Epifanía: La Estrella que nos Dirige

January 7, 2019

“— ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo.” (Mateo 2:2)

 

La historia del nacimiento del niño Jesús es parte de la consciencia colectiva del mundo cristiano. Y tiene profundas implicaciones para todos nosotros como cristianos practicantes.

 

La historia relata que unos sabios de oriente llegaron a Jerusalén siguiendo una estrella y preguntando dónde estaba “el rey de los judíos que [había] nacido.” (Mateo 2:2)

 

En la Santa Biblia, edición de estudio, se explica que estos sabios, eran “personajes de algún país oriental no especificado, que estudiaban los astros y veían en ellos signos del curso de la historia humana. Estos representan anticipadamente a los pueblos no judíos que llegarán a reconocer a Jesús como el Cristo, o el Mesías.” (Mateo 2:1)

 

Las Escrituras dan testimonio de esto cuando Pedro comienza a predicar las Buenas Nuevas a los gentiles y continua Pablo con sus viajes misioneros a todo el mundo antiguo, alrededor del Mediterráneo.

 

Una estrella es un centro de luz y ese centro de luz llevó a los sabios a encontrarse con la Luz verdadera que alumbra al mundo.

 

Este relato histórico simboliza el viaje que cada hombre emprende en la búsqueda de su propia luz interior, el Cristo morador.

 

Cuando los sabios de oriente vieron la estrella despertaron al conocimiento de que debían seguirla. Esto representa en nosotros el despertar espiritual.

 

Y los sabios entienden que es necesario seguir la estrella. El pesebre representa el aposento alto, morada de armonía y paz,  donde mora el Cristo de nuestro ser.

 

La palabra epifanía según el diccionario significa la “festividad que celebra la Iglesia católica el día 6 de enero, en conmemoración de la adoración de los Reyes Magos.” Pero también significa: revelación, aparición o manifestación. (DRAE)

 

Para el iniciado o novato en el conocimiento de las cosas espirituales, el Cristo es como un niño y el nacimiento del niño Jesús representa la revelación, aparición y manifestación de la presencia del Cristo morador en cada uno de nosotros.

 

Y para el cristiano practicante el verdadero significado de la epifanía es la aparición o revelación, y manifestación de su propia divinidad con todo su potencial espiritual.

 

Y que bueno es saber esto a medida que inicia un año nuevo porque tenemos la oportunidad de cambiar nuestra perspectiva de la vida para enfrentar los retos que inevitablemente la vida nos traerá con mayor resolución, determinación y conocimiento del poder del Cristo que mora en cada uno de nosotros.

 

Pero ese poder permanece como un niño recién nacido, dormido, inactivo y a veces se escucha un pequeño gemido como llamando o reclamando nuestra atención, recordándonos que es una parte de lo que somos.

 

La consciencia de la presencia de Cristo tiene que desarrollarse, crecer y fortalecerse. Esto lo logramos por medio del poder de la palabra, la oración, la meditación y el silencio.

  

Afirmaciones tales como: La luz del Cristo brilla dentro de mi ser, o La vida de Cristo fluye a través de todo mi cuerpo y soy renovado, sano y perfecto; son muy útiles en el despertar y desarrollo de la presencia de nuestro Cristo morador.

 

Afirmaciones como estas repetidas diariamente comienzan a despertar el poder de Cristo en nosotros eventualmente llevándonos a un proceso gradual de refinamiento de nuestra alma y nuestro cuerpo.

 

Y para nosotros como cristianos practicantes el verdadero significado de la epifanía es la aparición o revelación, y manifestación de nuestra propia divinidad con todo su potencial crístico.

 

Nuestros pensamientos se espiritualizan cada día más y nuestro cuerpo responde obedientemente espiritualizándose también.

 

El despertar de nuestra consciencia Crística reforma nuestros pensamientos, nuestro cuerpo y nuestras circunstancias.

 

Pero esto no ocurre de la noche a la mañana, pues Dios es un Dios de Orden y todo proceso tiene pasos que deben ser ordenados.

 

Y como dice el sabio predicador: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3::1)

 

Así como el comerciante o empresario dedica largas horas al desarrollo de su negocio o empresa, aquel que quiere desarrollar su consciencia de la presencia y el poder de Cristo en él tiene también que dedicarle tiempo y en su hora se culminará el proceso

 

Nada es imposible para Dios y nada es imposible para el que confía y tiene fe en Dios.

 

Pero de nada nos sirve escuchar el llamado, ver la estrella, saber que debemos seguirla, si no nos movemos para seguirla y desarrollar del ideal crístico en nosotros. Esto es como desear ir a Puerto Plata sin querer pagar el precio del pasaje del autobús que nos llevará a nuestro destino. Muchos desean ir a Puerto Plata pero no están dispuestos a pagar el precio del pasaje.

 

Pero sabemos que en la vida todo tiene su precio y todo empresario exitoso sabe y reconoce este principio universal. A ellos les puedes preguntar cuanto le ha costado en tiempo y dinero desarrollar sus proyectos comerciales.

 

Sin embargo, muy pocos están dispuestos a invertir el tiempo y el dinero en su propio desenvolvimiento espiritual.

 

Y aunque no está escrito, todos sabemos que los sabios de oriente invirtieron su tiempo y su dinero en el viaje que hicieron para adorar al niño. ¿No es así?

 

De la misma manera tú y yo tenemos que estar dispuestos a invertir nuestro tiempo y dinero para el desarrollo del potencial crístico en nosotros.

 

No obstante, existe una gran cantidad de personas que todavía no han podido ver la estrella aunque todos tenemos una estrella de oriente que nos dirige. Pero para verla y seguirla tenemos que afinar nuestros ojos espirituales y tener la disposición de seguirla.

 

Y, ¿cómo afinamos nuestros ojos espirituales? Nuevamente por medio de la palabra. Puedes afirmar: “Por medio del ojo de la visión interna veo la estrella que me dirige al encuentro del Cristo que mora en mí. Mi ojo es bueno y todo mi cuerpo está lleno de luz.”

 

El nacimiento del niño Jesús representa la llegada del mesías al mundo. Y en ti y en mí la llegada de nuestra realización de la presencia del Cristo en nuestro ser.

 

Eso es lo que realmente representa y eso es lo que el mundo debe conocer y expresar. A nosotros como cristianos practicantes nos toca dar el primer paso, comenzar a seguir la estrella que nos alumbra para convertirnos en cristos.

 

Entiende bien que es lo que estoy diciendo y todo lo que conlleva esto. Recuerda estas palabras: haz lo mejor que puedas con lo que tienes ahí mismo donde estás.

 

¿Recuerdas estas palabras? ¡Así empieza todo lo que emprendemos! Empezamos donde estamos, haciendo lo mejor que podemos hacer, con lo que tenemos a la mano.

 

La meta del hombre es romper el cascarón que encierra ese esplendor aprisionado, Cristo en cada uno de nosotros, “el hombre que Dios creó a Su imagen y semejanza, el verdadero ser de todos los hombres.” (LPR p.105).

 

“¿Dónde está… el que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo.”

 

Cuando los sabios llegaron al lugar donde estaba el niño Jesús “lo adoraron; luego abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes; oro, incienso y mirra.” (Mateo 2:11)  

 

Para mí, los sabios representan la actividad del Espíritu de Dios realizando Su obra en nosotros para revelarnos la morada del Cristo interior. Los regalos son las riquezas espirituales que acompañan el renacimiento del Cristo en cada uno de nosotros.

 

Y ¿cuáles son esas riquezas espirituales? La sabiduría divina, el amor incondicional, la fortaleza, el poder de la palabra de verdad, fe inquebrantable.  

 

Queridos amigos, hoy celebramos la Epifanía, pero celebrémosla en donde tenemos que celebrarla, en nuestro interior. Ese que nació, en nosotros ha renacido. Ahora nos toca a cada uno de nosotros alimentarlo para que se desarrolle y crezca.

 

No le niegues Su alimento, Él necesita tu atención tu dedicación y tu amor. ¿Estás dispuesto a consagrarte en esto?

 

Todavía hay muchos que no han visto la estrella y menos la morada donde se encuentra el mesías.

 

Pero hoy todos los que estamos aquí sabemos de la estrella y dónde hay que buscarla; ella te llevará al lugar del Mesías pero tienes que pagar el pasaje. ¿Estás dispuesto a pagar el precio? La decisión es tuya.

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

Meditemos…

 

Amén.

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