El juzgar a los demás

June 25, 2017

“No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.” (Lucas 6:37)

 

1. Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra juzgar significa: Formar opinión sobre algo o alguien.

 

2. Pero también significa: Determinar si el comportamiento de alguien es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente.

 

3. Legalmente hablando, esto conlleva un dictamen y si se encuentra causa probable entonces habrá un castigo o una condena. Así se juzga en lo humano.

 

4. La enseñanza que recibí en mis clases de religión cuando era niño fue que me tenía que portar bien porque de lo contrario Dios me iba a castigar.

 

5. Pero a medida que he ido creciendo en el conocimiento de la naturaleza de Dios he cambiado mi manera de pensar al igual que muchos de ustedes.

 

6. Sin embargo, pienso que sigue siendo válido hacerme la siguiente pregunta: ¿Juzga Dios? Y tratando de buscar una respuesta a esto busqué varios pasajes de la Biblia y encontré lo siguiente: “Porque Jehová juzgará a su pueblo…” (Deuteronomio 32:36) “Él (Jehová) juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.” (Salmo 9:8) “Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios.” (Eclesiastés 3:17)

 

7. Y así por el estilo encontré muchas citas en donde se hace alusión de que “Jehová juzgará…y castigará…”

 

8. Sabemos que Dios habló a través de los profetas y por boca de cada uno de ellos estableció Su ley y expresó Sus intenciones. Pienso que ellos manifestaron lo que sintieron en su corazón, pero el corazón del hombre todavía no está a la altura del corazón de Dios. Y así como la luz blanca se distorsiona al pasar por un prisma una idea pura y perfecta sufre cambios al pasar por la consciencia humana.

 

9. Y por esta razón pienso que aunque el mensaje fue comunicado por medio de los profetas también estuvo distorsionado por la consciencia de la raza y las creencias prevalecientes de la época en que fueron dichas esas palabras.

 

10. La ira, la venganza, el enojo y los celos son sentimientos claramente humanos producidos por el ego y que en el Antiguo Testamento se le atribuyen a Jehová Dios. Alguien ha dicho que el hombre tratando de buscar a Dios proyecto su ego al exterior creando así al Dios del ego que encontramos en el Antiguo testamento.

 

11. Pero a la luz del nuevo pensar encontramos que “la ira y el enojo de Jehová simbolizan la ley divina en su arduo trabajo de revelar y borrar en el hombre el error [en su] consciencia. (LPR p. 123 parafraseado)

 

12. ¿Y, qué es la ley Divina? La ley divina es la que hace al hombre responsable por el resultado de sus obras. (LPR p. 133)

 

13. Entonces, ¿qué es lo que nos condena? Somos condenados por causa del error cometido. Lo que nos condena son los resultados erróneos que obtenemos por causa de la violación de la ley divina; y esto ocurre cuando trabajamos en contra de los principios de justa acción.

 

14. Por estas razones, a pesar de todas las citas bíblicas que indican que Jehová sí juzga y condena yo pienso que Dios ni juzga ni condena.

 

15. El Dios que he estado conociendo es un Dios muy interesado en nuestra salvación y no en nuestra condenación y mucho menos en nuestra ejecución. Él está sumamente interesado en hacer que yo crezca a medida que Él crece por medio de mí.

 

16. Un Dios así no puede tener una conciencia acusadora, formando opiniones o juicios acerca de mi comportamiento. Cuando tú (o Dios) están en una conciencia acusadora, te pones en la posición del observador, una posición separada del objeto observado, y en quietud y callada expectación, esperas que ocurra el primer paso en falso o error para juzgar y condenar.

 

17. Sin embargo, el Dios que he estado conociendo y siento dentro de mí, es un Dios activo, que desea hacer más a través de mí, no lo siento como pasivo y observador separado de mí, todo lo contrario lo siento como un poder dinámico buscando cada mínima oportunidad para fluir y volcarse a través de mí.

 

18. Siendo esto así, encuentro muy difícil que el estado de consciencia de Dios sea el de juzgarme, todo lo contrario, creo que Dios es mi ayudador, mi colaborador y salvador.

 

19. De modo que si Dios es mi ayudador, colaborador y salvador, no me juzga, y si no me juzga entonces tampoco me condena. Y si Dios no me juzga ni me condena ¿quién es el que me juzga? Me juzga mi consciencia, mis recuerdos desagradables, los resultados de mis malas acciones, yo mismo, porque en el Nuevo Pacto “—dice el Señor—: Pondré mis leyes en la mente de ellos y sobre su corazón las escribiré;… porque seré propicio a sus injusticias, [o sea, benigno para con los ingratos y malos (Lucas 6:35)] y nunca más me acordaré de sus pecados ni de sus maldades.” (Hebreos 8:10,12)

 

20. Cuando juzgo el comportamiento del otro, me pongo en la posición del observador, establezco una distancia. Pero mi juicio es incompleto porque juzgo por lo que veo, por lo que oigo, siendo incapaz de ver o conocer lo oculto y las razones y motivaciones que propician tal comportamiento.

 

21. Juzgamos cuando hablamos mal de alguien señalando un defecto en su carácter. Nuestra crítica nos encadena de una manera tal que otros pudieran decir lo mismo de nosotros. Podrías escuchar expresiones tales como: Fulano se la pasa criticando. Mengano es un prejuiciado. La ley divina te hace responsable de tus propias palabras y acciones; “porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12:37)

 

22. Terminas convirtiéndote en víctima de lo que criticas.

 

23. Y ahora te pregunto: ¿Juzgó Jesús? Jesús dijo: “Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.” (Juan 8:15) Y añadió: Y si yo juzgo, mi juicio es según la verdad.” (Juan 8:16)

 

24. Encontramos en los Evangelios que Jesús sí juzgó, y criticó a los Fariseos, y la ley divina se cumplió también en Él porque Dios no hace acepción de personas.

 

25. Y la ley es: “No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.” (Lucas 6:37)

 

26. De la misma manera que Él juzgó también fue juzgado, juzgado por el pueblo judío y sentenciado a muerte.

 

27. Pero hoy sabemos que para salvación de la humanidad fue juzgado y su juicio trajo el rescate del género humano del cautiverio del pecado. Este fue el cumplimiento del plan de salvación de Dios para la humanidad llevado a cabo por medio de Jesucristo.

 

28. Pero la ley sigue siendo ley y por boca del Nazareno llegó a cada uno de nosotros. Nosotros conocemos la ley.

 

29. Entonces, ¿por qué sabiendo estas cosas sigues juzgando, criticando y murmurando?

 

30. Hazte un examen de consciencia porque cuando juzgas tu consciencia sufre los efectos de tus juicios. El juzgar es adulterar, y adulteramos porque permitimos que nuestra mente se identifique con pensamientos impuros y oscuros, y esto produce miopía espiritual, un desenfoque en la visión viendo las cosas como parecen ser y no como lo que realmente son. Pero todos sabemos que si tu ojo es bueno todo tu cuerpo estará lleno de luz.

 

31. ¿Quieres mi consejo?… si no tienes nada bueno que decir de alguien mejor es que no lo digas, y si no tienes nada bueno que pensar de alguien entonces cambia el enfoque de tus pensamientos.

 

32. Y no subestimes los efectos del juzgar… o de criticar… Y te digo esto porque cuando hablas mal de alguien, no se siente como si estuvieras cometiendo una falta. Al contrario muchos se sienten justificados. Pero todo esto es una falsedad.

 

33. Muchas personas piensan que esto no es nada. Hay otras que estando un poco más conscientes ven el juzgar tal vez como un pecado venial, algo ligero, que puede ser remediado fácilmente.

 

34. Y si fuese así, aunque no lo es, ¿remedian su pecado tales personas? Lo más probable es que nunca lo hagan.

 

35. Lamentablemente seguimos juzgando porque todavía no hemos eliminar ese hábito negativo y nos seguimos comportando como si nunca hubiésemos conocido esta Verdad: no juzguéis para que no seas juzgado; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.

 

36. Ten presente en todo momento que al juzgar y criticar pones tu atención en el defecto, y cuando hay un defecto en un circuito eléctrico la energía no fluye y la luz se apaga.

 

37. Elimina el juzgar y acostúmbrate a ver a tu prójimo sin defecto porque lo que ves fuera es un reflejo de lo que llevas dentro.

 

38. Usa la sabiduría divina, no juzgues para que no seas juzgado; no condenes para que no seas condenado; perdona para que seas perdonado” y permite que tu ojo sea bueno, esté lleno de luz para que todo tu cuerpo sea lleno del fluir divino, sin mancha, ni impurezas, ni interrupciones.

 

39. Comienza a hacer estas cosas y lograrás alcanzar un nivel más alto en tu desenvolvimiento espiritual, y te hará perfecto como nuestro Padre es perfecto.

 

40. Meditemos….

 

41. Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

42. Amén.

 

 

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