Descansando en Dios

 

“Mi Presencia te acompañará y te daré descanso.” (Éxodo 33:14)

  

La palabra descansar tienes muchas definiciones, y una de las más comunes es: reposar, dormir. También significa: cesar en el trabajo, reparar las fuerzas con la quietud.

 

No hay duda de que en nuestra presente condición humana nuestro cuerpo necesita periodos de descanso para reabastecerse y obtener nuevas energías para continuar con las demandas cotidianas que nuestra vida nos impone.  Esto incluye estar quietos, físicamente inactivos para que el cuerpo puede recargarse de nuevas energías y fuerzas.

 

Siendo Dios la vida misma que nos anima, durante periodos de descanso y quietud permitimos que la energía de Dios fluya nuevamente recargando un centro de actividad física en cada uno de nosotros.

 

Yo pienso que desde este centro de actividad física que es de origen espiritual fluye la energía que anima físicamente cada uno de los doce poderes del hombre. Por ejemplo, cuando la fe se energiza, físicamente, ésta se traduce a resistencia física, consistencia en la ejecución de una tarea, a vigor. La fe y la fortaleza trabajan unidas. Primero la fe vigorizando y aumentando la fuerza física.

 

Y de esta manera la energía de Dios da un nuevo impulso a todas las funciones orgánicas de nuestro cuerpo. Pero esto ocurre dentro de un ambiente de quietud y reposo. Solo en ese ambiente permitimos que esa energía divina haga un trabajo reparador en cada uno de nosotros, y esto se hace en silencio. Preguntarás: ¿Por qué en el silencio? Porque Dios obra poderosamente en el silencio.

 

Esta cita bíblica que hemos usado y que apoya este mensaje es evidencia contundente de que solo Dios tiene el poder de darnos descanso. No importa de la naturaleza que sea, todo descanso viene de Dios.

 

Pero el espacio y el ambiente para que esto ocurra lo tenemos que proveer nosotros. Por ejemplo, a nosotros nos toca escoger la hora en que vamos a dormir. Nosotros escogemos el tiempo que vamos a dormir. Pero el proceso de reabastecimiento de nuestra energía físico-corporal es asunto de Dios.

 

Ahora bien, también tenemos que descansar mentalmente. Especialmente esa fase de nuestra a la que llamamos mente consciente, la mente que está pensando continuamente, buscando información, tomando decisiones o contemplando situaciones.

Nos preparamos para un periodo de descanso mental, entrando en un periodo de oración meditando en las cosas del Dios en el silencio. Cuando nos preparamos a descansar mentalmente, literalmente hablando, descansamos en Dios.

 

La fe se energiza dándonos esperanza, confianza y seguridad. La fortaleza unida a la fe se energiza dándonos resiliencia, esto es capacidad para adaptarnos a situaciones adversas y también la capacidad para vencer el temor.  Y para que este proceso se realice tenemos que soltar y dejar que Dios haga su labor en cada uno de nosotros.

Es importante que entiendas que todo tipo de reposo o cesación de actividad no es otra cosa que descansar en Dios. Dios es la fuente de donde extraemos la energía que necesitamos para seguir viviendo la vida misma.

 

Y pensar otra cosa es error y desconocimiento de la verdad.

 Dios le dijo a Moisés, “—Mi presencia te acompañará y te daré descanso.” Cuando Dios pronunció estas palabras se encontraba cara a cara con Moisés en el Tabernáculo de reunión que “estaba fuera del campamento”. (Éxodo 33:7)

Allí Moisés habló con Jehová para renovar el pacto y para acompañarlos a la tierra prometida.

 

Ese Tabernáculo de reunión, espiritualmente hablando, es un lugar definido en nuestra consciencia, en donde residimos en la substancia universal del Ser que se mueve como una caseta o tienda de campaña trasladándose con nosotros a dondequiera que vamos. (MD p. 639)

 

Ahí podemos hablar a Dios y recibir una contestación directa sin ver su rostro. Pero sabemos que estamos hablando con Dios. Se dice que Moisés habló cara a cara con Dios pero nunca vio Su rostro. Y en cuanto a la parte de acompañarlos a la tierra prometida; eso en ti y en mí no significa otra cosa que nos sea que la Presencia de Dios siempre ha estado, está, y estará, en nosotros guiándonos por el camino de nuestra vida hasta que lleguemos y entremos en el reino de Dios que mora dentro de nosotros. Y te preguntarás: ¿Es posible entrar en esta vida al reino de Dios que está en nuestro interior, a la tierra prometida de Moisés? La contestación es muy sencilla: De ti depende.

 

En cuanto a nuestra relación con Dios todavía hay mucho que aprender, y en cuanto a vivir la vida según Dios la ordena, todavía mucho más.  Hay muchos que todavía están viviendo la vida loca. Muchos, en esa locura, están buscando todo tipo de satisfacciones. Buscan saciar apetitos carnales, pensando que así lograrán satisfacción, otros, armonía y paz mental, usando todo tipo de sustancias controladas.

 

Si has hecho esto antes, te habrás dado cuenta que este camino no nos lleva a ninguna parte, De hecho son callejones sin salida que nos desvían del verdadero camino de Cristo.

 

Un factor importante para poder verdaderamente descansar en Dios es el orden. La mayoría de ustedes conocen al orden como una de las doce facultades o poderes del hombre.

 

En su dimensión física, esta facultad requiere que ordenes tu vida y todo tu entorno. Y una de las cosas que tienes que hacer es definir períodos de descanso físico para que tu cuerpo pueda mantener los niveles de energía adecuados para hacerle frente a las demandas de la vida cotidiana.

 

Y esto requiere que establezcas períodos definidos para alimentar tu cuerpo de una manera nutritiva, o sea, escogiendo las comidas de manera balanceada y ordenada que proveerán los nutrientes que tu cuerpo necesita.

 

Procura establecer orden en las cantidades que ingieres. Mastica bien lo que comes y tomate tu tiempo. No comas a prisa. Luego reposa para que tu digestión se lleve a cabo suavemente. Todo esto es parte del orden que debes establecer en tus hábitos de vida en general y en tus hábitos de comida en particular.

 

Busca siempre el balance y el orden. El orden ayuda a preservar tus energías físicas. Cuando todo está ordenado puedes ser más productivo. De lo contrario serás muy ineficiente.

 

Mentalmente necesitamos descansar y ya hemos dicho que la mejor manera de hacer esto es descansando en Dios. Pero como todo lo que se relaciona con Dios, hay una parte importante que nos toca a nosotros. Tenemos que ordenar nuestros pensamientos.

 

Especialmente cuando estos pensamientos se traducen a tareas o a actividades que tienes que realizar. No está del todo mal que antes de retirarte a dormir hagas una lista de cosas que tienes que hacer al día siguiente. Ordénalas estableciendo las prioridades correctas, pero pidiéndole siempre a Dios, que con Su infinita sabiduría te guíe por el camino más eficiente.   

 

Una vez has ordenado tus pensamientos-actividades de tu mente consciente, puedes echarlas a un lado y en quietud y confianza descansar en Dios; de la misma manera que Jesús descansó y durmió mientras Sus discípulos se enfrentaban con la tempestad en el mar. Una cosa es importante recordar, y es que la fatiga mental y física es producto del desorden.

 

 Recuerda estas palabras siempre que vayas a descansar: “Mi presencia te acompañará y te daré descanso.” Busca por todos los medios posibles reconocer esa Presencia de Dios en ti como fuente de nueva vida y reposo, para darte el descanso que necesitas.

 

Cuando comienzas a ordenar tus hábitos de vida, soltando todo aquello que no contribuye a tu bienestar físico y mental comienzas a ordenar tu vida y podrá cada día descansar en Dios.

 

Podrás tener mayor disfrute de la vida y paz mental. Recuerda, la vida es una escuela y cada día trae su propio afán. Por esta razón suelta y deja ir descansando en Dios, buscando su reino y su rectitud y todo el bien que es Dios vendrá a ti por añadidura. 

 

 Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

¡Amén!

 

 

 

 

 

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