Procura ser firme en la fe

September 12, 2016

“Conforme a vuestro fe os sea hecho.” (Mateo 9:29)

  

Jesús se encontraba conversando con Sus discípulos, y “llegó un dignatario y se postró ante él diciendo: —Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Cuando Jesús entró en la casa del dignatario…les dijo” a la gente que allí estaban haciendo alboroto —Apartaos, porque la niña no está muerta, sino que duerme.” Entrando “tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.” (Mateo 9: 23,25)

 

Nota que el dignatario se acerca a Jesús sabiendo que su hija acaba de morir pero su fe era tan grande que él no dudó de la capacidad de Jesús para resucitarla. Y conforme a su fe fue hecho y su hija volvió a la vida.

 

Y yo creo que aquí está la clave de toda demostración. Tenemos que tener una seguridad tal dentro de nosotros mismos que sabemos que el reto que tengamos delante de nosotros será superado sin lugar a dudas. Es un sentimiento profundo, una seguridad inquebrantable, infalible.

 

Hoy celebramos nuestro sexto aniversario, y recuerdo claramente cuando mi esposa y yo comenzamos este ministerio. Tuvimos que enfrentarnos a una negociación de precio del alquiler del salón. Siempre me había considerado poco capaz de ser un buen negociador. Sencillamente no conocía la técnica de negociación y estar en medio de una era algo que me hacía sentir altamente incómodo.

 

Lo que me movía a hacer eso era solamente el deseo de servir a Dios y estaba haciendo lo que entendía que Dios quería que hiciera. Sencillamente estuve presente en el lugar de la negociación. El precio que me dio la persona encargada fue muy por encima de lo que era mi presupuesto.

 

Recuerdo que seguimos conversando pero no recuerdo las palabras que salían de mi boca. Solo sabía que Dios estaba en medio de todo esto. Y de momento de una manera totalmente sorpresiva e inesperada la persona bajo el alquiler en un 33%.

 

Rápidamente y sin pensarlo, tomamos el calendario y separamos el salón comenzando el 12 de septiembre y todos los domingos subsiguientes hasta fin de año.

 

Y el domingo, 12 de septiembre del 2010 llegó. El primer servicio devocional se celebró en el salón ejecutivo. Y asistieron 26 personas; algunos de ustedes estuvieron esa primera vez.

Los domingos subsiguientes fueron un verdadero desafío; la asistencia decayó sistemáticamente llegando a un nivel crítico en donde se hizo un servicio dominical para cuatro personas en donde dos de ellas eran mi esposa y yo. 

 

Recuerdo que durante ese tiempo, en un momento de reflexión, le comenté a Ruth que sabía que teníamos que transitar solos este camino, y que eso era necesario, para eventualmente tener la comunidad que hoy tenemos.

 

Yo lo pongo de la siguiente manera: tuvimos que pasar solos por el desierto; pero no tan solos, la Presencia de Dios iba delante de nosotros y teníamos esa seguridad de que Dios no iba a fallar.

 

Nunca sentí miedo ni inseguridad, continuamos celebrando nuestros servicios devocionales en el hotel. Y poco a poco comenzaron a llegar las personas, como diríamos, por filtración.

Seis meses más tarde logramos tener la misma cantidad de personas que tuvimos el primer día que inauguramos este ministerio.

 

De aquella aventura espiritual, por llamarla así, al día de hoy han pasado seis años. Han llegado personas nuevas y otras se han ido. Pero lo importante es que continuamos predicando la Palabra y haciendo el trabajo que Dios desea hacer a través de este ministerio; que es hacer el Cristianismo una práctica cotidiana que transforme vidas; y ser un centro espiritual positivo, progresivo y práctico dedicado a amar, educar, orar, transformar y renovar vidas; y con una clara visión, que es convertirnos en una influencia positiva en nuestra sociedad predicando los principios del cristianismo práctico a un número cada vez mayor de personas.

 

Sencillamente hemos llegado hasta aquí porque nos hemos mantenido firmes en la fe y en el deseo de servirle a Dios.  Y quiero hacer énfasis en este punto. Cuando empezamos este ministerio por lo menos yo tenía la certeza de que no podía fracasar. Y les voy a explicar, ¿por qué?

 

La única motivación que me movía a lanzarme en esta aventura espiritual era sencillamente el deseo ardiente de servirle a Dios. Y cuando tenemos este deseo el fracaso es imposible.

Claro está, hay que trabajar, y hacer las cosas lo mejor posible. Pero debemos saber que al final del día, todos somos aves de paso al servicio de Dios. Dios es el líder de nuestra comunidad espiritual y seguirá siéndolo mientras yo esté al frente de ella.

 

Ahora bien, hoy mi mensaje para cada uno de ustedes es que procuren ser firmes en la fe. Procuren que sus motivaciones para hacer las cosas estén impulsadas por amor a Dios y amor al prójimo.

 

Procura inspirar a otros a desarrollar su fe y su progreso espiritual; y procura ayudar a los demás a tener éxito en su vida.

 

Esta manera de actuar te parecerá una locura especialmente en un mundo tan competitivo como en el que vivimos. Pero es la mejor manera, es la manera de construir puentes y no murallas es la manera de relacionarnos mejor unos con los otros.

 

Cooperando y ayudando a los demás es obrar desde nuestra naturaleza crística, es unirnos de Cristo a Cristo en un solo propósito que es el de desenvolver y expresar nuestro potencial divino.

Es obrar firmes en la fe. Prueba esta manera de vivir, hasta que sea parte de tu ser. Te aseguro que es la mejor manera, la manera de Cristo.

 

Sabemos que día a día se nos presentan situaciones que debemos resolver. Y te exhorto a que cambies tu manera habitual de reaccionar y comiences a conducirte a la manera de Dios.  

 

De modo que te ofrezco unos consejos prácticos para que te mantengas firmes en la fe:

 

Ora diariamente y pide, pero procura que tu petición nazca en tu corazón y pide con fe seguro de que recibirás. Esto es fundamental cuando estás seguro de lo que quieres, siempre recordando que debes estar receptivo a algo diferente que sea mejor. Dios sabe lo que es tu bien, muchas veces mejor de lo que tú mismo consideras tu bien.

 

Mientras oras mueve tus pies. Esto es, haz la llamada que tienes que hacer, o las diligencias necesarias para solicitar lo que necesitas sin miedo y sin duda. Pide con fe. Planifica y mantente activo diariamente en tu búsqueda.

 

Mantente centrado en la idea de que Dios va guiando tus pasos. Sigue tu intuición aunque te parezca una absurdidad. No trates de racionalizar mucho, pues darás cabida a que tu intelecto se interponga a la guía de Dios.

 

Si no obtienes resultados inmediatos no te desanimes. Puede ser que mientras más tarde tu bien en manifestarse mayor será.

 

Mantén tu autoestima alta recordando siempre que eres el hijo o la hija amada de Dios en quien Él tiene complacencia y que Dios cuidará de ti. Y mantente todo el tiempo en una actitud de gratitud.

 

Recordemos que Dios tiene fe en cada uno de nosotros, una fe mayor de la que nosotros podemos pensar que él tenga. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque “los ojos de Dios” solo ven lo mayor y lo mejor en cada uno de nosotros. Dios ve el potencial espiritual que tenemos y él sabe las capacidades de cada uno de nosotros mejor nosotros.

 

Dios es nuestro creador y nadie mejor que Él conoce Su propia creación. Recuerda siempre lo que te he dicho, tú eres un triunfo de perfección espiritual pero a ti te toca descubrirla y expresarla.

 

Por eso, lo importante es, tal y como dice el aforismo griego: conócete a ti mismo; y entonces sabrás los grandes planes que Dios tiene contigo. ¿Por qué digo grandes planes? Porque Dios tiene más fe en ti que la que tú tienes en Dios.

 

Solo se nos pide que cada día Le amemos más, con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; y a medida que ese amor se desarrolla en nosotros nuestra fe en Dios va creciendo cada día más y más.

 

Y ¿a dónde nos lleva esto? Pablo nos da la respuesta: “Cosas que ojo no vio, ni oído escuchó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman.”  (1 Corintios 2:9)

 

Grandes cosas ha preparado Dios para ti, y solo Dios sabe y conoce tus capacidades para el logro porque Él nos ha dado a cada uno de nosotros la mente de Cristo y “Cristo es poder y sabiduría de Dios.” (1 Corintios 1:24)

 

A medida que te vas transformando con estas enseñanzas ayuda a que otros también comiencen con su proceso de transformación.

 

Ese muy bien puede ser tu ministerio.

 

Y como comunidad espiritual que somos tenemos que seguir creciendo cada día más. Te pido que te comprometas con esta tú comunidad espiritual para que traigas a tus familiares, y amigos, especialmente a aquellos que tienen inquietudes espirituales.

 

Aquí amigos encontramos las respuestas a las interrogantes de nuestras vidas.

 

Ya ha llegado el momento de despedir nuestro sexto año para comenzar con el séptimo.

 

Aquí estaremos el próximo domingo, comenzando nuestro 7mo año.

 

¡Dios te bendice! Amén.

 

 

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