Aniversario: Lecciones Aprendidas en Nuestro Sendero Espiritual

September 16, 2019

“… ocupaos en vuestra salvación porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Filipenses 2:13)

 

Hoy estamos celebrando el noveno aniversario de nuestro Centro de Cristianismo Práctico. El domingo, 12 de septiembre del 2010 se llevó a cabo el primer servicio en el salón ejecutivo de este hotel.

 

Hacía varios años que yo venía contemplando comenzar un ministerio. De hecho cuando asistí para participar en el Seminario de Demostración de Destrezas con el primer grupo que celebró en Unity en la Bahía, en la última diapositiva de mi presentación mostré la imagen de una iglesia como señalándoles al grupo que mi intención era comenzar un ministerio. Eso ocurrió a principios del año 2006.

 

Y durante cuatro años estuve trabajando junto a la Revda. Aida de Domínguez en su Ministerio en Ciudad Universitaria como Asistente de Ministro hasta que me ordené como Ministro de Unity. Me fue muy bien con Doña Aida y pude haberme quedado en su ministerio pero “Dios es el que produce en nosotros el querer como el hacer” y por esta razón me lancé a buscar un local para comenzar mi ministerio.

 

Comencé a buscar un local por todas partes y ahí aprendí mi primera lección en mi sendero espiritual. Y es que: nada ocurre hasta que das el primer paso.

 

Noten que en los últimos servicios hemos estado hablando acerca de la salvación y siempre recalcamos la misma idea y es que la salvación es individual y tú tienes que dar el primer paso.

 

Pues bien, me tocó a mí dar el primer paso, y en ese proceso no había un mapa con las instrucciones a seguir, pero estaba la presencia de Dios en todo lo que hacía.

 

Y esa fue la segunda lección: ocúpate de escuchar tu voz interior; especialmente cuando no hay mapas, cuando estás en pleno proceso de terminar algo que has estado haciendo para comenzar algo totalmente nuevo.

 

Cuando permitimos que nuestra intuición nos guíe, estamos permitiendo que se haga la voluntad de Dios en nuestra vida. En ocasiones podemos sentirnos sumamente incómodos porque nuestro intelecto argumenta hasta el punto de crear condiciones antagónicas en nuestra consciencia pero cuando nos alineamos con la voluntad de Dios incondicionalmente encontramos que Dios nunca falla.

 

Esto lo sentí en mi propia carne cuando estaba negociando la tarifa que este hotel me presentó por el uso del salón para llevar a cabo nuestros servicios dominicales.

 

Pero pensé que si Dios me había llevado hasta el proceso de negociación de la tarifa de alquiler era porque era necesario llegar a un acuerdo que beneficiara a ambas partes. Esa fue mi lección: Dios va proveyendo los recursos según se necesitan cuando confías en Él.

 

Pero tiene que haber plena confianza; aunque no te niego que estaba sumamente estresado. Y estaba estresado por dos razones importantes. La primera fue que de momento me encontré negociando un contrato de alquiler por varios meses. La segunda era que estaba en medio de una negociación de suma importancia en mi vida y no me consideraba capacitado para negociar. Y les puedo asegurar que Dios negocio a través de mí.

 

Pero eso no se queda ahí, aprendí que Dios es mi mejor Maestro. Esa fue mi lección. De ahí en adelante me siento capacitado para negociar y tengo el conocimiento intuitivo para saber si la negociación es o no factible para ambas partes.

 

Lo cual me lleva a mi próxima lección: haz lo mejor que puedas con lo que tienes, ahí mismo donde estás. Cuando comencé mi ministerio no tenía micrófono, no había una banda de músicos como hoy tenemos. Estaba yo solo con mi guitarra. Atrás estaba Ruth con una laptop y dos bocinitas tocando canciones en CD. 

 

Si yo me hubiera puesto a esperar hasta que todas las condiciones se dieran para comenzar este ministerio nunca se hubiese comenzado.

 

Lo que me lleva a la próxima lección, que son palabras de Jesús: “… el Padre que mora en mí, él hace las obras.” (Juan 14:10)

 

Desde el principio hasta el día de hoy Dios ha ido desenvolviendo Su plan para este ministerio. Y les puedo asegurar que con este ministerio se ha iniciado un movimiento espiritual que nunca se detendrá. 

 

Con el paso de los años he visto que los constituyentes de nuestra congregación han ido cambiando y también el núcleo mismo de esta congregación.

 

Personas que asistieron para varios años se han ido y nuevas personas han llegado. Y los que se han ido ha sido por distintas razones, todas ellas razones válidas. Algunos hicieron su transición, otros se han ido a vivir a otros países, también se han ido por algún descontento que han tenido, y otros por razones totalmente desconocidas para mí.

 

Los nuevos que han venido y se han quedado, se han sentido bien y han encontrado aquí enseñanzas importantes para su propio desenvolvimiento espiritual.

 

Todo esto tiene una lección importante para mí, primero es que las personas que te rodean van cambiando porque toman distintos rumbos en sus vidas y segundo es que Dios pone a tu lado personas en el tiempo perfecto que pueden contribuir en el desenvolvimiento del plan que Él ha dispuesto para esta, Su congregación.

 

Seguimos caminando por el sendero que Dios nos ha señalado, es siempre un nuevo camino y un camino desconocido, conocido solo por Dios pero a la vez Él es nuestro mejor guía.

 

La trayectoria de este ministerio en un sentido es la trayectoria del pueblo hebreo cuando salió del cautiverio egipcio. Allí vivieron en la esclavitud por más de 400 años y todos los que estamos hoy aquí de una manera u otra también hemos sido esclavos de todo tipo de pensamiento erróneo y de toda limitación.

 

Pero a medida que hemos transitado este camino hemos soltado viejas ataduras y nos hemos liberado cada día más. Hoy conocemos grandes verdades espirituales liberadoras que antes no conocíamos en cumplimiento fiel a las palabras de Jesús cuando nos dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32) 

 

Delante de nosotros, allá en el horizonte de nuestra consciencia interior, está la Tierra Prometida, no la tierra de Canaán, sino el Reino de los Cielos, la Nueva Jerusalén. Un reino que ha preexistido desde el principio y que no tiene fin y es el lugar que Jesús ha preparado para todos aquellos que le siguen en la regeneración.

 

Mi meta es llegar a esa tierra prometida, entrar y permanecer en el Reino de los Cielos, La Nueva Jerusalén. ¿Cómo y cuándo llegaré?, solo Dios lo sabe, pero mientras tanto continuo en mi propia trayectoria afirmando las Palabras de Pablo: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome hacia lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13,14)

 

Lo cual me lleva a mi próxima lección: Todo es posible y es cuestión de interés, disposición y persistencia, porque todo tiene su tiempo.

 

Tú escoges tu meta y tu camino, yo escogí mi sendero  y es a través del ministerio predicando las enseñanzas del Maestro Jesucristo. Pero Dios tiene un ministerio para ti, te sugiero fuertemente que te ocupes de descubrirlo.

 

Porque debes ocuparte de tu propia salvación, pues Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

 

Nuestro lema para este año es: La vida de Cristo fluye en mí trayendo armonía, paz, salud y perfección. Yo soy uno con Dios.

 

Dios te bendice porque sabiendo estas cosas las haces.

 

Meditemos…

 

Amén.

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