Cuando la Palabra se nos Revela

October 14, 2018

 “— ¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!”(Lucas 11:28) 

 

Es necesario saber y recordar que a lo largo de las Escrituras Jehová Dios se mantiene en comunicación con Su pueblo a través de los Profetas guiándolos y advirtiéndoles acerca de la importancia de mantenerse fieles a Dios en mente, pensamiento, palabras y acciones.

 

En una ocasión mientras Jesús predicaba, “una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: “—¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los senos que mamaste!”

 

Cuando Jesús oyó estas palabras contestó: “—¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!”(Lucas 11:28)

 

La palabra de Dios es la guía a seguir por cada uno de nosotros; y se nos revela por medio del Espíritu Santo. La palabra de Dios abre el camino que Dios desea que tú recorras no tan solo para Su gloria sino también para tu propio bien.

 

Miren queridos amigos, los caminos de Dios son inescrutables y misteriosos. El hombre desde el principio ha tratado de discernirlos y no le ha sido posible, porque Dios tiene Su propio propósito para cada uno de nosotros.

 

Ni tú ni nadie es una creación casual existiendo en un universo caprichoso. Y nadie vino aquí como resultado del deseo caprichoso de dos personas que se unieron para disfrutar de un momento de placer.

 

El que piensa de esta manera está viviendo como Alicia, en el país de las maravillas, una ilusión, una fantasía. Nadie fue creado para venir a existir en este mundo y después disiparse como una estrella fugaz que se iluminó por unos instantes para luego desintegrarse y desaparecer.

 

Sin embargo, así parece ser para a mayoría de aquellos que se han destacado en alguna actividad particular. Y esta es la creencia generalizada de la conciencia de la raza.

 

Pero escrito está: “dioses sois” (Juan 10:34) y nuestro destino divino es seguir el camino trazado y señalado por Jesucristo para alcanzar nuestra unidad con Dios.

 

Aun así, Jesús dijo: “el que guarda mi palabra nunca verá muerte.” (Juan 8:51). Pero Él también dijo que nada hacía por Su propia cuenta que él hacía lo que Su Padre le decía que hiciera. Él dijo: “No puedo hacer nada por mí mismo;… sino que el Padre, que vive en mí, él hace la obras.”(Juan 5:30 y 14:10)

 

La palabra de Dios es el camino a seguir para de una vez por todas, trascender íntegramente esta experiencia de vida.

 

Jesús dijo: “He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Juan 7:38)

 

Y tú también has descendido del cielo, porque, ¿de que otro lugar puedes haber venido si no vienes de Dios? Del infierno no puedes venir porque según la tradición ese es un lugar a donde van la gente que se ha portado mal. Es un lugar donde se entra y no de donde se sale según la creencia popular.

 

Cristo es nuestro Mentor, nuestro Asesor y Guía. Y nosotros también por medio del Cristo en cada uno de nosotros nos convertimos en asesores y guías de otras personas.

 

Piensen en sus hijos, familiares, amigos, compañeros de trabajo, miembros de nuestra comunidad espiritual y de alguna otra actividad social; en algún momentos los hemos asesorados, y de alguna manera hemos sido mentores. ¿No es así?

 

Pero la mejor asesoría y guía viene como resultado de permitir que la Palabra de Dios hable a través de nosotros y no a través de nuestra voluntad personal. Una buena afirmación que nos ayudará a que la Palabra de Dios se nos revele es decir: Hoy me entrego a la voluntad del Cristo en mí, haciendo lo que Dios desea hacer a través de mí.

 

Y esto requiere que desarrollemos nuestros oídos espirituales y estemos atentos al silbo apacible y delicado de Dios. Cuando la Palabra se nos revela y hacemos caso omiso de ella tenemos que saber que esto trae consecuencias.

 

Tenemos que tomar tiempo para escuchar con atención ese “silbo apacible y delicado” y por esta razón es necesario que te aquietes diariamente a escuchar en el silencio. Tenemos que saber que ese silbo apacible y delicado de Dios es nuestra intuición. Y por esta razón, tenemos que aprender a confiar en nuestra propia intuición.

 

Cuando la palabra se te revela y tú decides a ir por el camino que Dios te señala, tienes que despojarte de todo vestigio de egoísmo en ti. Y todos aquí sabemos que esto es un proceso, porque todos tenemos cosas que para nosotros son muy preciadas que se nos hace difícil soltar y dejar ir.

 

El joven rico dejó pasar una gran oportunidad de seguir a Jesús por haberse aferrado a las cosas materiales.

 

Y lamentablemente todo aquel que está materialmente desposeído busca por todos los medios posibles satisfacerse materialmente hasta que tarde o temprano comprende que nada material va a satisfacer los deseos de su corazón.

 

Entonces sigue buscando bajo la ilusión de que su felicidad la va a encontrar en una pareja; en alguien que pueda llenar su vacío existencial. Y si hizo una buena selección encontrará buena compañía, pero no necesariamente plena felicidad.  

 

En momentos podría sentirse solo y desamparado y clama y reclama a Dios por haberle abandonado hasta que en un momento de iluminación espiritual escucha el silbo apacible y delicado que le responde: “¿Por qué te sientes solo, si yo he estado siempre contigo?”

 

Y cuando Dios nos habla tenemos que escuchar y obedecer sin resistir. Pero lamentablemente muchos de nosotros resistimos buscando todo tipo de excusas para evitar asumir la responsabilidad que Dios coloca en cada uno de nosotros. Y para justificarnos apelamos a todo tipo a razones de incompetencia, o temor así como lo hicieron ‘Moisés, Elías, Jeremías y otros.’

 

Cuando la Palabra se nos revela tenemos que ser obedientes. Dios, nuestro Padre celestial nos da una orden y debemos seguirla y cumplirla. Él nos guiará todo el camino, nos dará los recursos necesarios para su cumplimiento y también las ideas divinas para que nosotros las llevemos a cabo en el desenvolvimiento de la misión que tenemos delante de cada uno de nosotros.

 

Existe una gran diferencia entre lo que es el propósito de nuestra vida y nuestra vocación o profesión.   

 

Nuestra vocación o profesión tiene que ver con el servicio que le rendimos a la sociedad, servicio que recibe una compensación. Ese intercambio de bienes y servicios que ilustra la actividad económica de la sociedad.

 

Sin embargo, el propósito de nuestras vidas tiene que ver con el desenvolvimiento o desarrollo espiritual no solo de cada uno de nosotros sino también de nuestro prójimo.

 

Las enseñanzas del Maestro son el fundamento, pero el camino te lo revela el Espíritu de Dios en lo secreto. Y cuando la Palabra de Dios se te revela más vale seguir Su instrucción y guía para que pases de grado en la Escuela de Cristo.

 

Cristo es nuestro Maestro, Él se encarga de darnos la lección, y nosotros nos encargamos de aprenderla y de incorporarla en nuestras vidas. De esta manera seguimos a Cristo. Seguir a Cristo es actuar conforme a la voluntad de Cristo y no a nuestra voluntad personal.

 

Seguir a Cristo requiere un compromiso. ¡No podemos orar llenos de miedo, tenemos que orar llenos de fe!

 

Y el compromiso es poner a Dios donde tiene que estar, sobre todas las cosas, escuchar Su Palabra y hacer Su voluntad.

 

Cuando la Palabra se nos revela, Dios está hablando claro con nosotros. Cuando la palabra se nos revela Dios quiere desenvolver Su divino propósito a través de nosotros.

 

Y cuando nos disponemos a hacer la voluntad de Dios, toda nuestra vida cambia y las recompensas que recibimos nos producen una gran satisfacción intrínseca.

 

Lo humano en nosotros tiene que desenvolver y desarrollar nuestra propia divinidad. Y nuestra consciencia es el medio mediante el cual podemos lograr esto.

 

Cuando Dios te dice “perdónalo porque no sabe lo que hace”, entiende que esto es para que sigas desarrollando tu potencial crístico; esto no es una humillación de tu persona y si fuese, aun así es necesario que tu personalidad mengue y el Cristo en ti crezca.

 

Se nos enseña desde pequeños que tenemos que tener metas y objetivos, y que tenemos que luchar para alcanzarlas. Se nos enseña a competir desde pequeños y a buscar ser ganadores. Pero esa es la dinámica dentro del dominio terrenal.

 

Pero cuando la Palabra se nos revela, Dios nos está llamando a actuar como seres espirituales; por lo que es necesario que nos tracemos metas espirituales, y que luchemos para alcanzarlas, se nos enseña que no es necesario competir sino cooperar y ayudar a los demás; lo importante es que todos nos desarrollemos en unidad de propósito.

 

Dios tiene unas palabras para ti. Escucha atentamente lo que Dios quiere revelarte. Tal vez te sientas sorprendido, o pienses que es algo inconcebible para ti, pero Dios sabe lo que hace y lo que te revelará cambiará toda tu vida y transformará tu consciencia. Pues escrito está: “todos seremos transformados” por la gracia de Dios.

 

Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la obedecen. Ellos también serán llamados hijos de Dios.

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

Amén.

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