¿En Dónde está tu Fe?

October 6, 2019

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”     (2 Timoteo 4:7)


Si te pregunto, ¿en dónde está tu fe?, lo más probable es que me contestes que tu fe está en Dios.


Pero tal vez para ti como para muchos, Dios es una idea, sí, una idea o un concepto desconocido, obscuro y teórico. Para otros Dios es algo de lo que podemos filosofar o desarrollar una nueva teología; esto es una ciencia que trata acerca de Dios fundamentada en los textos sagrados, la tradición y los dogmas.


Me atrevería a decir sin temor a equivocarme que hay muchos teólogos, estudiosos de Las Escrituras y líderes religiosos cuya fe no llega tan siquiera a ser del tamaño de un grano de mostaza.


No obstante, encontramos personas con muy poca preparación académica prácticamente analfabetas con una fe inquebrantable. Entonces, ¿qué es la fe?


La fe más que una definición, es una decisión. La fe es compromiso inevitable, determinación, enfoque mental es mantenerse firmes en una idea, en algún deseo o propósito y es el deseo del corazón deseando o buscando más de la vida misma. La fe es el camino por el cual lo que no se ve se hace visible.


San Agustín dijo: “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.”


En más de una ocasión leemos en las Escrituras que Jesús usó la frase “hombres de poca fe.”


En el capítulo 6 del Evangelio según Mateo, Jesús hablando acerca de la confianza en Dios nos dice: “Y si la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros hombres de poca fe? (Mateo 6:30)


Jesús nos hace un llamado para que no estemos ansiosos acerca de nada ni de nadie. Porque al fin y al cabo todo tipo de ansiedad en el fondo no es otra cosa que falta de fe en el poder de Dios para satisfacer todas nuestras necesidades sean éstas físicas, emocionales o de la naturaleza que sean.


Dios establece Su Orden Divino en todas las cosas respetando siempre nuestra libertad personal.


Entonces, me pregunto ¿por qué aun sabiendo estas cosas seguimos desconfiando del bien de Dios y Su buena voluntad para cada uno de nosotros?


Y la respuesta inmediata que viene a mi mente es que todavía estamos en la conciencia material de “ver para creer,” lo que implica que si no vemos no creemos, porque siempre habrá duda acerca de lo que no podemos percibir a través de nuestros sentidos físicos.


Acerca de la duda escribe el Rev. Robert Schuller y cito: “Pero la duda puede convertirse en una fuerza positiva cuando aprendemos a dudar de nuestras dudas y a tener fe en nuestra fe.”


Pero así como tenemos cuerpo material también tenemos cuerpo espiritual, y así como tenemos sentidos que nos ayudan a percibir la realidad física que nos rodea, tenemos sentidos espirituales que nos ayudan a conocer la Verdad acerca de todas las cosas. Cada sentido físico tiene su contraparte espiritual y todo lo que tenemos que hacer es desarrollarlo.  


Entonces, ¿en dónde está tu fe? ¿En lo que se ve, o en lo que no se ve?


El apóstol Pablo nos dice: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”    


Por ejemplo si tienes un problema de provisión, ¿en dónde pones el enfoque de tu mente?, ¿en la aprobación del préstamo que solicitaste al banco, en la herencia que te dejó un tío rico, en tu negocio, o en tu trabajo?


Si tu mente se mantiene enfocada en estos canales, estarás limitando los canales por medio de los cuales Dios puede satisfacer tu necesidad porque no estarás receptivo a todos los otros canales que Dios tiene a Su disposición y que no has considerado. Y recuerda siempre que Dios obra por sendas misteriosas.


Por esta razón nos conviene enfocar nuestra mente y toda nuestra atención en Dios y solamente en Dios como sustancia todo-proveedora.


Puedes ver a Dios como quieras verlo, como a un Padre proveedor o como Fuente de provisión en todas tus necesidades.


Si tienes un problema de salud, ¿en dónde pones el enfoque de tu mente?, ¿en la enfermedad, en el médico, o en el medicamento?


Puedes estar atento al diagnóstico y eso está muy bien, porque puedes trabajar con las causas de la condición que está afectando tu salud.


Pero lo que debemos rechazar de plano es el pronóstico médico acerca de la enfermedad. Tenemos todo el derecho de rechazar como bien muchos lo han hecho el juicio que forma el médico respecto a los cambios que pueden sobrevenir durante el curso de una enfermedad, y sobre su duración y terminación por los síntomas que la han precedido o la acompañan.


Pero no solo el médico sino nuestros seres más allegados pueden sugestionarnos y si no estamos alertas, nuestra fe puede tambalearse, o relocalizarse en el lugar equivocado causando todo tipo de males incluyendo la muerte.


 Nuestro enfoque, nuestra fe no puede estar en la condición sino en la solución.


Una persona relató que estuvo participando en un triatlón en Palm Springs, California y estaba en la parte de correr bicicleta y se estaba acercando a una intersección y cuando giró  una camioneta Bronco que venía a 55 millas por hora lo chocó por detrás y lo lanzó por el aire. La fuerza de compresión le oprimió seis vertebras de la espina dorsal. El pronóstico clínico decía que probablemente no podría volver a caminar y que necesitaría una cirugía compleja llamada “Implante Harrington”. Él dijo que si se hubiese tratado de cualquier otra persona él le hubiera recomendado que se hiciera la operación. Pero como se trataba de él, tomó la decisión de salir del hospital con un solo pensamiento en su mente: “El poder que creó el cuerpo, sana el cuerpo.” Y no podía dejar de pensar en eso porque sabía que hay una inteligencia que nos da vida, que hace latir el corazón y digerir la comida. Así que decidió ponerse en contacto con esta Inteligencia y darle una propuesta, una plantilla, un diseño y que cuando se sintiera satisfecho con su creación se la entregaría a una Mente superior porque Ella sabe cómo curarlo mucho mejor que él. Y lo otro que dijo fue que no dejaría pasar por alto ningún otro pensamiento que no quisiera experimentar. Entonces comenzó reconstruyendo su columna vertebral en su mente, vértebra por vertebra. Luego pensó cómo sería vivir por el resto de su vida en silla de ruedas. Durante seis semanas, atravesó una profunda oscuridad en su alma porque no lograba que su mente hiciera lo que él quería. Le llevaba casi tres horas cerrar sus ojos y reconstruir cada vértebra. Comenzaba de nuevo cada vez que se distraía. Al cabo de seis semanas logró llevar a cabo el proceso de reconstrucción completamente sin distraerse; y fue para él como darle a la pelota de tenis en el punto justo. Algo hizo click en ese instante y él hizo click. [Hubo una conexión consciente entre su mente y su cuerpo de forma tal] que comenzó a notar cambios importantes en su cuerpo, comenzó a recuperar sus funciones motoras y su cuerpo comenzó a cambiar de golpe. En 10 semanas estaba caminando y en 12 semanas volvió a hacer ejercicios. Entonces hizo un pacto consigo mismo que consistió en que si volvía a caminar normalmente, lo que logró, dedicaría el resto de su vida a estudiar la conexión mente-cuerpo y mente sobre la materia. Y así lo ha estado haciendo desde 1986.


Su nombre es Dr. Joe Dispenza, quiropráctico, conferencista internacional con estudios post graduados en neurociencia. 

 

Queridos amigos todavía hay un gran separación entre nuestra mente carnal, nuestra mente divina (la mente del Cristo morador) y nuestro cuerpo, pero por medio de la fe podemos cerrar el interruptor conectando todos estos bajo la dirección de la mente de Cristo. Y lo logramos por medio de la fe. 


Y una vez más te pregunto: ¿en dónde está tu fe? Que hay batallas que enfrentar, ¡claro que sí! Que hay lugares desconocidos que debemos atravesar, ¡absolutamente!


Tenemos que guardar nuestra fe, pelear la buena batalla, y completar la tarea por delante.


Jesús lo hizo, Pablo también y tú y yo podemos también mantener nuestra fe, pero no centrada en nuestra voluntad personal sino en la voluntad de Dios para cada uno de nosotros.


Lo mismo digo en cuanto a nuestras necesidades cotidianas. Dios nos da siempre el pan de cada día pero tenemos que apropiarnos de él con fe.    


Te pregunto una vez más, ¿en dónde está tu fe? Tú sabes que la verdadera respuesta la encontrarás no en tu intelecto, sino en tu corazón. Cierra por unos momentos tus ojos ve el centro de tu corazón y hazte nuevamente la pregunta, ¿en dónde he puesto mi fe? Ahora que has recibido la respuesta te pregunto ¿está tu fe en donde tiene que estar?


Si la contestación es afirmativa te felicito porque sé que tu fe está en tu interior. Pero si no está en donde tiene que estar porque la has colocado en algún lugar externo a ti, tuya es la decisión de colocarla en el lugar que le corresponde.


Dios te bendice si sabiendo estas cosas las haces.


Meditemos…


Amén. 

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