Pasos para demostrar abundancia

“El Todopoderoso será tu defensa y tendrás plata en abundancia.” (Job22:25)

 

La palabra abundancia es sinónimo de prosperidad para muchas personas. Escuchamos a líderes religiosos hablar de la vida abundante de Dios.

 

Y les escuchamos repetir las palabras de Jesús: “… yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.” (Juan 10:10)

 

Pero muchos nos quedamos vacíos al escuchar esta promesa porque del dicho al hecho hay un largo trecho. Y ese trecho nadie nos dice como recorrerlo.

 

Hoy estamos aquí reunidos para explicar los pasos que debemos dar para demostrar abundancia en nuestras vidas. Espero ofrecerte pasos concretos que puedes dar para comenzar a transformar tu vida de la indigencia a la afluencia, de la escasez a la toda suficiencia en todas las cosas.

 

El primer paso es simple y llanamente tener fe. Sí, tener fe, tener fe en que las palabras que dijo Jesús no son meras palabras sino que son verdades espirituales y que en Cristo podemos expresar y vivir en abundancia.

 

Nuestra responsabilidad es hacer crecer la semilla de la fe en cada uno de nosotros; desarrollar esa facultad espiritual diariamente, en nuestras actividades cotidianas y en nuestras metas y objetivos.

 

Puesto de una manera directa, tienes que empezar a sentir que tú puedes; porque no vas a poder ser capaz de lograr nada a menos que empieces a sentir que puedes lograrlo.

Cada uno de nosotros tiene necesidades individuales que tiene que satisfacer y no hay mejor proveedor que el Cristo morador en cada uno de nosotros, el que todo lo ve y todo lo sabe, el que tiene las ideas y las respuestas a nuestras necesidades inmediatas, al que podemos ir en auxilio infalible.

 

Muchas veces una idea es todo lo que necesitamos para salir del estancamiento. Parafraseando a Víctor Hugo, ‘no hay nada más poderoso que una idea a la cual le ha llegado su tiempo.’

La idea llega y nuestro trabajo es desarrollarla y actuar con fe. Por consiguiente este es el primer gran paso, tener fe y actuar con fe.

 

Porque se nos olvida muy fácilmente que Dios no tienes otras manos que las tuyas y las mías y que Dios no puede hacer más por ti que lo que puede hacer a través de ti.

 

Y óiganme bien, no es suficiente saber esto, de hecho el saber esto no cambia nuestras vidas, no nos transforma. Lo que cambia nuestras vidas y nos transforma es la determinación de comprometernos a llevar a cabo esta enseñanza en nuestras vidas.

 

Y este es el segundo paso: compromiso y determinación. Es comprometernos con una causa. Tal vez ya sea tiempo de que te comprometas a ver abundancia en todas partes.

 

Hace un par de días fui a reparar mi maletín y mientras esperaba, conversaba con una joven acerca de las riquezas y recursos naturales de nuestro país. Le decía que la gran mayoría de las personas que se van en yola para Puerto Rico no ven estas riquezas, ni la abundancia de recursos naturales que tenemos.

 

Le decía que a diferencia de Puerto Rico, este país tenía minas de oro y plata, metales preciosos, evidencia de la riqueza material que existe en esta tierra pero hay mucho más que eso.

La mayor riqueza de esta tierra está en su gente. Cada persona que conscientemente decide comprometerse, representa y es un potencial de riqueza extraordinario.  Y cuando nos unimos en unidad de propósito, nada será imposible. Lo cual nos lleva al tercer paso. En unidad de propósito creamos abundancia.

 

Pero primero lo primero, y es que tienes que unirte en unidad de propósito con tu Cristo morador. Reconócelo como el Señor de tu ser y permite que Su divina voluntad sea el norte de tu vida. Él sabe lo que te conviene, Él sabe lo que es mejor para ti.

 

Luego entonces busca unir a las personas para trabajar en equipo y lograr metas comunes. Y la aplicación inmediata es trabajar por la unidad familiar. Crear un propósito común por el cual luchar, establecer metas comunes e importantes para los miembros de la familia en general.

Y cuando cada uno se alinea en la dirección establecida grandes cosas se logran y habrá abundancia en todas partes.

 

Tomemos el ejemplo de Jesús. Al comienzo de su ministerio lo primero que hizo fue reclutar su equipo de trabajo. Les enseñó la Palabra y los transformó de una manera profunda y significativa.

 

Entonces después que resucitó se Les apareció a sus discípulos y reprochándoles su incredulidad les dejo una sola tarea: —“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15)

 

Estas palabras fueron precursoras del Cristianismo, un movimiento que sigue expandiéndose hasta el día de hoy, y nunca ha parado de crecer. ¿Qué te parece?

 

Ahora mira a tu alrededor, esta es tu comunidad espiritual, y estas son las enseñanzas que aquí predicamos; y a ti que me escuchas te pregunto; ¿quieres abundancia en tu vida?, entonces procura que dondequiera que estés haya crecimiento, expansión y mayor vida.

 

Y esta es el cuarto paso para crear abundancia. Por medio de la palabra imprime el sentimiento de crecimiento, de expansión y mayor vida dondequiera que te encuentres.

 

Observa que este año nosotros tenemos un lema: y ¿cuál es nuestro lema? Juntos crecemos en unidad de propósito. Personalmente les puedo decir que admiro las iniciativas que muchos de ustedes se han tomado para traer a sus amigos y familiares a esta comunidad espiritual. Ese es un trabajo de amor al prójimo, pues el deseo que está detrás de la invitación es el compartir la buenas nuevas.

 

El trabajo se está haciendo, juntos crecemos en unidad de propósito. El mismo Jesús tuvo que conformar un equipo de trabajo para lograr Sus propósitos divinos.

 

Y cada uno de ustedes tiene la responsabilidad de llevar estas enseñanzas al próximo nivel dondequiera que se necesiten. Estas enseñanzas cambian vidas y sirven de inspiración a muchas personas. Dios espera por ti, tú decides si vas o no a crear abundancia en tu vida. La Fuente está en ti buscando la oportunidad de expresión.   Utiliza tus palabras para alabar y bendecir.  Y el quinto paso es desarrolla una consciencia de abundancia y dale mantenimiento diariamente.

 

Que tu primer pensamiento todas las mañanas al levantarte sea visualizar a Dios en ti como Fuente de plena abundancia en tu vida. Busca ver abundancia en todas partes. No te identifiques con nada menos que abundancia. Nunca mires lo que te falta, alaba y bendice todo lo que tengas.

 

Myrtle Fillmore, cofundadora de nuestro movimiento dice: “La labor que Dios nos designa nunca demanda de nosotros más de lo que podemos hacer cómodamente. Y Él nunca nos obliga a ignorar el desenvolvimiento del modelo del Cristo en nosotros. Cuando actuamos como Dios quiere, Él se ocupa y cuida maravillosamente de nosotros, no siempre trayendo provisiones delante de nosotros, sino enseñándonos cómo usar nuestros recursos [y talentos]. …la voluntad de Dios para todos Sus hijos es que tengan abundancia. Y es nuestro privilegio meditar a cerca de esta Verdad declararla y esperar que ésta sea demostrada en nuestras vidas. —Las Cartas Sanadoras

 

No hay duda de que Dios desea abundancia para cada uno de nosotros. Ese es un  regalo que solo Dios nos puede dar y Su amado hijo Jesucristo nos lo dijo claramente.  Pero la clave está en que es nuestro privilegio apropiarnos de este regalo. Piensa por ejemplo, que alguien se te acerca y te ofrece sosteniendo con sus dos manos un bizcocho, es un regalo para ti. Tú decides extendiendo o no tus manos si lo aceptas o no.

 

Así mismo es con los regalos de Dios. Dios nos ofrece el regalo de la abundancia pero nosotros tenemos que apropiarnos de ese regalo, tenemos que tomarlo y usarlo.

 

Cuando te apropias conscientemente de la abundancia que Dios te ofrece ya sea por el canal que Él decida, tuya es la abundancia por derecho de consciencia. Habrás probado esta gran verdad en tu vida porque nada te faltará.

 

Entonces podrás declarar con autoridad las palabras de Jesucristo: “Todo lo que tiene el padre es mío;” (Juan 16:15) porque “de Dios es la tierra y su plenitud” (Salmo 24:11)

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!

 

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