En el gozo y alegría descansa mi libertad

“»Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo… y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación.» ” (Habacuc 3:17-18)

 

El gozo y la alegría son sinónimos y también son sentimientos. El diccionario define la palabra gozo como “un sentimiento de complacencia en la posesión, recuerdo o esperanza de bienes o cosas apetecibles.” Luego añade: “Alegría del ánimo.” (DRAE)

 

Nuestra comunidad espiritual tiene sus particularidades. Si yo fuese a clasificar nuestra congregación podría decir que somos una comunidad predominantemente alegre. Nuestra música es alegre y se nota alegría en todas partes.

 

Pero a nuestra comunidad llegan personas tristes, pasando por situaciones y desafíos dolorosos que necesitan consuelo, paz y liberación de ese tipo de condiciones.

 

Personas que buscan incesantemente ser felices y no pueden lograrlo. No pueden alcanzar satisfacción en la vida y viven amargadas, sufriendo y llorando frecuentemente.

 

Ahí está nuestro Ministerio de Oración haciendo su labor, orando para levantar el ánimo y alegrar a esas personas. Y a medida que continuamos aprendiendo y conociendo cada día más la naturaleza de Dios descubrimos que ese gozo y alegría solo lo puede dar el Espíritu de Dios que mora en cada uno de nosotros.

 

Y a nosotros nos toca cultivar esa semilla del gozo y la alegría que está en nuestros corazones. Y la cultivamos observando el tipo de pensamientos que estamos utilizando de abono a esas semillas.

 

Ahora bien, ¿qué es el sufrimiento y por qué sufrimos? El sufrimiento es separación (pérdida), insatisfacción, frustración, impotencia, apego a cosas materiales; es producto del pensamiento erróneo.

 

Y estos estados de consciencia nos mantienen en cautiverio, el que sufre normalmente busca liberación de su condición porque se siente preso de la misma.

 

Jesús nos dice que conoceremos la Verdad y ésta nos hará libres. Y la Verdad es que Dios nos ha creado libres, con libre albedrío, esto es con la libertad de pensar y actuar como deseemos.

Y cuando pensamos conforme a la Verdad encontramos liberación, libertad, gozo, alegría y entusiasmo por la vida.

 

En cuanto al sentimiento de desamparo, la Verdad es que nunca estamos desamparados porque Dios vive en nosotros y Dios es nuestro amparo. Pero cuando pensamos erróneamente pensamos que Dios está fuera de nosotros y distante y que de algún modo tenemos que hacer un esfuerzo sobrehumano para lograr llegar a Él.

 

La Verdad es que nada se pierde en el universo, porque todo está sujeto a la Ley de Conservación o la de Transformación. Físicamente podemos llorar la pérdida de un ser querido, pero ¿está perdido ese ser?

 

La Verdad es que ese ser no está perdido, su esencia permanece en este universo, sencillamente está en otro plano de desenvolvimiento espiritual. Sin embargo, podemos pensar en ese ser querido y recordar momentos alegres.

 

En cuanto al sentimiento de insatisfacción, podemos decir que detrás de él existe un sentimiento de carencia. Pensamos que la causa de nuestra insatisfacción es por la falta de eso que buscamos o queremos conseguir.

 

Pero la verdadera causa de nuestra insatisfacción está en nuestra incapacidad de reconocer que en Dios está todo lo que necesitamos para sentirnos satisfechos porque la Verdad es que Dios es satisfacción, sí, Dios es satisfacción de todas nuestras necesidades.

 

A veces nos podemos sentir insatisfechos por nuestro desempeño como seres humanos. Pero cuando vamos a Dios en oración y callada meditación se nos revelará qué hacer, el cuándo y el cómo hacerlo para erradicar esa condición en nosotros.

 

Y, ¿qué podemos decir de la frustración? Cuando nos sentimos frustrados es porque pensamos que hemos fracasado o fallado en dar en el blanco. O en lograr alcanzar algún objetivo.

Pero la Verdad es que el fracaso aparente a menudo es un escalón para algo más alto. (LPR p. 98) Tenemos que saber que si algo no viene es porque no conviene. Que cuando una puerta se cierra otras se abren. 

 

Los padres en algunas ocasiones se sienten insatisfechos y frustrados con el desempeño o comportamiento de sus hijos.

 

En casos como esos debemos mantenernos en oración receptivos a la guía y la instrucción de Dios manteniendo siempre nuestra fe en alto, en la alta vigilia y no permitiendo que ese sentimiento de frustración domine nuestro estado emocional y nuestro ánimo en general. Solo Dios conoce el corazón del ser humano y solo Dios tiene las respuestas y la solución de esos conflictos.

 

El apóstol Pablo nos exhorta a “en lo que requiere diligencia” que no seamos perezosos, que seamos “fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza,…constantes en la oración.” (Romanos 12:11-12)

 

Cuando reconocemos a Dios y a Su divina actividad, el Espíritu Santo, como fuente inagotable de satisfacción, dejamos de depender de cosas externas y podemos ir paulatinamente logrando mayores niveles de satisfacción por periodos más largos. 

 

Cuando nos apegamos a cosas externas estamos poniendo nuestro gozo y felicidad en un fundamento muy frágil. Solo la pérdida nos creará un gran sufrimiento. 

 

Claro está, existen personas que disfrutan del sufrimiento, como los masoquistas y también hay otros que manipulan su sufrimiento buscando así controlar las vidas de personas allegadas a ellos; pero estos son casos patológicos y están fuera del alcance de este mensaje y estas personas deben buscar ayuda profesional.

 

Cuando buscamos a Dios, le servimos a Dios, somos obedientes a Su divina voluntad Dios nos satisface de maneras insospechadas.

 

Hay pasos que puedes dar para lograr una vida feliz y gozosa, donde puedas sentirte libre.     

El primer gran paso es reenfocar tu vida haciendo de tu Cristo morador el centro de tu vida. Tienes que comenzar a vivir una vida centrada en Cristo, o como le decimos Cristo-céntrica.

 

Segundo, una vida Cristo-céntrica significa que vas a desarrollar la conciencia del Cristo en ti; “meditando diariamente en palabras de verdad.” (LPR p. 52) Esto es, vas poner atención a lo que ocurre dentro de ti, a tus pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.

 La conciencia del Cristo es la realización de que la Verdad mora dentro de ti, y el reconocimiento de esa Verdad te hará libre.

 

Tercero, comienza a disfrutar del arte de vivir una vida llena de alegría. Hay un dicho popular que dice: “si la vida te da un limón hazte una limonada.”  (Platón)

 

En tus momentos de entretenimiento busca disfrutar de actividades alegres. Si vas al cine o al teatro procura que sea para ver una comedia y no una tragedia.☺ Y esas novelas de televisión que tanto nos gustan, están llenas de ansiedad, desesperación y sufrimiento. La felicidad nunca llega y cuando llega, la telenovela se acaba. No se puede vivir una vida en tragedia pensando que la vida se nos va a acabar cuando lleguemos a ser felices.

 

Comienza a expresar alegría. Y que la alegría que expresas fuera de ti sea una continuación de la alegría que vive dentro de ti, la de tu Dios interno. Si realmente haces esto cosecharás muchos beneficios los cuales se traducirán a una “buena salud, porque nos libera de tensiones.” (LPR p. 8)

 

El Dios que aquí predicamos es un Dios alegre, con un buen sentido del humor. Comienza a cantarle a Dios, cántale con alegría, con gozo y entusiasmo por la vida y permite que la letra de tu canción salga de tu corazón.

 

Y así fue que salió la letra de nuestra canción del mes, Entusiasmo.

Y por último; confía y ten fe en Dios.

 

Ahora bien, esto no quiere decir que en tu vida no hallarás momentos de tribulación. Cuando tenemos a Dios en nuestros corazones encontramos gozo en el Señor.

 

Esto es lo que el profeta Habacuc quiere decir cuando dice: “con todo, yo me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación.” O sea, con todo lo malo que me pueda estar pasando, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!

 

 

 

 

 

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