Firme y constante en la obra del Señor

September 19, 2016

Así que hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15:58)

  

Cuando el apóstol Pablo declaró estas palabras a los corintios les estaba hablando acerca de la Resurrección de los Muertos e iba dirigido a algunos que negaban la resurrección de los muertos aun cuando admitían que [Jesús] había resucitado. (1 Corintios 15; Nota a)

Todavía existe por todas partes personas que no creen en la resurrección pero sí creen en la muerte.

 

A medida que continuamos conociendo cada día más acerca de la naturaleza de Dios, nos convencemos que Dios es Fuente de vida y Su naturaleza es eterna.

 

Entonces, ¿por qué la mayoría de los humanos luchan por preservar su cuerpo físico para permanecer en este planeta? La ciencia médica ha estado durante siglos buscando formas de prolongar la vida física y de perpetuar este cuerpo físico. Nos hemos empeñado en permanecer en este mundo cuando nuestro enfoque debiera ser cómo lograr trascender de éste.

 

También existe una creencia bastante generalizada de que Jesús nos limpió del pecado cuando se ofreció a sí mismo en sacrificio para salvar al mundo en la cruz; y que todo lo que tenemos que hacer es creer en Él y todos nuestros pecados serán borrados. Pero y qué de nuestro comportamiento y de nuestro estado de consciencia. Estos tienen que ser transformados “por medio de la renovación de nuestra mente.

 

Lo que hizo Jesús fue garantizar con su propia resurrección la de los demás. (1 Co. 15:20 Nota ñ) Por medio de Sus enseñanzas nos demostró cómo alcanzar la vida eterna. Pero para liberarnos de la muerte y trascender este plano de las formas tenemos que comenzar y permitir que el Señor o El Espíritu de Dios haga un trabajo en nuestro interior.

 

Y permitimos que esta obra se lleve a cabo cuando nos hacemos conscientes de la importancia de purificar el tipo de pensamientos que sostenemos habitualmente en nuestra mente y decidimos comenzar a cambiar nuestra consciencia.

A medida que este proceso se lleva a cabo el Espíritu de Dios comienza a hacer una obra regeneradora en nuestra alma y nuestro cuerpo. Y esta es la clave para la salvación.

 

Todos sabemos que el cuerpo tiene la capacidad de regenerarse a sí mismo, y esto está científicamente probado. Pero desaprovechamos este proceso, que es un don de Dios, si no transformamos nuestra mente.

 

De qué vale que millones de células se estén renovando continuamente en nuestro cuerpo si nos mantenemos todo el tiempo pensando que nuestro cuerpo es una máquina que se va desgastando y degenerando con el paso del tiempo.

 

Esta actitud y manera de pensar es lo que Jesús llamó echar vino nuevo en odres viejos. “Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera (porque) el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. (Lucas 5:37) Por el contrario cuando se echa vino nuevo en odres nuevos  “el uno y el otro se conservan mutuamente.” (Mateo 9:17 parafraseado)

 

 El vino representa la vida renovadora del espíritu, y el odre nuestra consciencia. Para que ese proceso de renovación orgánica se aproveche tiene que haber una nueva consciencia de vida en nosotros. De lo contrario la vida renovadora del espíritu se derrama y se desperdicia y nuestra consciencia se perderá en la oscuridad del pensamiento erróneo y la muerte.

 

Es importante que entiendas que ahí mismo donde estás, aquí y ahora, puedes permitir que el Espíritu de Dios en ti, el Señor, haga su obra, pero para que esto ocurra necesitas mantenerte firme sosteniendo solamente pensamientos de vida y pureza en tu consciencia.

 

El llamado es a permanecer firmes y constantes en la obra del Señor. Tu salvación vendrá como resultado de lograr una transformación de tu mente, tu pensar, tu sentir y tu actuar. La salvación es individual.

 

Y nuestro Salvador es la Mente del Cristo que mora en cada uno de nosotros, mediante la cual encontramos salvación de la pobreza, de la enfermedad, del pecado y la muerte. (LPR p.206)

Todos sabemos que en este mundo hay una constante y es el cambio. Continuamente todo está en proceso de cambio y nosotros especialmente nuestra consciencia no puede y no debe ser una excepción.

 

Te invito hoy a que comiences a cambiar tu concepción acerca de la muerte y en vez de verla como el fin de tu existencia empieces a considerarla seriamente como un proceso de transición y cambio que te llevará al lugar donde tu propia consciencia te haya permitido llegar.

 

Debes saber que tu conciencia debe ser cambiada y que este cambio no se dará únicamente como resultado de tu voluntad personal, tienes que permitir que el Espíritu Santo haga Su obra en ti. Y a medida que vayas pasando por este proceso tendrás o surgirá en ti una nueva perspectiva acerca de tu propia vida.

 

Nuevas ideas tienen que comenzar a moverse en nuestra consciencia. Estamos aquí para cambiar, estamos aquí para desarrollarnos espiritualmente y prepararnos para nuestra próxima experiencia espiritual.

 

Ya sea en este planeta o en el lugar que Dios designe. Pero una cosa si no cambia y es que nuestro destino divino es llegar a expresar la vida eterna.

 

Cómo y cuándo, no lo sabemos Dios solo sabe estas cosas. Lo que sí sabemos es que tenemos una labor que llevar a cabo en nosotros y debemos estar firmes en la obra del Señor, sí mantenernos firmes en la obra que Dios tiene que llevar a cabo en cada uno de nosotros.

 

Tenemos que estar dispuestos y entusiastas y saber y apreciar que el regalo más maravilloso que Dios nos ha dado es la vida en sus diferentes manifestaciones y que nuestro es el privilegio de disfrutarla día a día todos los días.

 

Tenemos que buscar por todos los medios posibles no solo externos sino también internos de liberarnos de las limitaciones habituales que encontramos en nuestra vida cotidiana y también en nuestra experiencia de vida interior.

 

Tenemos que dedicarnos a vivir en la Verdad, porque solo la Verdad nos hará libres.

 

Vivimos en la Verdad cuando nos apropiamos conscientemente de las enseñanzas de Jesús el Cristo, al punto de que fluyan a través de todo nuestro cuerpo así como la sangre fluye y circula por todo nuestro cuerpo.

 

Solo así podemos comenzar a tener una experiencia de vida regeneradora y resucitadora.

Nuestro lema para nuestra comunidad espiritual este año es: Firmes y constantes en la oración, encontramos y expresamos nuestra divinidad. Ocúpate de expresar lo mejor de ti todo el tiempo.

 

Querido amigo, lo mejor que puedes hacer por ti mismo es entrar en el reino de los cielos que está en tu interior; conocer y creer en las verdades espirituales según te son reveladas y saber que Dios se gloriará en ti según demuestras estas verdades en tu propia vida. Conocer al Cristo morador es conocer la vida misma que te anima, es conocer su reino interior de vida abundante.

Yo no tengo palabras para describir la experiencia interior que Dios tiene preparada por aquellos que creen en Él con toda su mente y con todo su corazón.

 

Cada cual tienes que encontrar su propia verdad, consagrase a ella y demostrarla.

 

Entonces habrá un nuevo amanecer en tu consciencia porque has permitido que  el Espíritu haga Su obra en ti plenamente sin ningún tipo de impedimentos.

 

Y de esta experiencia habló Juan cuando dijo: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron.” (Apocalipsis 21:1)

 

Esa es la obra que el Señor tiene preparada para cada uno de nosotros, una obra que se culmina en nosotros cuando nos mantenemos firmes y constantes en la obra del Señor y en la fe.

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

Amén.  

 

 

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