Servicio de la Vasija Ardiente

December 31, 2018

Estamos en las postrimerías de este año, y así como después de una noche oscura le sigue un nuevo amanecer, este año que termina le sigue un año nuevo lleno de nuevas y grandes posibilidades.

 

Cada nuevo día nos ofrece un bello amanecer así como un atardecer. Las experiencias vividas terminan siendo parte de lo que somos y seguimos adelante en este camino que llamamos vida.

 

Y como la vida es consciencia nuestra alma va transitando y enlazando una serie de finales y comienzos en nuestro camino a la eternidad.

 

Es importante recordar que es nuestra responsabilidad renovar cada día nuestra consciencia… ese lugar en nosotros donde nos damos cuenta de nuestros pensamientos, de nuestros actos y de lo que somos.

 

Es también el lugar en donde deben generarse todos los cambios para lograr una verdadera transformación de nuestro ser.

 

Y en nuestro proceso de renovación de nuestra consciencia encontramos que existen ciertos patrones de pensamientos y hábitos negativos muy difíciles de cambiar.

 

Te voy a dar varios ejemplos: si tenemos una baja autoestima no es fácil subir nuestra estima. Si estamos acostumbrados a comer habitualmente cierto tipo de alimentos que no son nutritivos se nos hace difícil cambiar nuestra dieta. Si estamos sobrepeso no es fácil perder peso; si tenemos la tendencia de ser inflexibles e intolerantes no es fácil cambiar para ser más tolerantes y flexibles.

 

Si somos derrochadores y extravagantes no es fácil cambiar para ser comedidos y prudentes.

 

La mayoría de las resoluciones que hacemos a fin de año se quedan sin efecto antes de que se acabe el primer mes del año nuevo.

 

Esto es así porque en la mayoría de los casos las resoluciones están fundamentadas y basadas en la voluntad personal, que así como la carne, es débil.

 

La manera mediante la cual podremos sostener una resolución para generar un cambio positivo de ciertos patrones de pensamientos y hábitos negativos es: primero, siendo honestos con nosotros mismos y admitiendo que ese cambios es justo y necesario para nuestro desenvolvimiento espiritual.

 

Y segundo y no menos importante, tenemos que confiar en la poder de la voluntad divina de Dios operando en todo momento en nuestras vidas.

 

Por ejemplo puedes decir: “elimino todo tipo de ansiedad e inquietud acerca de mi futuro y descanso en la seguridad y bienestar que me ofrece el Cristo que mora en mí.”   

 

Todo proceso de cambio permanente comienza en la mente, transformando nuestros pensamientos y termina reformando nuestro carácter.

 

Esto requiere que nos liberemos y soltemos nuestro pasado. Sabemos que hemos cometido errores y que hemos sufrido las consecuencias de esos errores, pero también sabemos que podemos soltarlos y dejarlos ir si tomamos una decisión consciente de vivir conforme a la voluntad de nuestro Cristo morador.

 

Y para hacer esto tenemos que comenzar a espiritualizar nuestra consciencia.  

 

Para espiritualizar nuestra consciencia tiene que haber una limpieza de pensamientos impuros, de pensamientos pesimistas, y sobre todo tenemos que soltar y dejar ir el miedo. Sí, especialmente el miedo a una posible condición futura que no existe en el eterno presente en el aquí y el ahora.

 

Claro está, en toda decisión debemos utilizar la sabiduría divina y el recto pensar; pero no podemos invocar la sabiduría humana como una excusa para no hacer lo que tenemos y debemos hacer en espíritu y en verdad.

 

Hoy estamos todos juntos aquí con el propósito definido de:

 

a. liberarnos de cargas que hemos estado llevando durante este año y que ya no deseamos llevar más,

 

b. liberar nuestras creencias limitantes y tomar la decisión de vivir una vida de orden superior.

 

Para esto, necesitamos comenzar una reforma, sí, una reforma en nuestra consciencia. Soltamos toda carga negativa que hemos llevado este año para hacerle espacio a las bendiciones que Dios desea darnos a cada uno de nosotros en este nuevo año.  

 

Y este es el momento para comenzar este proceso afirmando todos juntos: “¡Querido Dios, Crea en mí, un corazón limpio/y renueva un espíritu recto dentro de mí!”

 

El propósito de este período de silencio no es para recordar el pasado; ni tampoco es un tiempo para hacerse de ilusiones acerca del futuro, sino un tiempo para hacer un trabajo específico de negaciones y afirmaciones en nuestra conciencia, limpiando y desechando lo viejo y creando el espacio para lo nuevo por medio del Espíritu de Verdad.

 

Este es un tiempo en el cual soltamos el pasado y nos apropiamos de nuestro bien en el presente y en el futuro. Logramos esto negando cualquier error que hayamos cometido este año que está por terminar y afirmando el patrón de Verdad para el nuevo año.

 

Cada uno ustedes  tendrá la oportunidad de escribir en uno de los papeles provistos eso que ha sido parte del año viejo y de la vieja conciencia el cual desean ahora soltar y dejar ir. En la otra hoja de papel que representa un nuevo comienzo escribirán sus deseos e ideales para el nuevo año.

 

Por conveniencia propia el ser humano divide la vida y las actividades en períodos que él llama tiempo. En realidad no hay otra cosa que un  “eterno ahora“. “Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación.” (2 Corintios 6:2) Ahora es el tiempo  para apropiarnos de nuestro bien. Nuestro bien solo espera nuestro reconocimiento y aceptación.

 

Ahora vamos a entrar en meditación, seguido de un tiempo de silencio y callada reflexión; y escribe en un pedazo de papel una palabra o dos de negación solo refiriéndote a la condición que deseas liberar, soltar y dejar ir.

 

Ministro dirige la Meditación.

 

Meditación para la Víspera de Año Nuevo

 

El libro de este año que está por terminar está abierto ante mí mientras estoy sentado aquí esta noche. El mal que otra persona pudiera haber tenido hacia mí, lo perdono y lo borro. Me perdono a mí mismo por cualquier error mío intencional o no, y me abro para recibir el perdón de cualquiera que haya ofendido. Todo daño, todo egoísmo, temor, odio, y los pensamientos de enfermedad y pobreza, son  como aguas que pasaron.

 

El libro de mi vida se limpia de principio a fin por el amor perdonador de Jesucristo. Está, por tanto, sin mancha ni defecto alguno.

 

Te pido, Padre, que antes de entrar en el nuevo año, el Espíritu de Cristo llene de tal modo mi corazón y mi alma, que todas las páginas del libro en todo el año que llega, se llenen sólo de aquello que me deleite guardar en la memoria y vea cumplido en mi vida. Que todas las alegrías espirituales del año que termina sean aumentadas, todos los altos pensamientos multiplicados; que todo el bien que haga o me hagan, crezca. Que la fe, la belleza del alma, la compasión y el amor, se vuelvan en mí como fueron en el Nazareno. Que yo crezca en sabiduría y estatura y en la gracia de Dios.

 

En el final de este año viejo, consagro el nuevo a Ti, querido Dios, y me consagro a Tu servicio. Úsame, Padre, en Tu viñedo, usa mi mente, alma y cuerpo. Usa  todos los bienes materiales que poseo para establecer Tu reino en la tierra por medio del levantamiento de Tus hijos. Ayúdame a ser un pacificador, un sanador, de discordias, de pensamientos de pobreza y de temores. Ayúdame a abrir los ojos de los ciegos a Tu belleza, los oídos del sordo a Tu mensaje. Ayúdame a mostrarle al cojo vacilante el camino donde él pueda correr y no fatigarse, caminar y no desfallecer.

 

En este nuevo año, ayúdame a expresar sólo el Cristo de mi ser en cada momento de cada día todos los días del año, y que el Cristo en mí haga expresarse al Cristo de todos los que entren en mi vida o se crucen en mi camino en el futuro.

 

“Soy libre del pasado y de los errores del pasado y de los resultados del pasado. Conozco la Verdad y la Verdad me hace libre.”(Silencio) Medita en estas palabras: Conozco la Verdad y la Verdad me hace libre.

 

Ahora querido amigo, te invitamos a que vengas y enciendas tu negación con la llama de la vela del año viejo y la eches en la vasija ardiente. Esto es para simbolizar tu aceptación del fuego purificador del Espíritu y la luz del Cristo en tu vida venidera. “Él os bautizará en Espíritu Santo y en  fuego.” (Lucas 3:16)

 

Por favor levántense de fila en fila y vengan al frente para encender el pedazo de papel con la negación y depositarlo en la urna provista. A medida que lo haces, repite en silencio: “esto (digan el nombre) ya no es parte de mi vida. El amor perdonador de Dios me hace libre ahora.”

 

Vuelvan a sus asientos y continúen en meditación silenciosa hasta que todos terminen. Mientras tanto, escribe en el otro pedazo de papel, que representa un nuevo y limpio comienzo, tus deseos y esperanzas en el nuevo año. (Mantente en Silencio)

 

Al terminar el proceso todos juntos afirman: Afirmemos: “Por la gracia y la Verdad de Dios en Cristo Jesús/ estos nuevos pensamientos de Dios/ son plantados en mi conciencia. Ellos llenan mi vida/ con el gozo radiante de su luz.” 

 

“Enciendo esta vela como símbolo del comienzo de un año nuevo.”

 

Afirmemos: El Espíritu de Dios/va delante de mí/haciendo mi camino/seguro, próspero y exitoso.

 

Mantén tu pedazo de papel con tu afirmación en tu Biblia o en un lugar seguro. Dirígete a él durante este nuevo año (y especialmente al final del año) en alabanza y acción de gracias a Dios.

 

Ahora debemos darle una bienvenida al nuevo Año afirmando: “En la luz de la comprensión de Cristo/entro gozosamente en este nuevo año/para conocer, aceptar y expresar mi mayor bien.”  Amén.

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