Por qué Dios no contesta mis oraciones

September 20, 2015

“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. (Juan 7:24)

        

El mayor reto que enfrenta toda la familia humana es vencer ese sentimiento de separación entre el hombre y Dios.

Y es así porque la idea de un Dios lejano morando allá en el cielo está tan difundida y los pensamientos relacionados con esta visión y concepto de Dios están solidificados en la conciencia social de la raza humana.

 

Aún nosotros, los estudiantes de la verdad, a menudo oramos a un Dios distante y separado de nosotros.

 

Conociendo la verdad acerca de la naturaleza de Dios y su relación con cada uno de nosotros, optamos por continuar expresando en nuestras oraciones, ese sentimiento de separación, especialmente en momentos de crisis en nuestras vidas.

 

Se nos olvida con una facilidad espantosa la verdad enunciada por el apóstol Pablo: “…en él vivimos nos movemos y somos…”

 Y en oración esa parte humana en cada uno de nosotros le pide a Dios provisión y satisfacción a sus necesidades humanas.

Y para cada necesidad humana visualizamos un proceso, canal u objeto mediante el cual Dios proveerá o satisfará nuestras necesidades y hasta nos atrevemos a mencionar por nombre el medio mediante el cual Dios obrará.

 

Por ejemplo, podríamos llamarlo el premio mayor de la lotería, un empleo en la compañía XYZ, estudiar en la UASD, un apartamento en los Cacicazgos, etc. Y aunque no está mal, estar definido en cuanto a lo que uno desea, debemos utilizar la sabiduría para entender que Dios puede tener mejores planes para nosotros. Debemos tener la sabiduría para no apegarnos a un resultado específico; debemos buscar la esencia que está detrás de nuestras peticiones de oración.

 

Siguiendo nuestro ejemplo anterior, en vez de pedir sacarnos el premio mayor, podemos pedirle a Dios los recursos financieros para pagar tal o cual préstamo, o un empleo que ofrezca un ambiente de trabajo acogedor y buenos beneficios marginales, o una buena y competente institución educativa que ofrezca las materias que necesito para mi preparación profesional, o una buena vivienda en un buen vecindario.

 

Debemos saber que Dios obrando como substancia yace detrás de toda forma manifestada y obrará buscando el modo más efectivo de satisfacer nuestras peticiones de oración. Tienes que entender que Dios siempre contesta nuestras peticiones de oración pero no necesariamente de la manera o forma en que tú estás pensando o visualizando.

 

Podrías preguntar: ¿entonces por qué se nos dice que visualicemos aquello que deseamos tener? Y la contestación es porque estimula a la mente subconsciente a manifestar eso que estás visualizando. No te estamos diciendo que no visualices, te estamos diciendo que visualices rectamente, correctamente. Y al visualizar eso o algo mejor, deja que “lo mejor” lo decida Dios.

 

Yo he tenido estudiantes que han tomado un curso de prosperidad, y que se me han acercado diciéndome: —“desde que comencé a tomar ese curso he entrado en una crisis económica severa. Mis oraciones por prosperidad no han sido contestadas, Todo lo contrario, financieramente estoy peor que antes.”

 

Cualquier similitud con alguna experiencia en la vida de ustedes es pura coincidencia.

 

Pero Jesús conociendo estas cosas nos dijo: —“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24) ¿Qué nos está diciendo Jesús? Jesús nos está diciendo que no juzguemos a la ligera, que vayamos más allá para ver qué es lo que está detrás de la situación que estamos enfrentando.     

 

Esa persona que piensa que sus oraciones de prosperidad no ha sido contestadas está juzgando según la apariencia y no con comprensión espiritual. Lo primero que tiene que preguntarse la persona es: ¿para qué están ocurriendo esas condiciones de carencia en su vida? Y así como la vida es consciencia tenemos que saber que Dios es vida y si Dios es vida también Dios es consciencia. Entonces el próximo paso es buscar qué está ocurriendo en la casa de tu consciencia.

 

Tenemos que saber y todos sabemos que detrás de las crisis surgen nuevas oportunidades. Y lo más probable es que esos pensamientos y sentimientos habituales de “no puedo”, “no tengo” o “no hay suficiente” estén batallando fuertemente en nuestra consciencia contra los nuevos adversarios, los pensamientos de abundancia y toda suficiencia en todas las cosas.

 

Y ustedes saben que en cualquier batalla hay consecuencias desastrosas. En esta batalla los pensamientos habituales negativos buscarán prevalecer y proteger su territorio de la invasión de los “nuevos adversarios”. Y para lograr esto buscarán a toda costa  manifestar condiciones limitantes en nuestra vida para mantenernos en cautiverio y convencernos de que la escasez es la verdad acerca de nosotros. Y así perpetuar su morada en nuestra conciencia.

 

Lo mismo ocurre cuando pedimos sanación. Por ejemplo, si tienes alguna condición de salud y haz orado por sanación, no debes condicionarla a un canal específico o un método particular. El remedio podía ser una dosis tres veces al día por treinta días de Emulsión Scott, o mejor dicho, aceite de hígado de bacalao.

 

¿Qué Dios no contesta mis oraciones? Claro que sí; Dios siempre contesta nuestras oraciones. “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado la dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mateo 7:9-11)

 

Ciertamente Dios contesta todas nuestras oraciones, Ahora bien puede que no te guste el remedio a tu problema o situación, pero seguro que te sanará de tu condición.

 

Y así es con nuestras oraciones, tal vez pensemos que Dios no ha contestado nuestras oraciones porque no se ha manifestado lo que pensábamos que era el remedio o la provisión o la contestación que estábamos esperando.

 

Pero Dios ve las cosas desde una perspectiva más alta de la que tú y yo podemos ver. Y ciertamente esto es así porque escrito está: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:9)

 

Mi esposa y yo teníamos apenas de cuatro a cinco años de casados. Deseábamos profundamente prosperar y soñábamos con tener nuestro propio negocio. Pensamos en un negocio de distribución de ropa. Mi esposa decidió dejar un trabajo bien remunerado el cual no le satisfacía para lanzarse en esta aventura. Hicimos una inversión y compramos un inventario. El negocio comenzó a desenvolverse. Varios meses más tarde se nos acercó un amigo para que hiciéramos una inversión en un Car Wash a cambio de un porcentaje de las acciones de la empresa y de sus beneficios. Aceptamos hacer la inversión y para apoyar el Car Wash trabajaba los sábados y domingos de sol a sol.

 

El negocio de distribución apenas daba para cubrir sus gastos, pero tenía una deuda acumulada de la inversión en el inventario que tenía que pagar mensualmente.

 

El Car Wash no estaba generando ganancias. Era un tiempo de crisis económica.

 

Y en medio de esa crisis decidimos comenzar a diezmar y de esta manera respaldar nuestras oraciones con fe y acción.

Lo que estábamos esperando era que el negocio de distribución comenzara a florecer; y que el Car Wash comenzará a generar jugosas ganancias sin yo tener que ir a trabajar los fines de semana.

 

Sin embargo Dios tenía otros planes. No pasó mucho tiempo cuando llegamos a la conclusión de que la inversión en el Car Wash se había perdido en su totalidad. Se habían perdido varios miles de dólares.

 

El inventario que teníamos en el negocio de distribución se vendió regalado, lo cual representó una pérdida sustancial en dinero.

En mi trabajo me ofrecieron un pasaje de ida a República Dominicana a hacerme cargo de una operación de manufactura que deseaban instalar o si no aceptaba me quedaría sin empleo. Sin otra alternativa, optamos por mudarnos acá con un contrato de trabajo por dos años sin garantía de que cuando volviéramos a PR tuviese trabajo en la misma compañía.

 

Cuando vine al país me encontré que estaba atravesando una profunda crisis económica. La crisis del año 1990. Pueden ustedes ver el cuadro general, de dónde venía y a donde llegué.

 

¿Creen ustedes que esta era la respuesta que estábamos esperando a nuestras oraciones?

 

Esta no era la respuesta que esperábamos de nuestras oraciones. Sin embargo, sentí en mi corazón que Dios estaba a cargo y que todo iba a mejorar a pesar de las apariencias. Y así fue. Todo cambió y poco a poco comenzamos a prosperar, lentamente pero seguramente y nuestras oraciones fueron contestadas.

 

No necesariamente a nuestra manera sino a la manera de Dios. ¡¿Qué si Dios contesta nuestras oraciones?! ¡Claro que sí!, puede ser que el remedio inmediato no te guste, pero a la larga será lo mejor para ti.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas, las haces.

 

Amén. 

 

 

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