El Perdón: un concepto o una experiencia

February 2, 2020

“Bienaventurados los de limpio corazón porque  verán a Dios.” (Mateo 5:8)

 

Tal y como les dije en mi mensaje en el programa de este mes, el perdón así como el amor, son temas que han sido tratados muy frecuentemente y aun así tenemos que seguir tratándolos porque los problemas de relaciones interpersonales siguen apareciendo en nuestras vidas. Lo que indica que todavía nos falta poner en práctica lo que sabemos y hacer del perdón una experiencia cotidiana que mejore nuestras relaciones humanas.

 

Escuchamos a muchas personas decir “yo perdono pero no olvido.” Y los estudiantes de la verdad son muy rapiditos en reaccionar diciendo “ese no perdona ‘na’;” porque se les ha enseñado que para perdonar verdaderamente hay que “olvidar.”

 

Muchas personas luchan con esta idea porque se les hace sumamente difícil olvidar el suceso que causó la falta de perdón. A mí me ha pasado eso y estoy seguros que a muchos de ustedes también.

 

Yo pienso que si vemos el proceso perdonador de esta manera se nos hará muy difícil perdonar porque esto implicaría que tendríamos que borrar de la memoria el evento que ocurrió.

 

Sin embargo, yo pienso que no es necesario olvidar el evento en sí, sino eliminar el trauma que produce el recuerdo de ese evento en nuestra mente, en nuestras emociones y en nuestro cuerpo.

 

Sabemos que los pensamientos erróneos o las malas interpretaciones, producen condiciones limitantes en nuestro estado de salud. Existe una conexión entre el perdón y la salud. De modo que tu estado de salud manifiesta en cierta medida tu capacidad de perdonar.

 

Algunos de ustedes recordarán una historia que les hice hace algunos años acerca de un quiste sinovial que me salió en la mano derecha. Les decía que asistía a una sesión de estudios en Unity Village cuando conocí a una estudiante costarricense. Teníamos clase juntos y durante una conversación casual ella observó el tamaño del quiste y me dijo: “eso te lo causó tu inflexibilidad.”

 

Quiero decirles que esta persona me acababa de conocer, apenas hacía un par de días. Sus palabras resonaron en mi consciencia y sentí dentro de mí que ella tenía razón, y realmente la tenía. Al día de hoy todavía recuerdo momentos donde fui sumamente inflexible con otras personas.

 

La inflexibilidad hacia otras personas es intolerancia, una actitud que le cierra el paso al fluir de las ideas, de la misma manera que la falta de perdón le cierra el paso al fluir del amor.

 

Para lograr que el perdón deje de ser un concepto y se convierta en una experiencia de vida orgánica tenemos que modificar nuestros propios pensamientos, sentimientos y emociones de intolerancia y condenación hacia otros.

 

Déjame repetírtelo de una manera distinta. Para lograr que el perdón deje de ser un concepto y se convierta en una experiencia tienes que modificar lo que piensas y sientes acerca de las personas con las que te relacionas, (especialmente con aquellos con las cuales has tenido un desacuerdo intolerante) y también debes modificar la manera en que reaccionas a sus pensamientos, palabras y acciones.

 

Nunca habrá justicia en la condenación. La justicia viene con el perdón. Esto parece contradictorio.  Pero piénsalo bien, ¿no es cierto que nosotros nos condenamos por lo que pensamos, y nos hacemos justicia cuando nos perdonamos?

 

Para que el perdón tenga vigencia, fuerza y eficacia en nosotros, el perdón tiene que ser auto-perdón. De manera que a la larga todo perdón es auto-perdón. Y cuando nos perdonamos el amor fluye libremente en y a través de todo nuestro ser. Y “cuando la justicia y el amor se encuentran en el centro del corazón, hay equilibrio, aplomo y rectitud.” (LPR p. 127)

 

Una manera práctica de comenzar a hacer del perdón una experiencia es comenzando a ser justos con los demás y procurar tratar a todos con equidad sin favoritismos; aunque pienses que algunos de ellos no se lo merezcan por las razones que sean.

 

Cuando procuras ser justo incondicionalmente estás en cierto sentido echando a un lado las ofensas de otras personas y permitiendo que el bien de Dios sea distribuido en forma equitativa para todos los concernidos.

 

Y verás y sentirás que debajo de tus justas decisiones está potencialmente el poder del amor de Dios  buscando expresión.

 

La justicia te llevará a la rectitud. Y cuando comienzas a ser recto comienzas a usar todos los atributos de Dios correctamente. Y ¿cuáles son esos atributos de Dios? El amor, la sabiduría, el orden, la voluntad, la fe y otros.

 

Otra manera práctica de hacer del perdón una experiencia en tu vida es adiestrándote en perdonar lo más rápidamente que puedas todo tipo de ofensas, vengan de donde vengan,  ignorando y restándole importancia a la ofensa lo más rápidamente que puedas, y continúa amando y actuando de buena fe.

 

Y esos que no toman ofensa por nada ni por nadie y han logrado liberarse de toda ansiedad, resentimiento, egoísmo, lujuria y toda otra forma de pensamiento y sentimiento contrario al Cristo, son los que han sido llamados de “limpio corazón,” (LPR p. 135 parafraseado)

 

”Bienaventurados los de limpio corazón porque verán a Dios.” 

 

Si eres una persona que te pones rabiosa por cualquier tontería tienes que hacerte un examen de consciencia. Tienes que empezar a observarte a ti misma y a evaluar cómo estás reaccionando a los estímulos del ambiente.

 

No permitas que esta condición gobierne tu vida y tus relaciones con las otras personas. Elimina toda condición física que pueda causarte enojo. Por ejemplo, si sientes que te enojas fácilmente cuando estás cansada, procura descansar; si te enojas porque tienes hambre come.

 

También busca diariamente identificar qué tipo de palabras o acciones de parte de otras personas te causan enojo.

 

Comienza a trabajar con esto liberando toda ansiedad, resentimiento, buscando diariamente en convertirte en uno más de los llamados de “limpio corazón.”

 

Y el primer paso que tienes que dar para esto es ir a meditación y al silencio y comenzar a perdonarte por haber pensado y/o actuado así. Haz justicia contigo mismo y deja de maltratarte con sentimientos de rabia y comienza a tratarte con amor. No sigas siendo intolerante, acéptate tal como eres y comienza a establecer una relación funcional y amorosa contigo mismo. Comienza a limpiar tu corazón. Aprende a superar tu pasado. Recuera, todo perdón es auto-perdón.

 

Pídele a Dios de todo corazón que te ayude a soltar todos aquellos hábitos, comportamientos y actitudes que tú mismo no eres capaz de soltar. Estas son cargas emocionales que no merecemos llevar porque no benefician a nadie y aprende a descansar en Dios.

 

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28)

 

¿Quieres ser sano?, pues limpia tu corazón; ¿quieres ser más feliz? Sé de limpio corazón; ¿quieres prosperar?, sé de limpio corazón en el trato con otras personas, estableciendo así relaciones importantes en el desenvolvimiento de tu prosperidad.

 

Ahora te pregunto, ¿en dónde estás situado en el continuum que ilustra el perdón como un concepto teórico en un extremo y en el otro como una práctica diaria? Lo más probable es que me digas en algún punto intermedio entre esos dos extremos.

 

Queridos amigos en esta línea la meta es estar en la extrema derecha todo el tiempo. Ese es llamado del Cristo. Hay que perdonar, perdonar, y perdonar.

 

Siempre debemos estar dispuestos a mantener nuestras relaciones, y que nadie pueda decir que no hemos intentado en buscar una reconciliación.

 

No siempre vamos a conseguir lo que queremos en nuestras relaciones humana. Pero lo importante es conseguir mantenernos siempre “de limpio corazón.”

 

Observa que el logro de esta meta no tiene que ver con nada ni nadie fuera de ti, y tiene todo que ver con todo lo que hay dentro de ti.

 

Esta es la meta, es la meta que nos permitirá hacer del perdón una práctica cotidiana que transformaré nuestra vida.

 

Dios les bendice porque sabiendo ya estas cosas las haces.

 

Meditemos…

 

Amén.

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