han penetrado en nuestro sistema de creencias y decimos cosas como “voy a morir de un ataque al corazón porque todos en mi familia han muerto de la misma causa.”  Y ver la vida en general desde esta perspectiva es ver la vida erróneamente y en cuanto a nuestro estado de salud se refiere no estamos viéndonos correctamente. Nuestra visión es errónea y la raíz del pecado es la ignorancia y el error.

 

Ver nuestro cuerpo menos que perfecto es verlo erróneamente y estamos faltando a la verdad y por eso estamos pecando. Porque ese cuerpo que tú tienes lo creó Dios y tú como creación de Dios has sido creado a Su imagen y semejanza y por ende has sido creado sano y perfecto.  En este punto encontramos el eslabón perdido entre el pecado, la salud y la salvación.  El enfermo es un pecador porque vive en el error de que su cuerpo no es perfecto. Piensa todos los días en su imperfección e impedimento y no concibe que en espíritu y en Verdad la perfección mora en él porque el Cristo vive corporalmente en él como la plenitud de la Divinidad.

 

El enfermo se juzga a sí mismo por las apariencias y sufre en carne propia el resultado de esa visión distorsionada, o lo que llamo miopía espiritual. Es como el que está teniendo una pesadilla y mientras duerme lo siente tan real que cuando despierta está tembloroso y sudoroso.  Y mientras te concibas a ti mismo como un ser débil y enfermizo estarás viviendo en el error o sea en el pecado y no podrás ser salvo hasta que no seas sano.  El remedio a esta condición está en las palabras del apóstol Santiago: “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.”

 

El Maestro Jesús también explica esta relación entre pecado, sanación y salvación cuando le dice a uno de diez leprosos que fueron sanados: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” (Lucas 17:19)   Ciertamente existe una relación directa entre el pecado, el perdón, la sanación, la salvación y la vida eterna.  La salvación viene como resultado de un cambio en consciencia; del pecado a la rectitud. Y la rectitud es reconocernos como lo que verdaderamente somos.

 

“La rectitud es un estado de armonía establecido en la consciencia mediante el uso correcto de los atributos que Dios nos ha dado.” (LPR p. 195). Por ejemplo, mediante el uso correcto de la voluntad, de la fe, de la vida generativa. Este uso correcto de estos atributos o facultades espirituales “nos conduce directamente a la vida eterna”. (LPR p. 195)

 

Cuando vemos las cosas rectamente las vemos verdaderamente, esto es a la luz de la verdad.  Y “la verdad trabajando en la conciencia, manifestará la salvación perfecta del hombre íntegro —espíritu, alma y cuerpo— y la rectitud se expresará en todos sus asuntos.” (LPR. p.195)  De modo que es imposible alcanzar la salvación sin tener un cuerpo sano y perfecto. Es imposible alcanzar la vida eterna a menos que no podamos expresar un cuerpo íntegro y perfecto.

 

Y para poseer un cuerpo sano y perfecto tenemos que liberarlo del pecado y el error. Tenemos que empezar a tratar nuestro cuerpo como lo que verdaderamente es, el templo del Señor y debe ser utilizado para propósitos nobles y conforme a la voluntad de Dios, que es “agradable y perfecta”.  Querido amigo que me escuchas, procura mantener tu cuerpo y tu alma en óptimas condiciones de salud. Esto es salud mental y corporal.

 

Haz todo lo que esté a tu alcance por mantener un estado de paz y armonía en todo tu ser. El cuerpo necesita ser respetado como lo que es, el templo del Dios viviente y necesita ser alimentado correctamente y ejercitado frecuentemente para mantener su movilidad.  En cuanto a tu alma se refiere, nútrela con pensamientos positivos fundamentados en la Verdad. Purifícala eliminando todo tipo de emociones negativas. Procura vivir la vida sencilla en armonía y paz.  Nuevamente, te aseguro que es imposible la salvación, sin la sanación total. Y no es posible la sanación total a menos que salgamos del error o del pecado.

 

 La segunda venida de Cristo llega a ti desde el momento en que te haces consciente de que Cristo vive en ti como la plenitud de la Divinidad.

 

La salvación es un proceso que comienza a desenvolverse en ti cuando comienzas a sanar en mente y cuerpo. Cristo, el que vive en ti tiene el poder para salvarte. El en sí mismo tiene vida eterna. Tuya es la decisión y en ti está la solución.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces. ¡Amén!

 

 

 

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