Dios es primero

January 15, 2017

El título de este mensaje es muy directo, sencillamente nos dice: Dios es primero.

Y este es precisamente el primer mandamiento que Dios le dio directamente al pueblo de Israel y por consiguiente a todos nosotros: “No tendrás dioses ajenos delante de mí.” (Éxodo 20:3)

 

De modo que el mandato es que no haya nada que se interponga entre tú y Dios, pues Dios debe ser lo primero en tu vida. Ahora bien, examinemos cuales son los elementos que constituyen nuestra vida en este planeta, y examinemos la justa relación de cada uno de ellos con Dios.

 

Uno de los elementos que constituyen nuestra vida son las relaciones interpersonales. Somos seres sociales, vivimos en comunidades, lo cual indica que estamos en continua comunicación unos con otros. Pensemos en nuestras familias, en los compañeros de trabajo, en los amigos.   

 

De modo que siendo nuestras relaciones un elemento importante en nuestras vidas, el llamado es a establecer una relación con Dios primero, luego la familia, los amigos, conocidos y demás. Y en estas relaciones debe existir el amor, armonía y paz, y buena voluntad. Pero sobre todo el amor.

 

Porque escrito está: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mateo 22: 37,40) Dios nos pide que lo amemos sobre todas las cosas, Dios nos pide que lo amemos y cumplamos con Él primero.

 

Nos dice claramente que no puede haber nada que este en medio de nuestra relación con Él, nada que obstaculice dicha relación.

 

En el Génesis capítulo 17 leemos que Jehová hace un llamamiento y un pacto para formar un pueblo nuevo que comienza con Abraham. “Este es mi pacto contigo: serás padre de muchedumbre de gentes.”

 

Y le dice también, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan y a los que te maldigan maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”(Génesis 12:2).

 

¿Nunca te has preguntado por qué entre tantas personas que vivían en Mesopotamia y en Egipto Jehová Dios escogió a Abraham como patriarca del pueblo de Israel?

 

La contestación es muy sencilla, y es porque ninguno de los que vivían en esa zona iban a poner a Dios primero como lo hizo Abraham. Ninguno de ellos iba a estar dispuesto a obedecer y hacer la voluntad de Dios como lo hizo Abraham.

 

Todo lo contrario se pasaban adorando las figuras y estatuas que ellos mismos construían, tenían todo tipo de ídolos a quienes adoraban y ofrecían sacrificios.

 

Aun así, conociendo Dios como conoce el corazón humano puso a prueba a Abraham y le dijo: “—Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, vete a la tierra de Moriah y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” Lee Génesis capítulo 22: 3-12.

 

Este relato nos muestra que no importa cuán extremas sean las condiciones que enfrentemos debemos poner a Dios primero y el proveerá. Y nuestro compromiso y amor por Dios se evidencian cuando estamos dispuestos a obedecer y a dar las primicias de nuestros frutos así como Abraham estuvo dispuesto a obedecer, y a ofrecer en holocausto a su primogénito.

 

Pensándolo bien y siendo totalmente sincero con cada uno de ustedes ni yo mismo hubiese estado dispuesto a poner a Dios primero y cumplir su mandato como lo hizo Abraham, cuando se le ordenó sacrificar a su primogénito y francamente no creo que ninguno de ustedes hubiesen estado dispuestos a hacer lo que hizo o intentó hacer Abraham.

 

Y por esa razón fue que Dios escogió a Abraham para ser el patriarca de Su pueblo y por eso recibió las bendiciones que recibió.

 

Otra gran lección que recibimos de este relato histórico es que Dios es un Dios de amor y su amor proveerá por encima de toda dificultad que estemos atravesando en nuestras vidas. Pero tenemos que poner a Dios primero.

 

Ciertamente hay un gran trabajo delante de cada uno de nosotros que tenemos que realizar en el establecimiento de esa relación y conexión con Dios. Y nuestra relación con Dios tiene que ser vertical.

 

Cuando fortalecemos nuestra relación con Dios de una manera vertical también se fortalecen nuestras relaciones horizontales, esto incluye nuestras familias, amigos y conocidos.

 

Ahora bien, si es cierto que vivimos en un mundo donde nuestras relaciones son importantes, no es menos cierto que  también vivimos en un mundo que gira en torno a la economía y por consiguiente nuestras finanzas son importantes en nuestra vida.

 

El dinero es el motor de toda la economía, y da vida a los diferentes sectores de la economía en general. Y una buena economía es importante para una buena subsistencia y el disfrute de todo lo que la vida nos pueda ofrecer.

 

Pero debemos entender que nuestra economía personal está íntimamente ligada a una economía espiritual que es la economía de Dios de donde proviene todo lo que podamos necesitar para nuestro bienestar personal y espiritual.

 

Y esta economía tiene sus propias reglas de acción. La primera es honrar a Dios “con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos” (Proverbios 3:9) Esto es ley fundamental; cuando damos las primicias de todos nuestros frutos a Dios y lo damos con amor en cumplimiento con el deseo de Dios recibimos bendiciones hasta sobreabundar.

 

De modo que si no estás honrando a Dios con las primicias de todos tus frutos, entiéndase tus ingresos o el fruto de tu trabajo, lo más probable es que no estés demostrando una buena economía y por consiguiente tus finanzas tampoco estarán en buen estado.   

 

Y Dios te podría probar así como probó a Abraham. Y la prueba de fuego es la siguiente: supón que te has quedado sin dinero, pero de pronto llega a tus manos el pago de algún servicio que ofreciste o alguna venta que realizaste. Tienes hambre, estás totalmente endeudado y tus acreedores te están presionando para que les pagues. Pregunta: ¿honrarías a Dios dándole o devolviéndole la primicia del fruto de tu trabajo?

 

El llamado es que cuando, de dar se trata, demos primero a Dios, de las primicias de todo lo que hemos producido. Cuando recibes tu ingreso por la vía que sea lo primero que debes hacer es apartar una parte para Dios no importa las condiciones que estés enfrentando o las deudas que puedas tener.  Y cuando damos a Dios primero sin importar las condiciones que estemos enfrentando, toda nuestra dación se convierten en un acto de fe en Dios.

 

Nuevamente la invitación es a dar de las primicias de nuestros frutos. Y podrás decir “yo soy una persona de fe” pero hasta que no demuestres tu fe en Dios apartando las primicias de todos tus frutos no tendrás fe en Dios como Fuente de tu provisión.

Piénsalo bien, cuando recibes un ingreso, el primer pago que haces define por regla general lo qué es primero y más importante para ti.

 

De modo que decídete a poner primero a Dios apartando primero una parte de tus ingresos aunque no puedas ver cómo vas a cumplir con todas tus obligaciones financieras.

 

Así como Dios proveyó un cabrito para Abraham, proveerá para ti todo lo que necesitas para cumplir con todas tus obligaciones.  Hemos tratado con dos elementos importantes en nuestras vidas: nuestras relaciones interpersonales, y nuestras finanzas. Hay un tercer elemento importante que es nuestra salud.

 

Muchos de nosotros libramos batallas para vencer condiciones enfermizas o anormales en nuestro cuerpo y así poder restaurar la salud. Las sanaciones que hizo el Maestro Jesucristo evidencian que la fe es un factor esencial en el establecimiento de la salud corporal. Jesús dijo: “Tened fe en Dios.” (Marcos 11:22) Cuando tenemos plena fe en Dios es fácil ponerlo primero en nuestras vidas. Pero lamentablemente la mayoría  de nosotros tenemos una fe parcial en Dios, tenemos fe en Dios para unas cosas pero para otras no tenemos fe en Dios.

 

Ahora bien, dicho esto, tu estilo de vida, los alimentos que consumes afectan la condición general y el estado de salud de tu cuerpo. Pero tu actitud, y la concepción que tienes de tu cuerpo son factores determinantes.

Debes poner a Dios primero reconociendo que tu cuerpo es el templo donde Él habita, el Dios viviente, tu Dios viviente, tu Cristo morador. “En él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Y este reconocimiento requiere que trates a tu cuerpo con dignidad y respeto.

 

Tu inteligencia interna te dirá cuáles son los alimentos que debes ingerir para el mejor cuidado y mantenimiento de tu cuerpo. Evita comer buscando gratificación; pues aparte de ganar peso indebido estarás consumiendo alimentos que no nutren a tu cuerpo en las proporciones que deben hacerlo.   

     

Así como una mujer encinta carga en su vientre al hijo que habrá de dar a luz dándole las primicias de su amor, cuidándolo, alimentándolo y protegiéndolo durante el tiempo de su embarazo, tú y yo cargamos dentro de nosotros al Cristo morador, al que le debemos las primicias de nuestro amor, al que debemos cuidar, alimentar y proteger hasta que el tiempo sea maduro para darlo a luz al mundo. Recuerda las palabras del Maestro: “Vosotros sois la luz del mundo… así alumbre vuestra luz delante de los hombres.” (Mateo 5:14,16)

 

Y esto se consigue poniendo a Dios primero en todas las fases de nuestra vida.

 

De modo que la invitación está hecha y tuya es la decisión.

 

Meditemos…

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

Amen!

 

 

 

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