Dios me creo libre

“… pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús .” (Filipenses 3:13,14)

 

El tema de la libertad es uno que aparece a lo largo de las Escrituras, desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento. Y esto es así porque Dios nos ha creado con libre albedrío.

 

Esto es, con la capacidad de pensar, sentir, hablar, actuar y reaccionar por cuenta propia.

Si esto no hubiese sido así Dios no hubiese creado al hombre, sino a un robot. Y esta capacidad de pensar libremente nos permite, por así decirlo, ser nosotros mismos. Y si Dios nos hizo libres desde un principio, ¿por qué hay esclavitud, opresión y todo tipo de estados limitativos, y restrictivos?

 

En las Escrituras aparece mucho el tema de la esclavitud, por ejemplo, la palabra esclavo aparece desde el Génesis, pues Abraham tenía sus esclavos, y en el Éxodo, en la historia de Moisés, el tema de la esclavitud adquiere otro nivel; al punto que Jehová Dios intercede por la libertad de su pueblo pidiéndole a Moisés que liberara al pueblo de esa condición.

 

Reflexionando acerca de la libertad, yo diría que la esclavitud, opresión, y todo tipo de estado limitativo surge por causa de un desconocimiento, o ignorancia acerca del contexto en que se debe desarrollar la libertad humana.

 

Sin sonar muy filosófico, diría que la esclavitud, la opresión, y la falta de libertad han venido porque el hombre no ha aprendido a usar la libertad que Dios le dio. Y como consecuencia de esto, se podría decir que la historia de la humanidad se puede describir como la lucha del hombre por lograr su propia libertad.

 

Piensen en las guerras que ha habido, en donde muchos se sintieron libres para dominar y oprimir a otros, mientras que otros se sintieron libres para liberarse de esa opresión. Y en este proceso ha habido mucho egoísmo y sufrimiento y también mucho derramamiento de sangre. 

De modo que el hombre no ha conocido qué es la verdadera libertad ni en qué consiste esa libertad aunque sabe que es un ser libre creado por Dios.

 

El mismo Jesús, siglos después de Moisés afirmó en la sinagoga que Él había venido a “poner en libertad a los oprimidos”. Y esto tiene profundas implicaciones porque cuando reconoces que tienes el poder de pensar por ti mismo, ahí mismo puedes caer preso por causa de pensamientos de error, ignorancia y desconocimiento de la verdad.

 

Entonces ¿para qué Dios nos creó libres? Para que libremente decidiéramos sujetarnos a la ley de la libertad. Y entramos en el domino y campo de acción de la ley de la libertad cuando decidimos sujetar nuestra vida a la voluntad de Dios.

 

Aunque parezca una paradoja, y sin ánimo de filosofar acerca de la libertad, te puedo decir que esta idea de libertad está entronizada en las profundidades de nuestro ser, porque de alguna forma u otra todos deseamos ser libres.

 

Y siendo esto así te puedo asegurar que ese deseo de ser libre viene como resultado de un sentimiento de atadura a algo o a alguien. De modo que esta idea de libertad se traduce a un sentimiento de libertad cuando lo llevamos a nuestra vida personal. Entonces tenemos que preguntarnos, si hemos sido creados libres ¿por qué nos sentimos sin libertad?

 

Y la raíz del problema está en un pensamiento limitativo, una creencia errónea, un sentimiento de cautiverio, producido por la idea de que alguien tiene el control de nuestras vidas. Analicemos esto en detalle. Dios nos creó libres, libres para pensar y actuar como seres independientes y únicos. Si Dios me creo libre para pensar y actuar tengo que tener mucho cuidado en cómo estoy pensando.

 

Puedo optar pensar y actuar según la Verdad o puedo pensar y actuar según las apariencias.

Podrías ripostar diciendo; “pero hay una realidad con la cual tengo que lidiar diariamente.” Y si dices esto estás en lo cierto, pero también es cierto lo que dijo el Maestro: “no juzguéis según las apariencias, juzgad con recto juicio.

 

Y las palabras “recto juicio” significan “conforme a la Verdad.” Y cuando a pesar de las apariencias juzgamos conforme a la Verdad entramos en el dominio y en el campo de acción de la Ley de la Libertad, y la Ley de la Libertad responde al Orden Divino.

 

Afortunadamente decimos que el orden es la primera ley del Universo, y el sostenimiento del orden universal descansa en el cumplimiento de ciertas leyes. De lo contrario habría un caos en todo el universo.

 

Imagínate que ocurriría si los planetas de buenas a primera no siguieran las leyes de Kepler. Los planetas se saldrían de sus órbitas creándose todo un caos. De manera que las leyes son importantes para mantener orden y equilibrio y la ley de la libertad consiste en nuestra capacidad de armonizarnos con el Orden Divino.

 

Cuando comenzamos a pensar conforme a La Ley de la Libertad comenzamos a armonizarnos con el orden Divino y a armonizarnos con las Leyes Espirituales de Justa acción.

 

Y como el Espíritu de Dios se mueve y actúa conforme a Sus propias Leyes Espirituales, y conociendo que donde está el Espíritu de Dios allí hay libertad podemos concluir que cuando armonizamos y por ende nos sometemos a la Divina voluntad de Dios, ahí mismo encontraremos la libertad que tanto anhelamos vivir y sentir.

 

De manera que la libertad consisten en escoger voluntariamente vivir conforme al plan de Dios para cada uno de nosotros.

 

Pero para lograr vivir en libertad tenemos que sujetar o amarrar o dominar nuestra parte humana. Esto es el disfrute desenfrenado de los placeres para establecer un orden en nuestras vidas en donde haya un verdadero balance y equilibrio en todas las fases de nuestro ser.

 

Ahora bien, está claro que la verdadera libertad consiste en ajustarse a la norma de Cristo.

Pero examinemos brevemente nuestra vida cotidiana y busquemos qué tipo de cosas o situaciones nos hacen sentir esclavizados.     

 

Por ejemplo, encontramos a los hijos luchando contra el domino de sus padres. Nos sentimos esclavizados en un empleo que no nos gusta pero que tenemos que asistir porque es el canal que está disponible para proveer para nosotros y nuestras familias.

 

O piensa en una relación en donde te sientes oprimido, o dependiente económicamente. Puedes inclusive pensar que tienes ciertas limitaciones físicas que te puedan impedir ser autosuficiente.

 

Pero puedes liberarte y comenzar a ver estas condiciones desde una más alta perspectiva, desde la perspectiva en que Dios las ve, como una oportunidad para superarte y conocer la verdad subyacente detrás de esas condiciones.

 

El dominio de tus padres sobre ti puede convertirse en una oportunidad para desarrollar la paciencia y la tolerancia. El empleo no deseado puede convertirse en el aprendizaje que necesitas para cualificar para un empleo mejor con mayor remuneración.

 

La relación no deseada puede convertirse en la oportunidad de transformarla en una feliz relación o en una nueva relación cuando ves que detrás de ella están las lecciones que debes aprender para una buena convivencia pacífica y feliz. 

 

Tu presente impedimento físico puede convertirse en la oportunidad para desarrollar nuevos talentos y habilidades que antes no poseías. Y que bueno es tener libertad de pensamiento y acción cuando vemos las cosas como Dios las ve y cuando actuamos según el Cristo de nuestro ser.

 

 Pero según palabras de Pablo, existe un postrer enemigo del cual tenemos que liberarnos, y este enemigo es la muerte. Y la manera de hacerlo es a través del pensamiento y la palabra.

 

Comienza a hacer planes para después que trasciendas este plano de las formas, planes para más allá de tu vida física en este planeta. El apóstol Pablo estaba pensando en esto cuando afirmó: —“prosigo a la meta, al supremo llamamiento en Cristo Jesús.”

 

Ese “supremo llamamiento” es el plan de Dios de vida eterna para cada uno de nosotros. Es nuestra misión más allá de la muerte. Piénsalo bien, piénsalo bien. Porque tu existencia no termina en este plano de las formas.

 

La libertad está en el Espíritu de Dios que mora en ti, por consiguiente “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndote a lo que está delante, prosigue a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!

 

 

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