Cambiando lo Incambiable

 

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación.” (Efesios 4:29)

 

Se ha dicho que “Nuestra existencia terrenal es una paradoja extraña. Somos seres inmutables moviéndonos en un mundo de constantes condiciones cambiantes.” –G. T. West.

 

Y ciertamente pienso que esto es una gran Verdad, porque nuestra esencia es espiritual, es inmutable, esto es, incambiable y eterna; transitando por una autopista en donde lo transitorio es lo constante.

 

Hay un dicho bien conocido en los países que dice: “Si no te gusta el clima, espera unos minutos y cambiará.”

 

Somos una ola moviendo las aguas del gran océano de la omnipresente vida de Dios. Pero nuestra esencia divina permanece incambiable, así como la composición molecular de las aguas del océano.

 

Pero aunque nuestra esencia es divina también somos humanos, buscando ser lo mejor que podamos ser en esta presente dimensión de vida. Y normalmente trabajamos arduamente para conseguir este objetivo con el propósito de satisfacer nuestras necesidades físicas, sociales y espirituales.

 

A través del desarrollo de la tecnología y los nuevos descubrimientos científicos, especialmente en la física cuántica el mundo que nos rodea continúa cambiando a una velocidad cada vez mayor.

 

Hoy más que nunca antes la ciencia está concluyendo que hay una presencia universal que inter-penetra todas las cosas disponible para satisfacer todas las necesidades humanas.

 

Jesús dijo: “las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida,…el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán.” (Juan 6:63, Lucas 21:33)¿Qué quiso decir Jesús con esto?

 

Jesús nos enseñó una vez y otra vez que somos seres multidimensionales viviendo en dos dimensiones concurrentemente.

 

El centro de nuestro ser tiene su morada en la cuarta dimensión pero vivimos en un cuerpo que se expresa en la tercera dimensión.

 

En la cuarta dimensión moramos dentro de la inmutabilidad y en la tercera dimensión dentro de la transitoriedad. Nuestro centro es invisible pero lo que rodea, esto es, nuestro cuerpo es visible. Igualmente hay mente espiritual y mente carnal. En la mente carnal existen dos condiciones opuestas; la verdad y el error, o mejor dicho el bien y el mal.

 

Creemos en la realidad de las cosas que percibimos a través de nuestros sentidos. Y decimos: “así es la vida.” Pero la verdad es que si no te gustan las “realidades de tu vida”, así como el clima, espera un poco y algo bueno surgirá, y aquello que ayer fue, hoy ya no es.     

 

Hay quienes piensan que lo que tienen que cambiar son sus circunstancias. Y generalmente estas son como el clima que si no te gusta en este momento espera unos minutos y cambiará.

 

De manera que es justo y necesario que enfoquemos nuestro proceso de cambio y desenvolvimiento desde esta perspectiva para resolver esta aparente paradoja de cambiar lo incambiable.

 

Para muchas personas el cuerpo es una cosa y la mente es otra. La conciencia del cuerpo se siente separada de la mente y el cuerpo hace sus propias demandas y exige sus propias satisfacciones.

 

Jesús señaló esto cuando dijo: “…el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carnes es débil”. (Mateo 26:41) Muchas veces anhelamos lograr algo, pero por otro lado no estamos dispuestos a hacer el sacrificio que esto conlleva.

 

De igual manera, existen creencias en cada uno de nosotros tan cristalizadas que son prácticamente imposible de cambiar.

 

Por ejemplo, a quien no se le ha dicho desde pequeño que existe un sitio llamado cielo al que tú irás cuando te mueras si te has portado bien aquí en la tierra; y que hay otro lugar llamado infierno donde irás cuando te mueras si te has portado mal aquí en la tierra.

 

Otra creencia que es casi imposible de cambiar es la creencia de que todos vamos a morir.

 

¿Será posible cambiar estas creencias? Esto sería lo que yo llamo, cambiar lo incambiable.

 

Será posible cambiar “la realidad de la muerte.” Pablo dice: “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” (1 Corintios 15:26)

 

Y añadió: Os digo un misterio: No todos moriremos” (1 Corintios 15:51)

 

Escrito está que el patriarca Enoc no vio muerte. “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios. “ (Génesis 5:20)

 

El autor de la Epístola a los Hebreos escribe: “Por la fe Enoc fue traspuesto (trasladado) para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuera traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.” (Hebreos 11:5)

Del profeta Elías se escribió que después de pasar el Jordán cuando iba caminando y hablando con Eliseo Jehová lo arrebató. “Aconteció que mientras ellos iban caminando y hablando, un carro de fuego, con caballos de fuego, los apartó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino.” (2 Reyes 2:11) Y Eliseo “nunca más lo vio.” (2 Reyes 2:12)   

 

Y la ciencia cada día se acerca más a la idea de la realidad de la vida eterna. Charles Fillmore escribió: “Edison dijo que sus investigaciones lo habían convencido de que los átomos son centros de inteligencia; que el cuerpo humano, estando compuesto de átomos (cada uno de los cuales es una entidad inteligente) un hombre podría, logrando dominio de estos átomos por medio de la voluntad, vivir para siempre.” (GCV p. 79-80)  

 

Y hoy día “La vida eterna pertenece al campo de la ciencia.”

 

Sabemos que Jesús  murió pero resucitó y venció la muerte. Yo opino que el poder que levantó a Jesús de la tumba está dentro de cada uno de nosotros y ese poder es Cristo en ti. Y ese postrer enemigo al cual Pablo se refiere será destruido no colectivamente sino individualmente por cada uno de nosotros.

 

El apóstol Pablo nos dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4: 22-24)

 

Ese nuevo hombre es el hombre regenerado. Y para lograr esto tenemos que “despojarnos del viejo hombre;” el hombre de las tradiciones y antiguas creencias adquiridas de la mente racial. Pablo nos dice “renovaos en el espíritu de nuestra mente”? Pues tenemos mente carnal como mente espiritual, tal como lo dijo Pablo, “todos tenemos la mente de Cristo.” (1 Corintios 2:16)

 

La renovación proviene de nuestra mente espiritual, no es que nuestra mente espiritual se renueve porque siempre es nueva y eterna. Pero es la causa que produce una renovación en nuestra mente humana; que aunque invisible, está influenciada por las tradiciones del mundo. Esta mente tiene que ser levantada o espiritualizada para eliminar la dualidad de nuestra consciencia y así vencer la muerte.

 

 La mente carnal cree en la muerte; la mente de Cristo, en la vida eterna. Vencemos la muerte afirmando que la única mente en nosotros es la mente de Cristo. Cuando la mente de Cristo toma el control el cuerpo de Cristo comienza a formarse refinando nuestro cuerpo carnal y elevándolo a potencia espiritual. El Espíritu de Dios en nosotros lleva a cabo esta transformación.

 

De modo que lo incambiable cambiará porque la única realidad es Cristo en nosotros, pero tiene que ser descubierto individualmente por cada uno de nosotros.

Queridos amigos, cambiar el carácter y la estructura de nuestro cuerpo material en un cuerpo refinado y radiante parece ser una aventura imposible de realizar. Pero esto se puede realizar y llevar a cabo trabajando directamente con la mente de Cristo en cada uno de nosotros.

 

Ahora bien, te he dicho como puedes cambiar lo incambiable en cada uno de nosotros.

 

Primero te vas a meditación enfocándote en tu propia respiración. Y cuando entres en un estado de quietud haz las siguientes afirmaciones:

 

      1. Me levanto de la tumba de la materialidad y reclamo mi herencia divina de vida eterna.

 

    2. La voluntad del Cristo en mí y crece cada día, mientras que mi voluntad personal mengua.

 

       3. Mis pensamientos, sentimientos y emociones responden obedientemente a la Mente del Cristo en mí.

 

      4.  Estoy vivo con la vida de Cristo.

 

      5.  Soy inteligente con la inteligencia de Cristo.

 

   6. La Mente de Cristo que mora en mí es la única mente real, porque es incambiable y eterna.

 

De manera que: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación.”

 

Si llevas a cabo esta labor diariamente poco a poco irás cambiando tu conducta, tus hábitos, y tu cuerpo irá sanando y nuevos caminos de prosperidad se abrirán delante de ti.

 

Dejarás de tomar decisiones en función al beneficio financiero que estas te puedan dejar en cambio tomarás tus decisiones en función del valor que tu servicio pueda tener.

 

Encontrarás que ese tesoro escondido del que habló Jesús es Cristo en ti, y nuevos poderes surgirán desde tu interior cuando estés preparado para usarlos siguiendo la norma divina.

 

Dirás como dijo Jesús: No he venido para ser servido sino para servir.

 

Y cuando puedas decir esto con la seguridad de que los hechos de tu vida hablan por sí solos, habrás cambiado lo incambiable en ti.

 

Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.

 

Meditemos…

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