Nueva Vida a una Raza Agonizante

“Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. ” (Juan 6:35)

 

Cuando yo leí por primera vez esta cita bíblica me pareció pura poesía, imaginé a Jesús hablando metafóricamente, así como declaman los poetas líricos.

 

Me parecían meras palabras que salen de la boca pero sin ningún tipo de agarre a las necesidades humanas y mucho menos a las necesidades del momento.  Pensé en los discursos de los políticos en medio de sus campañas políticas prometiendo todo tipo de bienestar al pueblo si ellos son elegidos. Promesas que muchas veces nunca se cumplen a cabalidad.  Pero a medida que he ido despertando espiritualmente encuentro que Jesús no tenía nada de político; que Jesús vino porque había una necesidad en la raza humana.

 

Dicen Las Escrituras que apenas comenzando Su ministerio Jesús “Vino a Nazaret, donde se había criado; y el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Se le dio el libro del profeta Isaías y, habiendo abierto el libro halló el lugar donde está escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor.» Enrollando el libro, lo dio al ministro y se sentó. Los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a decirles: —Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros.” Dicen las escrituras que todos se admiraban de las palabras que salían de Su boca.

 

¿No les parece esto el cuadro de una raza agonizante que necesita asistencia de emergencia? La situación en aquel tiempo era económica y políticamente difícil para los judíos; Roma exigía el pago de impuestos y tenía dominio militar sobre los judíos.

 

Y en la parte humana, por así decirlo, había mucha necesidad. Este cuadro muy bien podría representarse con un paciente en cuidado intensivo sufriendo una hemorragia requiriendo una transfusión de sangre de emergencia.

 

Pues bien, en cuanto a Dios y a la humanidad se refiere no había una relación significativa entre las partes, había una consciencia de total separación y era necesario restablecer la salud espiritual de la raza humana.

 

Los fariseos, que eran uno de los principales grupos religiosos en tiempos de Jesús, observaban el cumplimiento de la Ley en la letra pero no en el espíritu.  Jesús se dio cuenta de esto y por eso le dijo a la mujer samaritana: “Dios Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren.” (Juan 4:24).  Hoy día hay muchas personas que siguen prácticas farisaicas adorando estatuas, santos, y repitiendo oraciones como el papagayo entre otras cosas más. Para mí eso es adorar en la letra y no en espíritu.

 

Todavía existe en la raza humana y ciertamente en cada uno de nosotros, necesidades físicas como espirituales. Tenemos muchas heridas, algunas físicas y una gran cantidad de heridas emocionales que tenemos que sanar.

 

Nuestra vida se va desgastando y deteriorando y la persona que no logra establecer una relación significativa, o de naturaleza espiritual con Jesucristo, o Dios o el Cristo morador terminará desintegrándose.  Así pasa con la mayoría de las personas que pasan toda su vida viviendo en la circunferencia de su existencia, personas que nunca llegan a conocer realmente quienes son, y mucho menos el propósito que Dios ha establecido para sus vidas.

 

Lamentablemente el que así vive llegará el momento en que padecerá todo tipo de males, males en el cuerpo, en las relaciones interpersonales y en sus finanzas.  Y el único remedio real para todos estos males es una transfusión de sangre para poder avivar el alma y por ende levantar el cuerpo. Y esa fue la misión de Jesús.  En el transcurso de mi vida he escuchado a muchos líderes religiosos hablar despectivamente de las cosas materiales. Cualquiera pudiera decir al escucharlos que son enemigos de los ricos y amigos de los pobres.

 

Y pensar así es perder la perspectiva acerca del problema real y de la solución a éste.  Puedes en este mismo momento estar pasando por todo tipo de vicisitudes: puedes estar en aprietos financieros, puedes estar a punto de perder tu casa, puedes estar internado en un hospital, puedes estar en procesos de divorcio después de una relación matrimonial de treinta años.

 

Y todo esto es real, pero ante todo, lo que cuenta es donde está el enfoque de tu consciencia. Jesús vino a rescatarnos y nos dio el suero de la nueva vida.  Recuerda esto, tú no eres tu cuerpo, lo que físicamente vemos. Tú realmente eres, espíritu, alma, cuerpo y tus circunstancias. Sí, tus circunstancias es parte de lo que eres, tus circunstancias son tu cuerpo extendido más allá de sus límites físicos.

 

Y para sanarnos tenemos que trabajar con tres cuartas partes de lo que somos y permitir que una cuarta parte haga su trabajo. Así de sencillo.  Me explico; esa cuarta parte que tiene que hacer el trabajo es nuestra naturaleza espiritual. Tenemos que empezar a adorar a la presencia de Dios que mora en el centro de nuestro ser. Esa presencia divina es Espíritu y tenemos que adorarla como lo que es, en espíritu y en verdad.

 

Cristo encarnado en cada uno de nosotros es el Pan de Vida y tenemos que apropiárnoslo en consciencia y tener fe en Él. Y a medida que nuestra fe se va fortaleciendo las demostraciones van surgiendo, como dicen algunos, los milagros se van realizando, y nuestra vida se va transformado de las tinieblas a la luz, del desorden al orden, del vacío a la plenitud, de la insatisfacción a la satisfacción en todas las cosas, de la insuficiencia a la Toda Suficiencia, de la enfermedad a la salud, y de la tristeza al gozo en el Señor.

 

Si por tu mente están pasando pensamientos de incredulidad, te reto aquí y ahora a que te atrevas a creer, para que veas la gloria del Señor.  Comienza alimentarte espiritualmente y disponte a hacer lo que dijo Jesús: “—Mi comida es que se haga la voluntad del que me envió y acabe su obra.” (Juan 4:34)

 

El que adora a Dios en espíritu y en verdad cuando tenga hambre será alimentado, cuando tenga todo tipo de estreches en su vida será saciado sobreabundantemente. Pero para esto tienes que estar dispuesto a que el espíritu haga su trabajo en ti.  Tienes que permitir que se realice en ti una transfusión de substancia y vida divinas.

 

Todos aquellos de nosotros que estamos pasando por la agonía de la vida tenemos que detenernos y saber que es tiempo ya de comenzar a abrir la brecha y disolver la consciencia de separación. Tenemos que empezar a sentir a Dios vibrando dentro de nuestro ser y tenemos que cambiar nuestra perspectiva de nosotros mismos.

 

Tenemos que hacer el hábito diario de la oración, la meditación y el silencio, y sobre todo permitir que Dios y el Espíritu Santo hagan su trabajo en y a través de nosotros.  Ya Jesús cumplió con la misión que se le encomendó. Ya Él terminó su obra.  Sabemos que la raza humana es grande, de hecho es inmensa y los problemas también son de igual magnitud, pero al final del día quedas tú y solo tú.

 

Y tú que me estás escuchando en este momento tienes que decidir qué vas a hacer con tu propia vida. Si vas a seguir dando tumbos, sufriendo los altibajos de la consciencia humana o si vas aceptar la Nueva Vida que Dios te ofrece.

 

Y por tu propio bien te recomiendo que te hagas cargo de tu propia vida y tomes las decisiones que Dios ha estado esperando que tomes por largo tiempo, decisiones que sabes que son importantes para tu propio bienestar espiritual, personal y circunstancial. 

 

Decisiones que sabes que tienes que tomar, porque son importantes para ti pero que hasta el día de hoy has estado rehuyendo la responsabilidad que éstas conllevan. Y las razones tú las sabes y las excusas que has utilizado para no tomar la decisión tú también las conoces.  Y estas oscilan de un extremo al otro en el espectro de la falta de fe. Desde no tengo tiempo, hasta “mañana lo hago.” Pero recuerda que en este caso la no-decisión es una decisión.  Esa parte nos toca a cada uno de nosotros.

 

La Verdad es que todos necesitamos una inyección de Nueva Vida; la aguja nos podrá doler al principio, pero cuando se abra la brecha y empiece el fluir divino sentirás alivio y satisfacción espiritual. Sabrás sin duda alguna que esa sustancia y vida divinas son satisfacción y sanación para el alma.

 

Pero tienes que empezar y recorrer el camino que tienes por delante. Y para llegar es necesario introducir la aguja y romper el golfo de separación entre el suero y el organismo.

 

No quiero terminar este mensaje sin citar unas palabras del Rev. Eric Butterworth:

 

Soy sólo uno, pero uno soy.

No puedo hacer[lo] todo, pero algo puedo hacer.

Lo que puedo hacer, [lo] debo hacer.

Y lo que debo hacer,     

por la gracia de Dios lo haré.

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!

 

 

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