Soy Guiado por la Luz de Cristo

 

4 de enero del 2015

Centro de Cristianismo Práctico

Soy guiado por la luz de Cristo

 

“Cuando Jesús nació, en Belén de Judea,…, llegaron del oriente a Jerusalén unos sabios, preguntando: — ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo.” (Mateo 2:1,2) 

 

Este pasaje bíblico es una representación simbólica de una condición y una necesidad humana.  Alguna vez te has preguntado: ¿de dónde vengo y hacia dónde voy? O ¿quién soy yo realmente? Estas son preguntas trascendentales y en algún momento de tu existencia podrías haberte hecho estas preguntas.  Y tal vez no tuviste una respuesta a ellas. Pero como estudiantes de la Verdad que somos sabemos que venimos de Dios y vamos hacia Dios. Sabemos que somos seres espirituales teniendo una experiencia humana.

 

Y sabemos también que muchas personas viviendo su humanidad se han olvidado de su divinidad. Han estado viviendo en un país lejano que está representado por Oriente en este pasaje bíblico. Pero en el corazón del hombre hay un deseo, un deseo ardiente de encontrarse consigo mismo y de conocer quién es él realmente.  Los sabios de oriente emprendieron este viaje hacia Belén para rendir culto al niño Jesús.

 

El viaje de Oriente a Belén tuvo que haber tomado tal vez días o semanas o meses o años, no sabemos con exactitud. Lo que sí sabemos es que cuando llegaron los sabios de oriente el niño Jesús ya no estaba en un pesebre, sino que estaba en una casa.

Leemos en las Escrituras: “Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron.”( Mateo 2:11)

Y al igual que los sabios tú y yo debemos emprender ese viaje a nuestro interior.

 

Y este viaje que los sabios hicieron hasta dar con el niño Jesús es simbólico del viaje que todo ser humano deberá realizar hacia las profundidades de su propio ser. Es un peregrinar desde tierras lejanas hacia ese lugar llamado Belén que representa un centro de armonía y paz en nuestro interior.

 

Las Escrituras dicen que cuando los sabios llegaron a Jerusalén preguntaron: “— ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo.” (Mateo 2:1,2)

 

 El rey Herodes se pasmó al escuchar esta pregunta y convocó a los principales sacerdotes y escribas del pueblo para consultarles. Estos le contestaron: “—En Belén de Judea porque así fue escrito por el profeta” (Mateo 2:5)   

 

 “Entonces Herodes llamó en secreto a los sabios” y mintiéndoles los envió a Belén diciéndoles: “—Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño y cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo.” (Mateo 2:8)

 

En el camino hacia Belén los sabios fueron guiados por una estrella hasta que ésta “se detuvo sobre donde estaba el niño.” (Mateo 2:9)

Cuando el hombre comienza a interesarse por su naturaleza espiritual el ego (representado por Herodes) se turba y ve en el Cristo morador su adversario e intenta destruirlo.  Para que la mente de Cristo se desarrolle en cada uno de nosotros es necesario que vayamos cambiando nuestro enfoque dejando a un lado todo interés en lo humano como por ejemplo, el deseo de poder, para así poner toda nuestra atención del desarrollo de nuestras facultades espirituales.

 

El ego, representado por el rey Herodes, se resiste porque piensa que va a perder su supremacía y control. Intenta matar y destruir al niño Jesús que representa el renacer de Cristo en cada uno de nosotros.    Los sabios llegaron a una casa donde encontraron al niño Jesús con su madre. La sabiduría o el discernimiento espiritual nos hace reconocer la necesidad de recorrer el camino de oriente a Belén si deseamos adorar a la Presencia divina que mora en cada uno de nosotros.

 

La estrella es un cuerpo luminoso con luz propia. La estrella de Jesús es el Cristo de Jesús brillando con su propia luz guiando a los sabios hacia esa casa o morada de paz en nuestro interior.   “Entrar en la casa” representa entrar en un lugar sagrado en nuestro interior donde podemos estar y sentir el calor y la protección de nuestro Padre-Madre Dios; que en este relato está representado por “el niño (tú y yo) con María, su madre (representando el amor y la protección de Dios para cada uno de nosotros).

Así como la estrella de Jesús brillando con su propia luz guio a los sabios en su viaje para rendir culto al niño Jesús, la luz del Cristo que mora en ti te guiará todo el camino para que llegues a ese centro de paz ese santuario en tu interior y adores a la divinidad que vive corporalmente en ti.

 

Y es ahí donde en espíritu y en verdad adoramos al Cristo que mora en cada uno de nosotros. Y creemos que cuando verdaderamente lleguemos a la morada de Cristo sabremos quién realmente somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Nuevamente me pregunto cuánto tiempo dura el viaje, depende de ti.  No hay duda que el viaje a Belén fue uno significativo y transformador para los sabios de oriente. Cuando llegaron a Jerusalén preguntaron en dónde podía estar el rey de los judíos que había nacido, y “los principales sacerdotes y escribas del pueblo… respondieron: —En Belén de Judea, porque así fue escrito por el profeta.” (Mateo 2:4-6)

 

Cuando nos interesamos en comenzar nuestro peregrinaje a nuestro interior a veces tenemos que consultar a maestros espirituales (sacerdotes y escribas) para que nos señalen el camino que debemos tomar para llegar a nuestra morada de paz.

A medida que vamos avanzando en nuestro viaje a nuestro interior, la luz de Cristo nos guía hasta llegar a la ‘casa’ que es ese lugar sagrado donde estamos cara a cara con Cristo. Una vez ahí, podemos comulgar con Él en espíritu y en Verdad y ya no necesitamos la guía externa.

 

Luego de que los sabios compartieran sus regalos con el niño Jesús las escrituras dicen: “Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.” (Mateo 2:12)  Cuando nos unificamos y compartimos con nuestro Cristo morador, Él nos señala el camino a tomar; ya sea porque nos habla la intuición, o por revelación en sueños o por el método que sea.  En nuestras vidas hay periodos en donde no le encontramos sentido a la vida, tiempos en donde pensamos que estamos atrapados en un callejón sin salida.

 

Y estas son las grandes oportunidades que la vida nos ofrece para realizar un peregrinaje a nuestro interior para conocer quién realmente somos, de dónde venimos y a dónde vamos.  Y es en ese caminar que nos encontramos con nosotros mismos, cuando despertamos de la pesadilla que hemos estado viviendo y comenzamos a ver la vida desde una nueva perspectiva, desde una nueva dimensión más profunda y significativa.  Pero debemos hacer el viaje y el viaje toma tiempo. No importa cuán ocupado puedas estar en tu vida cotidiana si realmente deseas conocerte a ti mismo deberás dedicarle tiempo a la oración, a la meditación y al silencio.

No te estamos diciendo que esto es fácil, como tampoco fue fácil el viaje que realizaron los sabios de oriente para visitar al niño Jesús.

 

Todo lo que concierne al desarrollo de nuestra propia divinidad requiere esfuerzo y dedicación pero sobre todo una gran disposición.  Estoy seguro que todos los que estamos aquí deseamos un cuerpo hermoso y atlético. Pero no todos tenemos la disposición que se requiere para lograr obtener ese tipo de cuerpo; esto es, el tiempo, la dedicación, la disciplina y el esfuerzo necesario.  En este nuevo año que acaba de comenzar te ofrezco una sugerencia práctica que puede ayudar en tu desarrollo espiritual y personal. Y es la siguiente: Establécete una sola meta de carácter espiritual y una meta en lo personal. En cuanto a la parte espiritual se refiere puedes usar las doce facultades espirituales como referencia.

 

Por ejemplo puedes decir: Este año voy a trabajar con la fe. Y en cuanto a la meta de mejoramiento personal puedes decir: trabajaré para convertirme en una persona más positiva, buscando siempre el lado positivo de las cosas.  Y para lograr esto iré diariamente a la oración, pidiéndole a Dios que me ayude en este proceso, meditaré permitiendo ser guiado por la luz del Cristo que mora en mí y en el Silencio estaré receptivo a la instrucción de Dios.  

 

Mis mayores y mejores deseos para cada uno de ustedes es que este nuevo año sea uno de grandes bendiciones espirituales, de mucha salud y progreso en todas las fases de sus vidas.

 

Dios les bendice, hoy, mañana y siempre. Amén.