¿Cambiar o no cambiar?

January 7, 2018

 “Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas».” (Apocalipsis 21:5)

 

1. En los comienzos de cada año vemos a una inmensa cantidad de personas hablando acerca de las resoluciones para el nuevo año. Los escuchas diciendo cosas como: “este año voy a ser más tolerante”, o este “año me voy a enfocar en mis estudios” o “este año voy a buscar un mejor trabajo.”

 

2. La realidad es que en la mayoría de los casos pasa el año y el que dijo que iba a ser más tolerante termina siendo igual de intolerante, el que dijo que este año se iba a enfocar en sus estudios no volvió a la escuela y el que dijo que iba a buscar un mejor trabajo, después de hacer una pocas diligencias continuó en su antiguo trabajo.

 

3. Entonces: ¿cambiamos o no cambiamos?, esa es la pregunta. Y cuando escuchamos esto nos recordamos de la famosa frase de Shakespeare cuando dijo: ¿ser o no ser?... esa es la pregunta.

 

4. Y esa es una gran pregunta porque antes de hacernos esa pregunta, o sea ¿ser o no ser? Tenemos que hacernos la siguiente pregunta: ¿Cambiar o no cambiar?

 

5. En nuestro presente estado de desenvolvimiento espiritual nadie ha logrado ser lo que realmente es y mucho menos expresar lo que en espíritu y en verdad es.

 

6. Todos estamos en camino de perfección, pero en este momento de nuestras vidas estamos caminando a la altura de algún kilometraje y otros sencillamente se han estacionado en algún paseo o lugar que encontraron acogedor y han permanecido ahí por muchos años.

 

7. Los más rezagados son los que continúan diciendo: “yo soy así y nadie me va a hacer cambiar.” Pero vuelvo y hago la pregunta: ¿cambiar o no cambiar?

 

8. Si observamos al ser humano encontraremos que él pasa por procesos de cambios consciente e inconscientemente. Los científicos han descubierto que el cuerpo humano está continuamente pasando por procesos de cambios. Nuevas células nacen mientras otras terminan su ciclo de vida.

 

9. Y estos son los cambios inconscientes ya que ocurren automáticamente; pero preguntamos, ¿qué es lo que está detrás de estos cambios? Y tarde o temprano tenemos que llegar a la conclusión que lo que está detrás Aquel que dijo: “Yo hago nueva todas las cosas.” (Ap. 21:5)

 

10. Ahora bien, yo pregunto ¿quién es entonces el que origina los cambios conscientes? Y la contestación inmediata que viene a mi mente es: nosotros mismos. Tú y yo somos los responsables de generar esos cambios conscientes.

 

11. Cuando nos hacemos la pregunta: —¿cambiar o no cambiar?, estamos entrando en un lugar en nuestra consciencia donde predomina la duda, la indecisión; es lo mismo decir: ¿lo hago o no lo hago?

 

12. Y podrías decir: “Pero es que todos hemos tenido momentos de indecisión en nuestras vidas.” Y tienes razón; todos hemos tenido momentos de indecisión, pero lo importante es lo que esos momentos han producido en nuestras vidas de ahí en adelante.

 

13. La pregunta es, ¿han producido esos momentos de indecisión cambios positivos en tu vida, o sigues viviendo en un tormento de indecisión? Sigue la duda reinando en tu vida, sigue siendo el miedo el que está sentado en el trono de tu consciencia? ¿Sigues estacionado en algún paseo de ese camino, carretera o autopista que todos debemos recorrer? ¿Sigues haciendo resoluciones que nunca cumples? ¿Sigues siendo el mismo de antes?

 

14. Si has contestado sí a estas preguntas es sencillamente porque no has ido a Aquel que dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Solo Él sabe cómo hacer de ti y de mí una nueva criatura.

 

15. Y la mayoría de ustedes, que son estudiantes de la Verdad saben que no tienen que ir a ningún lugar lejano, porque el que hace todas las cosas nuevas, incluyéndote a ti y a mí, está sentado ahí mismo donde tú estás.

 

16. El apóstol Pablo lo dijo de una manera categórica: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

 

17. La proposición fundamental es que Cristo es el catalizador del cambio en cada uno de nosotros. Y esta puede ser una de las divinas paradojas, ya que Cristo es por naturaleza una presencia eterna, inmutable e incambiable, pero cuando se individualiza en ti y en mí es el seguro y más confiable catalizador de cambios positivos en nuestra consciencia, en nuestra alma, en nuestro cuerpo y en nuestro medioambiente.

 

18. Jesús fue y es la máxima expresión del Cristo y de Él se habla en la Epístola a los hebreos con las siguientes palabras: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.” (Hebreos 13:8)

 

19. ¿Significan estas palabras que Jesucristo no cambia? Eso es correcto. Pero podrías argumentar esto diciendo: “pero usted mismo acaba de decir en su mensaje escrito en el programa de este mes que y cito: “Ciertamente Jesús experimentó cambios en Su vida; de Maestro y Líder espiritual paso a ser un reo, sentenciado y asesinado. Los enfrentó practicando la ley de la no-resistencia. Y… el mayor de los cambios tuvo lugar en Su consciencia; cuando tuvo que echar a un lado su yo personal para que la voluntad de Dios se hiciera en Su vida.”

 

20. Y tienes razón, eso fue lo que dije. Pero el que cambió fue Jesús el hombre de Nazaret, el hijo de María. Y Él mismo caminó todo el camino desde el principio hasta el final. Pero ¿quién lo cambió? Lo cambio el Cristo de Dios, esa divina Presencia que está en todos y cada uno de nosotros.

 

21. ¿Y cómo cambió? Permitiendo que la consciencia de Cristo dominara Su consciencia mortal; permitiendo que se hiciese la voluntad de Dios que es agradable y perfecta aunque a primera vista no lo parezca.

 

22. Eso que está en ti y en mí que es inmortal, incambiable y eterno es el agente de cambio más poderoso y provechoso para cada uno de nosotros.

 

23. Lo que hizo el Cristo con Jesús, el hijo de María, lo hará por ti y por mí si se lo permitimos como se lo permitió Jesús, el Nazareno. Nuevamente, una divina paradoja.

 

24. De modo que habiendo Jesús transitado todo el camino, siendo transformado como solo el Espíritu de Dios sabe hacerlo, se convirtió en Jesucristo, que no solo “es el mismo ayer, hoy y por los siglos,” sino que también es nuestro Ayudador. Preguntarás: ¿Ayudador de qué? Ayudador en nuestro proceso de cambio consciente para transformarnos en esa perfecta imagen y semejanza de Dios.

 

25. Él caminó todo el camino, Él conoce todo el camino y te ayudará a caminar y llegar a tu destino divino.

 

26. El Cristo de Jesús dijo incuestionablemente que Él era y es el camino al Padre. Pues todos venimos de Dios y debemos regresar a Dios.

 

27. No estamos hablando solo de cambiar nuestra actitud, hacia la vida y hacia los otros, tampoco estamos hablando de cambiar nuestro carácter, y no estamos hablando de cambiar nuestra consciencia, estamos hablando de un cambio mucho más profundo.

 

28. Las escrituras lo describen de la siguiente manera: “Al vencedor le daré de comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual nadie conoce sino el que lo recibe.” (Apocalipsis 2:17)

 

29. El vencedor es el que logra cambiar y purificar su alma y su cuerpo, convirtiéndose en una nueva criatura en Cristo preparado para comer del maná escondido. El maná escondido es el pan de vida eterna que solo puede ser tomado por todo aquel que ha transformado su alma y su cuerpo a la nueva vida en Cristo.

 

30. Esa piedrecita blanca es la base o fundamento donde se construye esa nueva vida, eterna, inmutable e incambiable. Y así como cada edificación está sustentada por su propio fundamento y solo el constructor conoce el fundamento, cada piedrecita blanca es el fundamento en donde se construye el nuevo hombre divino único, y solo Dios, el Constructor Supremo, y el que la recibe conocen su nombre. (Video)

 

31. Te vuelvo a hacer la pregunta: ¿cambiar, o no cambiar? De ti depende. Podrías continuar recibiendo esta enseñanza durante los próximos cuarenta años y por miedo al cambio permanecer ahí mismo donde estás, o en el paseo, donde una vez te detuviste a descansar.

 

32. Pero lamentablemente si haces esto estarás entregando el control de tu vida a los vaivenes de la vida y la vida misma te arrastrará ha donde ella quiera y a donde los vientos del momento te puedan llevar. Y no te sorprendas si acabas en una cuneta o en un basurero o en algún vertedero.

 

33. El cambio es inexorable, esto es inevitable. Idealmente sabemos y reconocemos que debemos cambiar para la gloria de Dios. Pero también sabemos que para cambiar se requiere valentía y determinación, pero sobre todo fe, sí, fe en el Cristo que mora en ti.

 

34. El Cristo que mora en ti te hace una invitación muy especial, te llama y te dice: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice…” (Apocalipsis 3:20-22)

 

35. Meditemos…

 

36. Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

37. Amén.

 

 

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